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¿Por qué los estancos se llaman así? | + Historia

Hacienda ha autorizado la apertura de más estancos en La Jonquera, para aprovechar la gran cantidad de franceses que van allí a comprar tabaco. Desde hace siglos, este negocio es una buena fuente de ingresos para el Estado.

Estanco del aeropuerto Girona-Costa Brava, en 1968 (Narcís Sans, Ayuntamiento de Girona).

Estanco del aeropuerto Girona-Costa Brava, en 1968 (Narcís Sans, Ayuntamiento de Girona).

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Hasta ahora teníamos turismo de aventura, de ferias y congresos, de borrachera... pero tenemos que añadir otro a la lista: el turismo de tabaco. O sea, lo que hace un montón de tiempo que practican los franceses cuando al cruzar la frontera, sobre todo por La Jonquera, compran cajas y cajas de cigarrillos casi a la mitad del precio que les costaría en su país.

Tal y como explicaba este periódico, para sacar un poco más de jugo a este lucrativo negocio, Hacienda autorizará la apertura de 10 nuevos estancos en la zona de La Jonquera y los Límits, ya que cuantos más cartones se vendan más dinero ingresará el Estado, gracias a los impuestos que gravan este producto. Y, precisamente por eso, el nombre de los establecimientos es tan peculiar.

Al igual que ya se hacía con otros productos, como la sal, en cuanto el tabaco desembarcó en Europa procedente de América, se aplicaron monopolios en los procesos de importación, producción, distribución y venta. Esto, en lenguaje de hace un montón de siglos, era llamado 'estancar', y esta es la razón por la que ahora tenemos un tipo de tiendas llamadas estancos.

Sin embargo, en la Edad Moderna, el sistema de impuestos no estaba unificado y el estanco de tabaco se aplicó a diferentes ritmos. Comenzó en Castilla y León, mientras que en la Corona de Aragón no se puso en marcha hasta la segunda mitad del siglo XVII y todavía no en todo el reino por igual. En Catalunya, por ejemplo, no se introdujo hasta que las cortes del Principado lo aceptaron durante la sesión celebrada entre 1701 y 1702.

El mecanismo era bastante sencillo: las autoridades licitaban la comercialización del tabaco y quien conseguía el negocio lo subarrendaba en partes más pequeñas, repartidas por las diferentes villas y ciudades. Sin embargo, como explica Albert Garcia Espuche, no todo el tabaco estaba estancado porque Barcelona había sido declarada puerto franco. O sea, que allí se podía comprar y vender libremente, cosa que interesaba mucho a las droguerías de la ciudad, que hacían sociedad con los mercaderes. Y como a la gente la afición por el tabaco les cogió fuerte, algunos de esos establecimientos que inicialmente vendían literalmente de todo (desde dulces hasta arsénico) terminaron por especializarse en aquel producto.

En aquella época, además de fumarse liado o con pipa, el tabaco también se podía aspirar. Es lo típico que se ve en las películas, donde los aristócratas esnifan y después estornudan. Este tipo de tabaco se llamaba 'rapé', que significa 'rayado' en francés, porque fue en tierras galas donde empezó su consumo.

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Entonces el tabaco ya movía mucho dinero y los comerciantes barceloneses intentaban sacarle el máximo provecho, controlando todo el proceso. Se tiene constancia de que en las inmediaciones de la ciudad, cerca de Sant Martí de Provençals, había cultivos de plantas de tabaco. También había muchos molinos especializados en molerlo para fabricar rapé. Según ha podido saber Garcia Espuche, los más importantes se encontraban cerca de la calle Fusina.

Una de las cosas más fascinantes que han puesto al descubierto las investigaciones y excavaciones del yacimiento del Born es que, antes de la destrucción borbónica de 1714, las droguerías de la ciudad estaban llenas de sofisticados productos de consumo. En el caso del tabaco esto puede apreciarse especialmente. Un barcelonés podía comprar más de cincuenta tipos diferentes, en función de si lo quería para liar, para la pipa (se llamaba tabaco de humo) o para aspirar. Y también según su procedencia, porque en los mostradores los ofrecían de todas partes. Al puerto llegaba tabaco de Brasil, Cuba, Damasco, Inglaterra, Sevilla, Alicante, Valencia... y además también se exportaba, porque el tabaco de Barcelona tenía fama internacional. Evidentemente, entonces nadie sabía el daño que causaba y su consumo era tan popular que incluso se fumaba en la iglesia durante los oficios.

Además, como se quería que el negocio funcionara, los había de diferentes calidades y por tanto con precios asequibles para todos los bolsillos. Vamos, como ocurre ahora con los franceses que cogen el coche para cruzar los Pirineos.


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Un monopolio duradero

El monopolio del tabaco duró hasta finales del siglo XX. A partir de 1887 se ocupó de ello la Compañía Arrendataria de Tabacos, que funcionó hasta 1945. Entonces, la dictadura franquista la sustituyó por la sociedad mercantil Tabacalera S.A. que, en cumplimiento de la normativa europea, fue privatizada en 1999. Ahora es parte de un grupo británico.

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