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Historia del abandono de la salud mental

La pandemia ha dejado al descubierto la fragilidad de la salud mental de nuestra sociedad. Los expertos reclaman que se preste atención a una cuestión que históricamente ha sido un tabú. Por suerte parece que esto está cambiando.

Con ’Casa de locos’, Goya retrata el trato que recibían los alienados hace dos siglos.

Con ’Casa de locos’, Goya retrata el trato que recibían los alienados hace dos siglos.

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Puede parecer una contradicción pero que se hable tanto de salud mental es una noticia excelente. Quiere decir que es un tema de interés para la sociedad. Es un cambio radical en la historia de Occidente al menos en los dos últimos siglos, quizá más. La evolución de esta rama sanitaria no puede desligarse del contexto político, económico y social de cada época. Ni tampoco de las diferencias entre países.

Durante el siglo XIX muchos estados iniciaron su proceso de consolidación y la administración pública fue ganando espacios antes reservados a otro tipo de instituciones de carácter privado. Por ejemplo, lo relacionado con la asistencia sanitaria y social estaba controlado por organizaciones religiosas. También la atención a los enfermos mentales, que entonces eran llamados alienados.

A principios del 1800 se confiaba en la posible rehabilitación de estos enfermos pero con el paso de las décadas ganó puntos la idea de que eran irrecuperables y que, como mucho, se les podía recluir en centros -a menudo aislados en áreas rurales- para apartarlos de la sociedad. No fue hasta después de la Primera Guerra Mundial cuando, gracias a la aparición de nuevas disciplinas como el psicoanálisis, comenzó una incipiente revisión de la manera como se atendía a aquellas personas.

En España el camino fue un poco diferente. Inicialmente estaba al mismo nivel que otros países ya que, en 1822, se aprobó una ley de beneficencia donde se preveía la asistencia de los alienados. Claro que entonces se estaba en pleno Trienio Liberal y sus dirigentes intentaban modernizar el país. Un año más tarde, sin embargo, Fernando VII perpetró un golpe absolutista y se vivieron diez años tan nefastos que se conocen como la Década Ominosa. Como explica el profesor emérito de la Universidad Rovira i Virgili, Josep M. Comelles, especialista en el estudio de la asistencia psiquiátrica en España, solo los gobiernos progresistas llevaron a cabo iniciativas para mejorar la atención de los alienados. Pero esto solo fueron un puñado de años entre 1834 y 1840; 1854 y 1856; y durante el Sexenio Democrático (1868-1874). Y además fueron periodos tan breves que solo ponían parches a una situación nefasta. El Estado no tenía dinero para invertir en el ámbito asistencial e iban a cargo de las instituciones religiosas, muy beligerantes con cualquier aproximación científica al tratamiento de los enfermos.

Ahora bien, en determinadas zonas periféricas el tejido industrial había permitido el desarrollo de una burguesía con recursos económicos y consciente de que no podía contar con el apoyo del Estado. Por eso aparecieron iniciativas privadas. En Catalunya se puede citar, entre otros, el manicomio Nueva Belén (Barcelona), dirigido por el doctor Joan Giné Partagás.

En 1914 las provincias catalanas lograron permiso de Madrid para poder trabajar de manera coordinada y crearon la Mancomunidad, que desplegó una política modernizadora extraordinaria en muchos campos, también en la asistencia mental. Diseñó un sistema de atención territorial liderada por profesionales de la salud. Aquella experiencia sirvió de base para la Segunda República, que fue la primera vez que España se tomó en serio la cuestión.

Desgraciadamente cuando tras la Guerra Civil se impuso la dictadura, el franquismo volvió a la situación anterior. Perseguidos y depurados los profesionales de la época republicana, la Iglesia retomó el control de los centros, apoyados por unos psiquiatras franquistas que tenían como referente a sus colegas de la Alemania nazi. Además, prácticamente no se invirtió en ese sector sanitario.

A finales de los 60 y principios de los 70, la situación fue cambiando muy lentamente y a pesar de la Transición aún tocó esperar unos años para empezar a transformar el sector. En 1986 se aprobó la ley de sanidad, donde se afirmaba que la salud mental tenía que ser considerada en el mismo rango que las otras especialidades.

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En 2021 todavía no se ha conseguido del todo. Ojalá las secuelas mentales de la pandemia sirvan para que, por fin, la administración pública se lo tome en serio de una vez por todas.

Estigmatización

Hasta no hace tantos años socialmente no había ningún tipo de respeto por los enfermos mentales. "Si está loco que lo encierren" era una de las expresiones del lenguaje popular que aún resuenan. El lugar era el manicomio, nombre con el que se conocían los centros de salud mental. Ahora este término despectivo, formado por las palabras griegas 'manía' (locura) y 'komein' (cuidar), ha pasado a la historia.