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Gente corriente

Michael Kirkegaard: "Los protagonistas de esta obra son los 947 alcaldes"

Un artista de origen danés condensa sus 15 años de vida en Catalunya en una instalación que reúne botes con tierra procedente de todos los municipios.

Gemma Tramullas

Michael Kirkegaard, con los botes de tierra de su instalación en Manresa.

Michael Kirkegaard, con los botes de tierra de su instalación en Manresa. / MARC VILA

El pasado mes de febrero, 947 paquetes que contenían una carta, un bote de vidrio y una etiqueta salieron con destino a todos los ayuntamientos catalanes. Se invitaba a alcaldes y alcaldesas a rellenar el bote con tierra de su municipio, etiquetarlo y mandarlo de vuelta a Manresa. El Centre Cultural el Casino de la capital del Bages expone hasta el 23 de junio los botes recibidos, una biblioteca-archivo de la tierra diversa de Catalunya que lleva la firma del artista danés Michael Kirkegaard.

Se llama casi igual que el filósofo danés del siglo XIX: Soren Kierkegaard. ¿Alguna relación?

No, más allá de que los dos somos de la zona de Copenhaguen, en mi caso de Amager, un barrio humilde de la capital.

¿Y qué hace en el corazón de Catalunya?

Soy escultor de formación y siempre he vivido en lugares que me funcionan a nivel vital y creativo. En los años 70 estaba en Londres y San Francisco y en 2005 vine aquí, coincidiendo con un proyecto que preparaba sobre la declaración de los derechos humanos. Vivo en el campo, entre Manresa y Montserrat, porque tenía caballos y necesitaba espacio.

Su trabajo está muy vinculado a la tierra.

La tierra para mí es un símbolo de fertilidad y vida. “Debemos engancharnos a la tierra, hay que escuchar el grito de la tierra”, decía Miró. Cuando llegué aquí no tenía ni idea de esta tierra, no hablaba castellano, no sabía que existía el catalán y no entendía el conflicto Catalunya-España. Estaba totalmente confuso. Me sentía, si me permite, como una mujer bajo un burka, sin identidad.

¿Y ya tiene las cosas más claras?

No estoy seguro. Pero soy una persona muy curiosa, no me gusta vivir en un gueto de extranjeros y me encanta investigar la textura de mi nuevo país, mi nueva tierra. Catalunya es mi casa y por fin me siento preparado para presentar este proyecto, que para mí es emocional.

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¿Pidió usted personalmente a los 947 alcaldes que le enviaran tierra de su municipio?

No, es imposible hacer un proyecto de esta magnitud como artista particular, tenía que ser algo más oficial. He tenido un apoyo enorme del Casino y la carta a los alcaldes iba firmada por el alcalde de Manresa.

¿Contestaron todos?

Contestaron 600, que es un montón.

¿Recibió el bote del ayuntamiento de Barcelona?

No. Entiendo que el sistema de comunicación en los ayuntamientos grandes es más complejo, pero las puertas siguen abiertas. Los botes están ordenados por orden alfabético en unos estantes que están hechos a medida para que quepan los 947. Es como Catalunya y para mí los protagonistas de esta obra son los 947 alcaldes y alcaldesas.

La instalación se titula Enyorança. Catalunya avui, pero la palabra enyorança está tachada.  

La idea es de 2005 pero entonces no me sentía seguro para opinar; ahora sí. El cuadro La masia de Miró o el poema L’Emigrant de Verdaguer son símbolos de identidad catalana, pero esta nostalgia del pasado para mí ya no existe. Cada minuto es cambio, hay que mirar hacia adelante y buscar soluciones juntos a través del diálogo. Por eso he tachado enyorança y he puesto el subtítulo Fertilitat en mode d’espera.

Los botes están dentro de una reproducción de una barraca de viña, una construcción tradicional.

El pasado protege el nacimiento de lo nuevo, esta fertilidad en modo de espera. Sin barraca, a la intemperie, no nacería absolutamente nada.