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GENTE CORRIENTE

Eva Villaver: "La evolución de la vida en la Tierra está marcada por la Luna"

Doctora en Astrofísica y especialista en la muerte de estrellas, acaba de publicar 'Las mil caras de la Luna', donde disecciona nuestro satélite de manera rigurosa y entretenida

Olga Pereda

Eva Villaver, doctora en Astrofísica y autora de ’Las mil caras de la Luna’, durante la entrevista con EL PERIÓDICO.

Eva Villaver, doctora en Astrofísica y autora de ’Las mil caras de la Luna’, durante la entrevista con EL PERIÓDICO. / DAVID CASTRO

Eva Villaver es una persona curiosa. Lo es desde pequeña, cuando se preguntaba constantemente por el funcionamiento de las cosas. Al cabo de los años, se dio cuenta de que había dos vías para obtener respuestas: la filosofía y la física. Optó por la segunda. Doctora en Astrofísica y especialista en la muerte de estrellas, Villaver ha trabajado para la NASA y para la Agencia Espacial Europea. Profesora en la Universidad Autónoma, acaba de publicar su primer (y fascinante) libro, 'Las mil caras de la Luna' (Harper Collins), donde disecciona nuestro satélite de forma tan rigurosa como entretenida.

La Luna y la Tierra son “una pareja de baile sincronizada”. Pero nuestro satélite se aleja cada año tres centímetros. ¿Qué va a pasar?
La sincronización, precisamente, provoca ese alejamiento. Ese juego de fuerzas gravitatorias hace que la Luna se vaya alejando. Se va a distanciar tanto que la velocidad de rotación de nuestro planeta también se modificará. Es influencia mutua. Pero tengamos en cuenta otro tiempo importante para la Tierra: la evolución del Sol. Y eso sí que es un periodo de tiempo más corto. Además, estamos en trayectoria de colisión con una galaxia cercana que se llama Andrómeda.

No nos asuste. ¿Se va a acabar el universo?
¿Qué es acabar? En ciencia todo es transformación. No hay fin porque una cosa se transforma en otra. Lo que sí se va a acabar es la estructura del sistema solar tal y como está ahora. A nuestro sistema solar le queda un tiempo de vida porque el sol agotará su combustible.

No lo veremos nosotros. Ni los hijos de nuestros hijos, ¿verdad?
Faltan miles de millones de años todavía. Podemos estar tranquilos.

Su sobrino afirma que la Luna está más cerca que Murcia porque la Luna se ve y Murcia no.
Los críos que se plantean cosas cosas tremendas. Niños y niñas de cinco años te preguntan cosas nada obvias. Por ejemplo, cómo se ha formado la Luna. Más fácil es contestar que por qué brilla.

La Luna llena, de noche, es 14.000 veces más brillante que Venus. ¿Por qué brilla tanto?
Porque es un espejo que refleja la luz del Sol. La Luna no tiene luz propia.

La Luna es luz en la oscuridad. Eso es algo que siempre ha fascinado al ser humano.
Es una de las cosas que hace que nos fascine. También que es el único cuerpo celeste del que vemos su superficie. Tiene un movimiento que al principio era difícil de entender. Y tiene fases.

Los estudios científicos han demostrado que la Luna no tiene poder para causar desórdenes mentales. Pero en 1995 se realizó una encuesta entre personal sanitario y el 85% afirmaba que la gente actúa de forma extraña en Luna llena. También desmonta en el libro el mito de que los lobos aúllan a la Luna.
Cuando el ser humano tiene una creencia sobre algo todo lo que vemos confirma esa creencia. Pero la ciencia está para dar datos. Nos aporta estructura mental, una manera de enfrentarte a la realidad de las cosas, no creerte todo lo  que te cuentan. Y no me refiero solo a la ciencia, sino al día a día: lo que ves en el telediario o lo que te cuentan por la calle. La ciencia contribuye a que no te engañen, a que tengas visión crítica de la realidad. Pero hay un problema: la cultura está valorada, a la gente le da vergüenza reconocer que no sabe quién es un escritor o escritora conocida. Pero no tiene problema en reconocer su ignorancia científica. Deberíamos empezar a cambiar eso. Vivimos en sociedades tecnológicas. La ciencia es lo que mueve la sociedad. Si no sabemos las cosas básicas estamos a merced de cualquier vendedor de crecepelo.

Es bastante emocionante descubrir, gracias a su libro, que cada día penetran en la atmósfera cinco toneladas de material extraterrestre. Por suerte, son solo granos de arena.
Es que no estamos aislados. Estamos en una galaxia que se mueve y que interactúa.

De los 400 kilos de material lunar que se trajo la tripulación del Apolo 11 había una roca antigua de la Tierra. Aquello supuso un antes y un después.
Antes de eso no sabíamos de qué estaba hecha la Luna. Solo sabíamos su densidad. Al hacer análisis del material se comprobó que la Tierra y la Luna tienen idéntica composición química. A partir de ahí se desarrolló la teoría de que un cuerpo grande, del tamaño de Marte, chocó con la Tierra (“la prototierra”). El impacto provocó que, gracias al material arrancado a ambos cuerpos, se formara un disco alrededor de la Tierra. A partir de ese disco se formó la Luna.

La huella física de Neil Armstrong sigue ahí. ¿No se borrará nunca?
No se borra con nada. En la Luna no hay atmósfera. No hay erosión por viento ni agua líquida. Las marcas que dejaron los astronautas permanecerán visibles en la superficie lunar durante cientos de miles de años. Eso sí que es dejar huella.

A la Luna le debemos muchas cosas. “Nos ayudó a salir del mar”, afirma en el libro. ¿Le debemos la vida a la Luna?
La vida no. Pero la evolución de la vida en la Tierra sí que está marcada por la Luna. Entre la Tierra y la Luna hay una atracción gravitatoria que mueve las grandes masas de agua, pero esa fuerza también la ejerce el Sol. Este hecho provocó que las marismas y bahías se llenaran de agua y se quedaran vacías. Había peces que se quedaron atrapados en esas pozas. Cuando esas pozas se quedaron sin oxígeno debido al impacto de hojas, cortezas y esporas, solo fueron capaces de salir de allí los peces que podían sostener peso en sus aletas delanteras. Sus aletas podían soportar peso porque la Luna los había dejado atrapados en pozas. Nuestros brazos descienden de esas aletas creadas, en cierta forma, por la Luna.