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Jaime Albo: "Si hay que morir, que sea contento"

Juan Camilo Moreno

Jaime Albo: "Si hay que morir, que sea contento"

El dueño de la Sala Apolo y El Rincón del Artista cultiva la alegría como si fuera una orquídea en el Paral.lel

Núria Navarro

Hay muchos nostálgicos del viejo Paral.lel, pero pocos hacen maniobras de reanimación. Al menos no con tantas ganas como Jaime Albo (Barcelona, 1943), el dueño de la fosforescente Sala Apolo y El Rincón del Artista, el restaurante adonde abreva la farándula. Es extravagante Albo –lleva corbatas con Merche Mar o Beethoven estampados–, y tiene una filosofía que orbita alrededor de la alegría.

–¿Siempre le gustó el artisteo?
–Cuando tenía 10 años iba al Cine América, donde echaban dos películas, No-Do y variedades. A mí se me quedaron grabadas aquellas variedades, con Mary Santpere, Antonio Amaya... Mi negocio son las máquinas de millón, los futbolines y las tragaperras, pero siempre quise rodearme de artistas.

–¿Le venía de serie la afición?
–No. Mis padres, de origen alemán y turco, eran muy ricos hasta que vino la guerra y el dinero no les valió. Yo nací pobre. Empecé de hojalatero. A los 10 años reparaba cazuelas en un portal y repartía carbón, piso a piso.

–Empezó por abajo.
–Vivía con 100 pesetas a la semana y comía estofado y pan en la calle de Carretes. Más tarde, en los 60 y 70, vendí televisores, cafeteras y lo que hiciera falta. Ahorré las comisiones y compré una máquina de millón, luego tragaperras... Las instalé en las calles de Robadors, Les Tàpies y Sant Oleguer.

"Mi gran maestro fue un perro, Toby, que sabía bajar las defensas de la gente haciéndose el simpático"

–¿A la prosperidad, por el ingenio?
–A base de relaciones. Mis principios son "la unión hace la fuerza" y "la fe mueve montañas".

–Con eso no basta, don Jaime.
–La gente es como un niño pequeño. Le das caramelos y viene. Mi secreto es regalar, lo que sea. Siembras y recoges, siembras y recoges. Mi gran maestro fue un perro, Toby. Vivía siempre en la calle pero, como un reloj, aparecía por el taller de máquinas de millón a la hora de dormir. Bajaba las defensas de la gente haciéndose el simpático.

–¿Así encandila a los artistas?
–La gente llama a la gente. Yo hacía el dinero en las atracciones Apolo, pero la sala, pese a tener una orquesta de señoritas y estar en el Paral.lel, no iba bien? Creé los 'miércoles golfos' e invité a todo el mundo. Rudy Ventura, Rumba Tres, Ramon Calduch, José Guardiola... La Sala Apolo aún está a reventar.

Sala Apolo, hoy. / xevi torrent

–¿Se le ve por allí?
–Yo soy más de grandes orquestas. Luego, en el 98, cogí El Rincón del Artista y lo mismo. No entraba nadie. Fui a ver al pianista Manolo Carrasco, que sacaba en un espectáculo dos caballos de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, y le propuse adornar el local con cuadros de los caballos. Después, lo mismo con José Luis Moreno, que traía zarcuela. Y con la ayuda de Toni Rovira, fui invitando a muchos artistas. Una mano lava a la otra, y las dos lavan la cara. Así es como se crea un ejercito de amigos y se triunfa.

"A Manolo Escobar le regalé un carro –de Lladró– y canté con él 'El Porompompero'. ¡Fue mágico!"

–Veo fotos con Montserrat Caballé, Concha Velasco, Isabel Pantoja, Manolo Escobar, Andreu Buenafuente...
–Han pasado tantos y tantos actores. Tal vez el mejor recuerdo es haber estado con Peret. Le monté una fiesta en los 'miércoles golfos'. Invité a toda la familia y le regalé una guitarra al nieto. ¡Era la hostia! También Escobar vino un montón de veces al Rincón del Artista y al Danzarama, que tuve durante 18 años. Le regalé un carro grande de Lladró y canté con él 'El porompompero'. ¡Fue mágico!

Paredes forradas de fotos en El Rincón del Artista. /Álvaro monge.

–¿Solo entran famosos en su círculo?
–No. Muchos no lo son pero cantan corridos, zarzuelas y óperas mejor que los originales. Ahora se me ha metido en la cabeza rescatar canciones de Carmen Morell y Pepe Blanco y, con ese fin, monto comidas en el Español. Me gusta todo lo que destila alegría. Va bien para el cuerpo. La música y la risa combaten la depresión, que conocí cuando no tenía un duro.

–Canta y sé feliz, que decía Pere Pubill.
–Mi obsesión es cómo disfrutar de la vida. Si hay que morir, al menos que sea contento.