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Lo siento, no me creo a la madre protagonista de 'La asistenta'

Basada en hechos reales, la serie apuesta por la maternidad mística de una joven que, a pesar de sufrir una vida miserable, jamás tiene un gesto feo con su hija, un ser que irradia luz y que la salva

Fotograma de la serie ’La asistenta’

Fotograma de la serie ’La asistenta’ / Netflix

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Olga Pereda
Olga Pereda

Periodista

Especialista en educación y crianza.

Escribe desde Madrid

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Vives en un refugio para maltratadas. Después, en un apartamento para gente sin hogar inundado por el moho. Trabajas limpiando casas y el sueldo no te llega ni para comprar comida. Tienes tanta hambre que un día te desmayas. El padre de tu hija es un cabrón alcohólico. Tu madre, a la que llevas cuidando desde que tienes seis años, sufre un trastorno mental. Estás en un pozo y el agua te ha sobrepasado el cuello. Física y psicológicamente. Pero tú eres inmensamente feliz con tu hija, de tres años. Jamás tienes un gesto feo con ella. Ni un grito, ni un llanto en su presencia. Ni un “déjame en paz”. No te arrepientes de haberla tenido ni un solo segundo al día. En absoluto fábulas con cómo de fácil sería tu existencia sin ella. “¿Te gusta eso de ser madre?”, te pregunta una ejecutiva que no tiene hijos y quiere tenerlos con todas sus fuerzas. Tú, extrañada por la pregunta, la miras con estupor y respondes: “Vivo por ella”.

Si has visto 'La asistenta' (Netflix) ya sabes de quién estoy hablando: Alex, la protagonista. La serie está basada en 'Criada' (Capitán Swing), el libro autobiográfico en el que la autora estadounidense Stephanie Land plasmó su problemática vida. Crecida en un hogar de clase media que atravesó severas dificultades financieras, a los 28 años se quedó embarazada y se frustraron sus planes para ir a la universidad y convertirse en escritora. Para sacar adelante a su hija (ella sola porque el padre de la cría era un indeseable del que era mejor huir), trabajó limpiando casas. El dinero que conseguía con tanto esfuerzo no le llegaba ni para comprar comida. Era una trabajadora, sí. Pero pobre. Cortesía del capitalismo salvaje. Podía ir al supermercado solo gracias a los cupones de los servicios sociales. Dueña de una voluntad titánica, no solo consiguió sobrevivir y criar a su hija sino que, además, se terminó licenciando en la universidad. Hoy es una autora independiente cuyos textos sobre pobreza y políticas sociales son publicados en los medios de comunicación más prestigiosos de EEUU.

En la serie, Margaret Qualley da vida a Stephanie Land. La actriz es hija de Andie MacDowell, que interpreta, precisamente, a la madre de la protagonista. Todos los capítulos son buenos. Y duros. Alex tiene una vida miserable. Un novio cretino y alcohólico. Un maltratador de los que no te pegan puñetazos físicos pero sí emocionales (igual de graves). Una madre con problemas de salud mental. Un padre reconvertido al catolicismo con un pasado violento. Un curro espantoso.

Alex no tiene casa donde vivir. Ni dinero. Pero tiene a Maddy, su hija, un ser que irradia luz y que le hace inmensamente feliz. Tanto que, a pesar de la miseria, a pesar del dolor, a pesar del hambre, a pesar de dormir en un coche, a pesar de no tener fuerzas físicas ni mentales para levantarse del sofá, es capaz de sonreír a su hija y llevársela a pisar charcos. Alex jamás tiene un mal gesto con su pequeña. No la pillamos nunca en ningún renuncio. Solo en el amor más puro e inocente que existe. Es una imagen bella. Pero ¿real?

La maternidad (cualquier maternidad) es dura. La falta de tiempo o de dinero o de ambas cosas y la responsabilidad extrema de saber que un ser depende de ti hasta para respirar ahoga a muchas madres. Es lo normal. Pero no se cuenta. Al menos, no se cuenta tanto como el mantra de la maternidad divina, la felicidad absoluta, la entrega total hacia tu hijo.

En la serie, hay una madre superada, pero no es la impecable protagonista

En la serie, hay una madre superada, pero no es la impecable protagonista. Es otra. Una ejecutiva adinerada que ‘no sabe ser madre’. Llora y se pone nerviosa con el bebé. Es consciente de que ese crío la ha convertido en otra persona. Y reniega de ello. Alex, sin embargo, sí sabe ser madre. A pesar de que fue un embarazo inesperado, jamás se planteó abortar. ¿Abortar ella, la madre mística e impoluta? Nunca.

Alex es una madre maravillosa y satisfecha que vive para su hija. Maddy nunca le cansa, nunca le ataca los nervios, solo le aporta sonrisas. Cierto es que la niña, a pesar de su corta edad, jamás protesta, ni tiene una rabieta, ni pide ropa o comida. Da igual que vaya a la guardería o no. Da igual que duerma en una cama o en un coche. Da igual que vea a su abuela trastornada. Maddy siempre está bien y contenta. ¿Es una niña real o una muñeca?

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'La asistenta' es un golpe en el estómago, un interesantísimo retrato del sueño americano y de la sociedad actual, despiadada y bárbara. Pero sería mucho más creíble si la protagonista fuera una madre de carne y hueso, de esas que miran a sus hijos y piensan: qué harta estoy hoy de ti. Aunque sea durante un segundo.

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