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El espacio público, vital para la salud de las mujeres tras la pandemia

En Barcelona, son escasos los proyectos pensados desde una perspectiva de urbanismo ecofeminista y centrados en crear espacios para el bienestar, la salud, y los cuidados. Un estudio reciente muestra que mantener o aumentar el uso de espacio público durante la pandemia se relaciona con un 50% de menor probabilidad de mala salud general y de mala salud mental.

Vista de una calle de la Barceloneta.

Vista de una calle de la Barceloneta. / Joan Cortadellas

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Isabelle Anguelovski
Isabelle Anguelovski

Experta en planificación urbana y ecología política del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals, Barcelona. Profesora de investigación ICREA i directora del Barcelona Lab for Urban Environmental Justice and Sustainability, BCNUEJ

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Que las ciudades no estén pensadas o diseñadas desde las necesidades de las mujeres y por las mujeres no es nada nuevo. En Barcelona, las transformaciones urbanas de las últimas décadas han sido lideradas por arquitectos como Jean Nouvel, Enric Miralles, Oriol Bohigas, o Ricard Bofill, entre otras figuras destacadas internacionalmente. Pocos proyectos de reconfiguración del espacio público han puesto a las mujeres al centro — sea como creadoras o como personas residentes — privilegiando entonces proyectos orientados al consumo, la producción y al marketing de la ciudad. Es decir, son escasos los proyectos pensados desde una perspectiva de urbanismo ecofeminista y centrados en crear espacios para el bienestar, la salud, y los cuidados. 

La pandemia ha provocado, visiblemente, impactos agudos a nivel social y en la salud, afectando particularmente a las mujeres por el aumento de trabajo de cuidados no remunerado. (Ministerio de Igualdad. Gobierno de España, 2020). Además, la pandemia nos forzó a tomar conciencia del valor de los barrios como lugares de proximidad y encuentro, y con la pandemia hemos incrementado el valor que damos a los entornos pacificados, y a los espacios verdes y públicos. Lo que menos se sabe, sin embargo, es cómo las mujeres han vivido las diferentes etapas de la pandemia a nivel de uso y percepción del espacio público y qué implicaciones tiene eso para el uso y percepción actual del espacio público. 

Según un reciente estudio liderado por el grupo de investigación BCNUEJ (parte del ICTA-UAB e IMIM), que realizó más de 900 cuestionarios y entrevistas complementarias en los barrios de La Barceloneta y Sant Antoni, entre junio de 2021 y enero de 2022, la frecuencia, tipo y opinión que las mujeres tienen de los espacios públicos han ido cambiando durante las distintas fases de la pandemia. Estos cambios han llevado a que estos espacios se valoren más actualmente y a que haya una mayor consciencia sobre el impacto de factores como el turismo en las limitaciones de su uso.

El estudio, liderado por la Dra. Margarita-Triguero Mas y la Dra. Helen Cole, muestra que la pandemia conllevó un empeoramiento de la salud general y mental de las mujeres en estos dos barrios. A la vez, un 65% delas personas participantes mantuvieron o aumentaron su uso de espacios públicos cercanos a su casa. Los espacios públicos, sobre todo aquellos con elementos naturales (la playa y el paseo marítimo en La Barceloneta y el Parc de Montjuïc para las residentes de Sant Antoni) se convirtieron en espacios de vital importancia para relajarse, distraerse e incluso reunirse con amigas y familiares durante, especialmente, los primeros meses de la pandemia. Por ejemplo, una de las entrevistadas del estudio comentó: “Ahora tengo aquí varias amigas viviendo en el centro, y nos quedamos siempre por abajo, sentadas en algún banco, o en estas sillas que pusieron y demás”.

Además, según los datos del estudio, mantener o aumentar el uso de espacio público durante la pandemia se relaciona con un 50% de menor probabilidad de mala salud general y de mala salud mental. Como lo relata una vecina de Sant Antoni, “el uso del espacio público .. me ha ayudado un montón como a encontrar un poco de estabilidad”.

Las vecinas de Sant Antoni y La Barceloneta han dibujado una relación entre espacios públicos y salud llena de matices. Por un lado, las restricciones de movilidad iniciales del 2020 fueron altamente dañinas para las personas con problemas crónicos que solían caminar para mejorar su calidad de vida. Por otro lado, los primeros meses de pandemia permitieron que en zonas con elevado turismo, como La Barceloneta, se recuperaran espacios públicos para el uso de las vecinas del barrio, aunque a la vez hubo un incremento de la inseguridad. Por otro lado, con el relajamiento de las restricciones, se produjeron aglomeraciones en determinados espacios públicos, lo cual causó que sobre todo las personas mayores dejaran de usar estos espacios. Tal y como una vecina de La Barceloneta declaró: “La playa se saturó de gente y entonces tenía que andar con mucho cuidado y perdí la playa. Porque estaba tan lleno de gente que no me atrevía a ir […] hubo un momento en que se puso de moda bajar a la playa y el paseo y tal y cual, a mí me desplazó”. Además, con la vuelta del turismo, las vecinas reportaron un aumento de los problemas de ansiedad y sueño, especialmente en La Barceloneta.

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Por último, La Barceloneta y Sant Antoni se han revalorizado, por sus servicios de proximidad, entornos pacificados y espacios públicos — elementos que con la pandemia hemos necesitado más que nunca. A la vez, en ambos barrios se ha visto un incremento de situación extremas de pérdida de vivienda y, consecuentemente, un aumento de las personas sintecho viviendo en espacios públicos.

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En general, las mujeres piden la protección y el mantenimiento de espacios públicos de encuentro, de cuidados, de bienestar, espacios que priorizan sus necesidades y ponen en valor el espacio público como espacio de proximidad y de salud para mujeres en Barcelona. La pandemia debe servir para recuperar de manera más permanente y segura el espacio público urbano y rediseñar estos espacios de una manera más inclusiva y transformadora y construyendo una ciudad que pueda ser realmente saludable, ecofeminista, y justa.


También firman este artículo Margarita Triguero Mas, Helen Cole y Hanne Carla Bisjak.