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Xavier Omella: "Tengo en la cabeza unos 500 automóviles"

Marc Vila

Xavier Omella: "Tengo en la cabeza unos 500 automóviles"

Núria Navarro

Xavier Omella (Barcelona, 1985) es vendedor de cupones de la ONCE, pero sabe más de coches que el profesor Locovitch. Apenas puede verlos, pero los analiza, compara su calidad-precio, almacena sus prestaciones. Por eso ha recibido una invitación para participar en el Automobile Barcelona, el 'dreamworld' de los amantes del motor, que el próximo sábado abre su edición del centenario. 

–¿Es ciego?
–Tengo un 10% de visión. Es como si usted llevara gafas, alguien le pusiera un 'gomet' en el centro de cada vidrio y se movieran a la vez que los ojos. Puedo identificar cosas grandes y moverme por espacios que no sean complicados.

–¿Cuál es la causa?
–A los 6 años veía con dificultad la pizarra. Fue el primer síntoma de la enfermedad de Stargardt, una degeneració macular que se va agravando hasta que el ojo culmina su desarrollo. Hasta los 18 años pude leer en fotocopias ampliadas y con la ayuda de una lupa, y en la universidad –estudié Geografía– conté con materiales de audio facilitados por la ONCE.

–No puede conducir.
–No.

–Choca que le apasionen los coches. Es como si un diabético se aficionara a la repostería.
–Buena comparación.

–¿Qué percibe cuando tiene un auto delante?
–La silueta, la forma de las ventanas y los faros, el tipo de maletero. En el Automobile, me acerco y, si puedo, subo al asiento del piloto para analizar la ergonomía y la disposición del volante y de los botones, y pruebo las plazas del copiloto y las traseras.

–¿Se fija en los sonidos?
–Ahora apenas los emiten. A mí me hace gracia el sonido agudo de los motores bicilíndricos del 'Citroën 2CV', del 'Dyane 6', incluso de alguna versión del 'Visa' y del 'LNA'. También el del 'Porsche 911', que conserva la esencia del primer modelo que salió en 1964.

–¿Los olfatea también?
–Me encanta el olor de coche nuevo. Y aunque está mal decirlo, el de la gasolina quemada de los coches clásicos. 

–¿De dónde le viene la afición?
–Mis padres me recuerdan que ya a los 2 años, cuando veía por la calle un 'Seat 131 L' –el que teníamos–, lo señalaba y decía: "Nostu papa". A los 4 hice, junto a mi padre, un álbum de cromos de coches. Y leí un manual de taller, que aún conservo, hasta arrugarlo. Gracias a las revistas, internet, los programas de televisión y los canales de YouTube sobre pruebas de coches, accedí a montañas de información.

–Que ha almacenado en su memoria...
–Tengo las características de unos 500 coches en la cabeza. Incluso participé en un concurso de RAC1 que consistía en aguantar el mayor tiempo posible hablando sobre un tema: solté la historia reciente de la automoción en España durante tres horas.

–¿Qué modelos encabezan su ‘hit parade’?
–Entre los clásicos, siempre me ha fascinado el 'Citroën Mehari', con su carrocería de fibra de vidrio que empezó a fabricarse a finales de los 60. Aunque, por practicidad, elegiría el 'Renault 11', que es el coche que tenía mi abuelo. Entre los nuevos, el 'Fiat 500', pero también el 'Peugeot Rifter' y el 'Citroën Berlingo'.

–¿Y cuál le definiría a usted?
–El 'Suzuki Jimny', un pequeño todoterreno que no destaca por la velocidad pero que cuando lo ves, llama la atención.

–¿El futuro coche sin conductor le alienta?
–Me haría gracia tener uno que me llevara a los sitios, pero preferiría que se descubriera un sistema para poder conducirlos.