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Agustín Valcárcel, dueño de El Racó de Torribera: "Seguimos abiertos por nuestras familias"

Al bar del Complejo Deportivo Torribera, en Santa Coloma, la pandemia le ha llegado en su primer año de actividad

Agustín Valcárcel, en el Racó de Torribera, en Santa Coloma de Gramenet.

Agustín Valcárcel, en el Racó de Torribera, en Santa Coloma de Gramenet. / JOAN CORTADELLAS

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Ya a los 16 años, cuando pasaba los veranos en el Complejo Deportivo Torribera de Santa Coloma de Gramenet, primero como alumno y luego como monitor, Agustín Valcárcel (Barcelona, 1992) intuyó que el bar del recinto, El Racó de Torribera, era "un diamante en bruto". Se formó en restauración, ahorró, presentó una oferta, se quedó el local, le hizo un lavado de cara -producto de proximidad, comida casera y mediterránea- y él y su socio, Uri, abrieron en abril del 2019. A punto de cumplir su primer año de actividad, llegó una pandemia mundial.

-¿Por qué han decidido permanecer abiertos?

-Porque detrás tenemos a dos familias que nos han ayudado económicamente; si no fuera por ellas, hubiéramos tenido que cerrar. A mi socio le digo: "Si lo llego a saber, me espero un par de años a abrir". Es impensable que en el primer año podamos estar cuatro meses sin facturar. Esperamos que estas restricciones duren solo estas dos semanas. Porque así quizás aguantaríamos un mes, no más: estamos destrozados. 

-¿Cómo han transformado el negocio?

-Hemos pasado a hacer únicamente encargos para recoger y a domicilio previa reserva, con una prioridad: preservar la calidad. Con poca carta, producto fresco y comidas con reposo, como paellas, fideuàs o pastas.

-¿Cómo calculan el producto ante este escenario?

-Al haber sido tan repentino, nos íbamos a comer mucho producto, de ahí las reservas con un día de antelación: eso me permite avisar con previsión a mis proveedores, que son gente sencilla de Santa Coloma y eso lo pone fácil.

-¿Han tenido que invertir en la nueva fórmula?

-Sobre todo en el material para las entregas: paelleras para un emplatado bonito, cubiertos de bambú, cajas de embalaje... porque para los repartos usamos nuestros propios vehículos.

-¿Cómo ha afectado a la clientela?

-Nos ha bajado muchísimo, claro, sobre todo nuestro cliente tipo, que son papás jóvenes que vienen para que los críos correteen por nuestra amplia terraza. Por suerte, mantenemos a los socios del complejo deportivo y los universitarios del Campus de Alimentación de la UB, que en vez de consumir en el local nos encargan para llevar. Pero las noches de tapeo, que son nuestro fuerte, están muertas.

-¿Han tenido que activar ertes o despidos?

-No como tal, pero sí tuvimos que reducir el personal en relación al verano pasado, algo que todos entendieron. Ahora somos cinco, dos cocineros y tres camareros, y hemos bajado de 40 a unas 20-30 horas semanales.

-¿Qué respuesta de la Administración esperan?

-Estamos agradecidos a las ayudas que están sacando, pero creo que deberían tener más en cuenta los gastos fijos: alquileres y facturas de internet o electricidad. Si no entra dinero, es difícil mantenernos con esos gastos, sobre todo cuando no estamos usando los servicios.

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-¿Qué tipo de ayuda les satisfaría?

-Si fuera egoísta, diría que un 50% de la reducción de todos los gastos, pero, para que nadie pierda dinero, tampoco mi arrendador, creo que la prórroga del pago de los gastos es lo más justo.