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GENTE CORRIENTE

Niurka Mena: «¡Mi hijo ha sido una completa bendición!»

Tras emigrar de Cuba, dio a luz a un crío con síndrome de Down que le ha cambiado la vida radicalmente

Manuel Arenas

Niurka Mena, madre de un niño con síndrome de Down.

Niurka Mena, madre de un niño con síndrome de Down. / JUAN CAMILO MORENO

Ésta es la historia de cómo una mujer, Niurka Mena (Sagua la Grande, Cuba, 1973), llegó a Barcelona desde Cuba el año 2006, se quedó embarazada, quiso hacerse la amniocentesis pero se la negaron porque "todo estaba bien", dio a luz a un crío con síndrome de Down sin apenas saber qué era eso, lo crio sola y, en diez años, pasó de preguntarse 'por qué a mí' a agradecer a la criatura el hacerla sentir viva.

-¿Por qué se fue de Cuba?

-Por trabajo. Al principio no quería venir. El padre de mi hijo, al que conocí en Cuba y que es catalán, medió para conseguirme un trabajo de asistenta del hogar en Sant Cugat. Al año de venir me quedé embarazada.

-¿Y siguió con el padre?

-Nos separamos a los 5 meses del embarazo. Aunque él estuvo pendiente de ciertas cosas, yo me sentí muy sola.

-¿Cómo fue el embarazo?

-Al pedir la amniocentesis, pues es algo rutinario en Cuba, la matrona me dijo que no hacía falta porque todo estaba bien. Al nacer, tras la cesárea y la incubadora, me dijeron que el crío tenía síndrome de Down.

-¿Cómo se tomó la noticia?

-Se me cayó el mundo encima. No entendía nada, estaba sola y apenas sabía lo que era el síndrome de Down: en Cuba, la gente lo esconde mucho; yo jamás había tenido a una persona así cerca. No paraba de preguntarme: '¿por qué a mí?'.

-Le impactó.

-Sí: estuve 3-4 años con mucha depresión y estrés, cosas que tampoco conocía porque en Cuba no se viven. Ahora bien, cuando la doctora me estaba explicando... yo le dije: "Mire. Yo no sé cómo lo voy a criar, pero lo único que sé es que amor no le va a faltar al niño".

-Qué bonito.

-Mis amigos incluso me dijeron que demandara a la matrona que no me hizo la amniocentesis, pero yo pensé: "¿Qué voy a ganar yo si mi hijo va a seguir igual?". No lo hice pero sí la fui a ver, y, cuando se lo expliqué, la señora se puso a llorar y me pidió perdón.

-Vaya escena.

-Sí, y te digo más: a día de hoy, hasta le doy las gracias a la matrona por no hacerme la amniocentesis. Porque si me hubiera dicho que el niño tenía síndrome de Down... no lo sé, pero con la falta de información que tenía, creo que no lo hubiera tenido. Así que le doy las gracias, porque cuando tuve esa cosita en mis manos... era incapaz de separarme de ella.

-¿Cuándo salió de la depresión?

-Hubo un momento concreto: cuando fuimos al Hospital Sant Joan de Déu para operar al niño de la manita, pues había nacido con un dedito de más. Allí vi tantas enfermedades y madres que nunca habían podido llevarse a sus hijos a casa... que mi forma de pensar empezó a cambiar.

-Lógico, supongo.

-Salí del hospital que ufff... como nueva y diciendo lo mismo que digo hoy: ¡Mi hijo Jordi ha sido una completa bendición! ¡No lo cambiaría por ningún otro niño del mundo!

-Ahora tiene 10 años, ¿no?

-¡Sí! Es un niño más que especial por su forma de llegar a las personas; tiene un toque de sentimiento diferente. Es una bendición que me ha mandado la vida para no estar sola, para sentirme con vida aquí. Siempre me han encantado los niños, pero esto me marcó tanto que me quedé con ganas de tener más.

-¿Qué planes tiene con él?

-Yo trabajo de asistenta del hogar en una casa y haciendo sustituciones cuidando a los jesuitas del Centre Borja de Sant Cugat, trabajo que disfruto y que también me ha cambiado la vida. Yo me he encerrado en mi hijo y él en mí; él siempre está ahí, incluso para secarme las lágrimas.