Entender + la pandemia

La delicada salud mental del ciudadano covid

Las restricciones derivadas de la pandemia han empeorado la situación de las personas con trastornos mentales y llevado a los servicios especializados a otras que no tenían cuadros previos. La OMS advierte de que el aumento de la depresión y la ansiedad pondrá en entredicho la productividad en los años venideros

Imagen alegórica de una persona enferma de depresión.

Imagen alegórica de una persona enferma de depresión. / Tytryrt (Archivo)

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El ciudadano covid es un ser mermado. No puede quedar con los amigos. No puede ir a visitar a su madre que vive en el pueblo vecino. No puede celebrar las navidades, no como antes. No puede besar, no puede abrazar, no puede estrechar la mano. No puede ni mostrar al mundo que de vez en cuando sonríe, porque lleva mascarilla. Si su padre enferma de coronavirus no puede visitarlo en la uci, y no puede estar a su lado para escuchar sus últimas palabras. No puede enterrarlo como es debido. El ciudadano covid es un ser reprimido. Un ser maltratado. La pandemia ha cambiado el mundo y ha cambiado su mundo. Eso tiene consecuencias.

Un problema grave

Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado con ocasión del Día Mundial de la Salud Mental, el 10 de octubre, alertaba sobre la “perturbación” o “paralización” de los servicios de salud mental en el 93% de los países del mundo por culpa de la pandemia. “El duelo, el aislamiento, la pérdida de ingresos y el miedo están generando o agravando los problemas de salud mental”, avisaba la organización, que consignaba un aumento colectivo del consumo de alcohol y drogas y de los problemas de derivados como el insomnio o la ansiedad. También llamaba la atención sobre el hecho de que los programas de salud mental habían interrumpido la atención “cuando más se los necesitaba”, e instaba a los gobiernos a invertir más en este rubro. Dado que muchos de esos gobiernos entienden mejor cuando les hablan en términos de productividad, la OMS subrayaba que trastornos como la depresión y la ansiedad podían ponerla en entredicho en los años venideros.

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Cristian Vinagre es psicólogo de la Federació Salut Mental Catalunya, y responsable técnico del programa Activa’t per la salut mental en el Baix Llobregat, el Garraf y l’Anoia. Su trabajo lo pone en contacto directo con la ciudadanía, de modo que su experiencia tiene los atributos de un termómetro. Uno que mide la salud mental. Vinagre habla de un “malestar emocional generalizado” como una de las consecuencias más palpables de las restricciones sociales impuestas por la pandemia; esa larga lista de cosas que no se pueden hacer. “Ansiedad, tristeza, apatía, mal humor, nerviosismo, aburrimiento, malestar físico”, enumera. “Son emociones naturales dada la situación, pero debemos hacer un esfuerzo por adaptarnos”.

Estrategias de adaptación

Adaptarse, pero cómo. “Principalmente el autocuidado”, dice el psicólogo. “Por ejemplo, es importante tener una estructura en el día a día, una rutina que a ti te vaya bien para evitar el estrés que genera estar en casa tanto tiempo. Mantener unos hábitos adecuados, cuidar la higiene, mantener las responsabilidades que uno pueda tener. Si se vive en familia, tener espacios de intimidad”. Vinagre recomienda no exponerse permanentemente a la información sobre el virus, pero también, escoger con cuidado las fuentes informativas. Sobre todo, no pensar todo el tiempo en ello. “Comunicarse, tanto a nivel de núcleo familiar como hacia afuera. Tener actividad física, bien sea en la casa o fuera de ella. Y salir a la calle, respetando la normativa, claro, pero que nos dé el aire, la luz. Son cosas que están al alcance de todos”.

Ciudadanos vulnerables

Más allá de eso, hay colectivos especialmente vulnerables, bien personas que entraron en la pandemia arrastrando problemas de salud mental previos, bien las personas hospitalizadas, las personas mayores, las que se encuentran en situación de aislamiento o las afectadas directamente por la crisis económica. Según un informe de la federación, “el aislamiento y la falta de soporte social presencial y continuado” ha implicado “un retroceso” en el proceso de recuperación de las personas que ya tenían un diagnóstico previo de trastorno mental, y “un empeoramiento de su situación clínica”. Una de cada cuatro personas con trastornos ya diagnosticados atendidas a través de programas de la federación tienen dificultades de acceso o no tienen en absoluto acceso a internet. Su aislamiento tiene visos de tragedia.

Acabar con tu vida

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“Hemos detectado un aumento de las pulsiones suicidas”, advierte el psicólogo Vinagre. Dice que ocurre más que todo en personas que han tenido que enfrentarse a la pérdida súbita de un ser querido, o en aquellas sometidas a un estrés vinculado a la crisis económica o a la pérdida del empleo. “Pero hemos detectado muchos casos de personas sin problemas previos, muy afectados por toda esta situación, que abrigan sentimientos de desesperanza muy intensos que eventualmente las llevan a pensar en acabar con su propia vida”. “Recientes estudios muestran un aumento del estrés, la ansiedad y la depresión”, advertía a finales del 2020 la Organización Panamericana de la Salud. “Esto, sumado a la violencia, los desórdenes por el consumo de alcohol, el abuso de sustancias y los sentimientos de pérdida son factores importantes que pueden aumentar el riesgo de que las personas decidan quitarse la vida”.

“Cada vez hay más personas que están buscando ayuda”, sentencia Vinagre. Algún día se podrá prescindir de las mascarillas, pero esto quedará.

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