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La protesta de no pagar el billete de tren: del Batec a la batuta

A raíz del movimiento que anima a no pagar el billete de Rodalies, surge la reflexión sobre la necesidad de pagar impuestos. Nos han acostumbrado a que las administraciones se pueden endeudar hasta el infinito y, si no dan un servicio, es porque no quieren. La economía pública se ha ido distanciando de la real.

Un grupo de jóvenes pasan sin pagar en la estación de Arc de Triomf de Barcelona para denunciar la grave situación que vive Renfe.

Un grupo de jóvenes pasan sin pagar en la estación de Arc de Triomf de Barcelona para denunciar la grave situación que vive Renfe. / ACN / BATEC

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Joan Vila
Joan Vila

Ingeniero industrial y empresario.

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Estos días hemos aprendido que hay un nuevo movimiento denominado Batec que hace un llamamiento masivo para dejar de pagar los billetes de tren. El movimiento empezó el día 11 de mayo en la estación de Arc de Triomf y bloquea con cinta los tornos de acceso al tren para hacer posible que la gente entre sin pagar. La protesta es por el mal servicio de Rodalies de Renfe, dejando patente que Catalunya paga una cantidad enorme que no retorna en forma de inversiones y servicios. Este déficit fiscal, estructural, es de 20.000 millones, constituye un auténtico expolio enquistado e imposibilita que la sociedad catalana evolucione hacia un futuro moderno.

El movimiento se define como resultado del 1-O, a favor de conseguir la independencia “para cambiarlo todo”, dicen. El movimiento procede de varias grupos de cultura popular, de 'caus', con muchos integrantes que participan de sindicatos de vivienda. La protesta por un servicio que no se merece el precio que cobra está bien, como también podrían haber decidido cortar las vías, precintar la estación, hacer manifestaciones ante las autoridades responsables u otras formas. Pero se eligió la forma de no pagar, y a mí me hizo sospechar inmediatamente del movimiento ocupa. La frase del movimiento “para cambiarlo todo” explica mi sospecha que explican en un manifiesto.

Cambiarlo todo quiere decir cambiar el régimen, no solo el monárquico español, sino que también quiere decir la economía: dejar de tener una economía capitalista por otra que ellos denominan democrática. Nadie ha definido con claridad qué quiere decir todo esto. ¿La nueva economía tendrá que ser planificada? ¿Una economía sin leyes de mercado? ¿Un nuevo paraíso de jauja, donde no se paga nada y se vive del aire? Este objetivo poco a poco ha ido penetrando en el subconsciente de una parte de la sociedad catalana, propiciando entre otros fenómenos que haya colectivos de jóvenes que viven en viviendas ocupadas, sin necesitar trabajar y viviendo como pueden. El movimiento no es nuevo, puesto que en los años 80 ya apareció con los neorrurales. La novela 'La casa de foc', de Francesc Serés, explica un ejemplo de esta forma de vivir.

En los mismos años 80 recuerdo un rescate en la montaña en Monars, en la Alta Garrotxa, al pie del Comanegra. Allí vivía una pareja en que él era ruso y lo encontramos abajo de un risco. Mientras hacíamos el rescate con helicóptero ella nos dijo: “Suerte que pagamos impuestos que sirven para esto”. No creo que ella haya pagado nunca ningún impuesto, pensé. Aquellos movimientos de jóvenes que decidían ir a vivir en la naturaleza, con lo poco que eran capaces de generar, no dejaban de parecerme tremendamente curiosos por el hecho de que su modo de vida era casi asceta, vivían de lo que recogían en unos huertos mal llevados y de cuatro cosas que se les podía ocurrir, como por ejemplo hacer cucharas de boj.

Estos colectivos pueden ser asumibles por la economía porque son pocos y su coste no se nota ante la ineficiencia del sistema económico, muy superior al gasto que puedan significar. Pero, cuando el colectivo ya no es de cuatro, se establece en la metrópoli y empieza a integrar una cantidad importante de jóvenes, el problema puede convertirse en irresoluble. Vivir de los servicios que pagan los otros sin tener que necesitarlo, solo por estilo de vida elegido, es una forma de parasitismo, y como tal se tiene que tratar. Hace tiempo que en muchos debates saco a relucir el hecho de que la gente se cree que el dinero sale del surco de un huerto, como si alguien lo hubiera plantado. Desde hace muchos años se ha extendido la idea de que si la administración pública no hace más cosas por los ciudadanos es porque no quiere. Cuando mi hijo era pequeño y quería que le compráramos algo y le decíamos que no llevábamos dinero, decía “ve al cajero que te darán”. Cada vez hemos ido más lejos con esta percepción, haciendo mofa de la meritocracia, perdiendo del todo el valor del trabajo y olvidando mi frase favorita, 'No pain no gain' (sin esfuerzo no hay resultados). Con todos estos decenios hemos ido perdiendo un montón de valores, como el trabajo, el voluntariado, la solidaridad, la responsabilidad social… y habrá que recuperarlos.

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Me ha interesado siempre saber la razón por la que la gente ha llegado a la conclusión de que se puede vivir de la ayuda del Estado, como si no viera que, si no se trabaja y no se cobra, no se puede comprar y pagar cosas y servicios. La solución del asceta, de no necesitar casi nada es una posibilidad, pero entonces que no se pidan servicios de educación, sanidad y atención social. No, me parece que a raíz de reflexionar con el movimiento Batec se me ha ocurrido el origen de todo esto. Durante muchos años nos han acostumbrado a que las administraciones se pueden endeudar hasta el infinito y, si no dan un servicio es porque no quieren endeudarse más. La economía pública se ha ido distanciando de la real y ha introducido el concepto de que el dinero no es tangible, que es una entelequia, un invento que se puede hacer de más y de menos. Entonces, ¿por qué tenemos que esforzarnos si se puede fabricar más dinero? Papa, ve al cajero…

Recientemente fui a la presentación de la Orquesta de la Universitat de Girona, formada por alumnas y personal universitario. Agrupar estudiantes para hacer música, deporte, teatro, grupos de lectura y otras actividades es el camino contrario al de la contemplación. La nueva economía no será la de darle a la máquina de billetes hasta que todo reviente, la nueva economía será la que sabrá resolver el ocio local, la que trabajará para mejorar la eficiencia y para encontrar la forma de vivir con nuestros recursos más próximos. Trabajo y frugalidad. Esto requiere llevar a los jóvenes a ser responsables, solidarios, bregados en el trabajo duro y a encontrar caminos donde se puedan realizar plenamente. Por eso la presentación de la orquesta me entusiasmó, vi que el camino es posible y los felicito de todo corazón. Del Batec a la batuta.