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David Vivancos: "Era de Kárpov cuando todo el mundo era de Kaspárov"

Jugador miembro desde hace más de tres décadas del Club d'Escacs Sant Martí, acaba de publicar su tercer libro de cuentos... de ajedrez

Mauricio Bernal

David Vivancos: "Era de Kárpov cuando todo el mundo era de Kaspárov"

JOAN CORTADELLAS

Si David Vivancos (Barcelona, 1970) tiene respuestas rápidas, de las que no se piensan, a preguntas como cuál es la mejor novela de ajedrez ("'Novela de ajedrez', de Stefan Zweig") o el mejor cuento de ajedrez ("'La cuestión de la dama en el Max Lange', de Abelardo Castillo”) es porque ese tipo de preguntas apuntan al corazón de la cosa, por decirlo de algún modo, o para decirlo claramente, porque el ajedrez y la literatura son dos pasiones que se entrecruzan en su vida. Jugador federado miembro del Club d’Escacs Sant Martí desde hace más de tres décadas, a Vivancos el ajedrez le resulta literariamente inspirador y acaba de publicar su tercer libro de cuentos de ajedrez: 'Veinticuatro miniaturas rusas' (Caballito de acero).

-Si todo tiene un comienzo, cuénteme: ¿dónde empezaron usted y el ajedrez?

-Recuerdo que jugaba con mi abuelo. Con mi padre también, pero sobre todo con mi abuelo. Mis abuelos vivían en Sant Cugat, y cuando íbamos a verlos él sacaba el tablero antes o después de comer y nos poníamos a jugar.

-¿Y si le pregunto por el siguiente capítulo?

-Bueno, a los 14 o 15 años me apunté al club de ajedrez de Sant Martí. Acabé federándome y en los años 87 y 88 me clasifiqué para las finales del juvenil de Catalunya. Digamos que se volvió un poquito más serio.

-¿Y la literatura? ¿Cuándo empezó a escribir?

-Mucho después… Sobre el año 2000, más o menos. Me gustaba escribir, pero no había escrito mucho hasta entonces. En aquella época gestionaba la web del club y pensé que estaría bien tener una sección de cuentos, y aparte de buscar material para ponerlo allí, me puse yo mismo a escribir.

-Acabó publicando. ¿Recuerda cuál fue el primer cuento que publicó y de qué trataba?

-Claro. El primer cuento que publiqué en papel se llama ‘El vejete’, apareció en una antología publicada en Argentina titulada ‘Ficciones en los 64 cuadros’ y trataba sobre un vejete que tenía unas gafas prodigiosas que le permitían ver las mejores jugadas.

-Ya que hablamos de eso, ¿qué tipo de jugador es? ¿Suele ver las mejores jugadas?

-Yo lo paso bien tratando de valorar correctamente la posición: tengo esta posición, cómo le puedo sacar partido. Me gusta el reto intelectual, descubrir por dónde se puede atacar al otro. Por eso me gustaba más Kárpov que Kaspárov.

-Eso creo que era ir a contracorriente, ¿no?

-Sí, a mí me gusta llevar un poco la contraria. Por eso no soy del Barça ni del Madrid, sino del Atlético. Bueno… Un pelín más del Júpiter que del Atleti, lo admito. El caso es que a todo el mundo le gustaba Kaspárov, el joven irrespetuoso, el de la perestroika, pero a mí me gustaba Karpov, el hombre gris, el hombre del aparato, porque era cauto y le gustaba aprovechar los errores del otro. Me gusta esa manera de jugar.

-Volviendo a la literatura, es su tercer libro de cuentos de ajedrez, ¿no? Sí que lo inspira.

-Es curioso, porque cuando publiqué el primero, donde había 30 cuentos, pensé: "Ya no se me puede ocurrir nada más". Pero luego publiqué otro de 30, y ahora este de 25. Son matemáticas: un tablero de ajedrez tiene 64 casillas, hay 32 piezas. No da para más.

-Tengo entendido que otra de sus debilidades es el microrrelato.

-Sin duda. Me gustó el género y probé a escribir. Creo que tuvo que ver con que en una época pensaba que más que un buen escritor de cuentos era un buen escritor de comienzos de cuentos. Me ha servido para conocer a mucha gente interesante. El escritor de microrrelatos suele ser buena persona.

-Para terminar, si le preguntara cuál es la segunda mejor novela de ajedrez que ha leído, ¿qué me diría?

-Le diría que 'La defensa', de Nabokov. Y si aún me preguntara por una tercera le diría que 'La tabla de Flandes', de Pérez-Reverte.