Entender + el activismo creativo

La sombra que acecha al 'artivismo'

La publicación de un libro de Antoni Gutiérrez-Rubí sobre la regeneración del lenguaje político a través del ‘artivismo’ (esa mezcla no del todo definida entre arte y activismo) suscita interrogantes sobre la legitimidad de que la política se apropie de una herramienta concebida en gran medida, justamente, contra la política

Roc Blackblock ultima su mural de denuncia de la monarquía en Barcelona, un ejemplo reciente de ’artivismo’.

Roc Blackblock ultima su mural de denuncia de la monarquía en Barcelona, un ejemplo reciente de ’artivismo’. / Manu Mitru (Manu Mitru)

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Hubo un movimiento famoso en el mundo del arte urbano que tomó las calles de Nueva York en los años 90. Se llamaba ‘culture jamming’. En síntesis, los artistas de la calle se dedicaron a intervenir la publicidad de las grandes marcas, a modificar logotipos famosos y a jugar de este modo con los significados originales, pervirtiéndolos y proponiendo nuevos. Fueron años de sabotaje sarcástico que interpelaron al público y lo hicieron pensar. Por supuesto, llevaba implícita una crítica a la sociedad de consumo y al consumismo, y había algo de guerrillero en su desafío a lo establecido. Al final, sin embargo, las corporaciones afectadas vieron un filón y empezaron a contratar a ‘culture jammers’ para que intervinieran en sus anuncios. Se habían dado cuenta de que la publicidad intervenida llamaba a tanto o más público que la original.

Un concepto ambiguo

El ‘artivismo’ podría ser objeto de una apropiación similar. Nacido a la par que este siglo, este encuentro entre el arte y el activismo cuyas fronteras son ambiguas y porosas alude a la reivindicación por medio del arte, al activismo creativo, a la acción social artística o al arte comprometido con la transformación social, según el interlocutor y el contexto, y ya ha dado lugar a varias aproximaciones bibliográficas como ‘Artivism’ (Carpet Bombing Culture, 2018), el libro en que los catalanes Arcadi y Daniela Poch intentaron dar forma a un concepto que se caracteriza, precisamente, por su resistencia a la formalización. En el prólogo, él escribía que no sabía exactamente qué era el 'artivismo'. Se trataba de averiguarlo, o intentarlo, a través del libro.

Ejemplos de 'artivismo'

El libro de los Poch era profuso en cuanto a ejemplos de 'artivismo' en el arte urbano. Alexandre Orion, The Yes Men, Ralph Ziman, Mark Jenkins... incluyendo una considerable cantidad de nombres de la escena local barcelonesa: Roc Blackbloc, Ada Vilaró, Jorge Rodríguez Gerada, Francisco de Pájaro o Pejac. Pero 'artivismo', que es un concepto amplio, también puede servir para definir aquella performance feminista originada en Chile y devenida en fenómeno mundial (“¡el violador eres tú!”), o las performances que llevan a cabo algunos artistas en medio de protestas y manifestaciones. El 'artivismo', en principio, está vinculado a la calle, al espacio público, pero hay artistas de galería que se reivindican como 'artivistas'. Según la página de Wikipedia, una de las obras precursoras del 'artivismo' fue el ‘Guernica’, de Picasso.

Lenguaje caduco

El consejero y asesor de comunicación política Antoni Gutiérrez-Rubí acaba de publicar ‘ARTivismo. El poder de los lenguajes artísticos para la comunicación política y el activismo’ (Editorial UOC), un libro en el que reflexiona sobre el deterioro de la política y de su lenguaje, y en el que se pregunta si en el 'artivismo' no está la clave para la renovación de ese lenguaje, y por extensión, de la propia política. “La publicidad ha sido el lenguaje dominante en la comunicación política, y este lenguaje tan vertical, tan unidireccional, que deja a los electores como simples espectadores, es hoy en día un lenguaje insuficiente para movilizar”. “La renovación de la política siempre está aparejada a la renovación del lenguaje –añade–. O, al menos, la renovación de los lenguajes acaba generando renovaciones políticas”.

 'Artivismo' y política

Según Gutiérrez-Rubí, “el lenguaje artístico tiene una capacidad de crear conciencia y de fomentar la movilización de una eficacia muy superior a la de cualquier otro lenguaje”. “El 'artivismo' –explica–, protagonizado por los movimientos sociales y por una ciudadanía con causas muy descentralizadas, es un terreno para explorar desde la política formal y de partidos como un elemento de movilización”. A nadie se le escapa la paradoja de una política que emplea una herramienta desarrollada en gran medida para denunciar, justamente, a la política. El autor, sin embargo, dice que solo sería “ridículo” en caso de que la política empleara ese nuevo lenguaje “como impostura”, pero que, por lo demás, es una ambición legítima.

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La paradoja

No piensa igual el autor de ‘Artivism’, y comisario de arte urbano, Arcadi Poch: “El territorio del arte o del 'artivismo' debe estar despojado de ideas políticas concretas”, dice. “Para ser efectivo en la lucha contra cualquier causa, en primer lugar debe poder moverse de forma libre, disruptiva y auténtica ante cualquier programa electoral o expectativa de voto. Nunca responderá a esas variables”. “Muchachito –agrega– decía que "las banderas de mi barrio son las sábanas colgás"... Desde mi punto de vista esas son las únicas banderas del buen 'artivismo', el que no está diseñado en un salón de juntas”. En caso de que el 'artivismo' acabe, efectivamente, formando parte del lenguaje político (“la política está viendo que hay una energía, una creatividad y un talento en las intervenciones 'artivistas' que la comunicación publicitaria tradicional no tiene, ya tienen esa consciencia”, dice Gutiérrez-Rubí), es probable que ocurra lo que anticipa Poch: “El día que los políticos usen el 'artivismo' para conseguir sus objetivos electorales, no me cabe duda que serán los propios 'artivistas' quienes encontrarán maniobras, probablemente políticas, para definir nuevas semánticas”. Se llamarán de otra manera, quién sabe.