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Gente Corriente

Carlos Font: «Dijimos: 'Si no acogemos nosotros ¿quién lo hará?'»

Él, su esposa y sus hijos fueron la primera familia que acogió a un refugiado en casa con Refugees Welcome

Carme Escales

Carles Font, voluntario de Refugees Welcome.

Carles Font, voluntario de Refugees Welcome. / MARTÍ FRADERA

Viendo las imágenes de familias huyendo de Siria en televisión –según Acnur hay cinco millones de refugiados sirios que necesitan ayuda–, Carlos Font y su pareja, Maria Miralbell, padres de dos niños de 3 y un año, imaginaron la crueldad de aquel destino. Lo recordaron en el camino de Santiago de Lourdes a Pau, empujando los cochecitos de sus hijos. Leer los libros de Julia Navarro 'Dime quién soy' y 'Dispara, yo ya estoy muerto', los conectaron aún más con quien se ve obligado a migrar. Y quisieron hacer algo.

¿Tenían idea de cómo hacerlo?

No, pero lo teníamos claro. Solo pensando "¿y si nos pasara a nosotros?" la mirada hacia esa realidad ya cambia, quién sabe si algún día tendremos que emigrar también. Nosotros ahora tenemos trabajo, una casa grande y en el piso superior, una habitación y un baño libres. Cuando Barcelona ofreció darse de alta para dar apoyo o acoger, dijimos: "Si no acogemos nosotros, ¿quién lo hará?".

Se apuntaron a la lista.

Sí, y pasó un año y nadie contactó con nosotros, pero una tarde sonó el teléfono. Era una persona de Refugees Welcome, me preguntó si aún estábamos interesados en acoger y dije que sí.

¿Lo tenían igual de claro los dos?

Sí. Ella es la cuarta de cinco hermanos y yo el tercero de cuatro. Siempre vimos quedarse a gente en casa, amigos nuestros o de nuestros hermanos, el espíritu de que venga quien sea lo vivimos desde niños. Y ahora nos gusta que nuestros hijos crezcan con la idea de que nuestra casa es para compartirla. Como dice la canción de Jaume Sisa: 'Casa meva és casa vostra si és que hi ha cases d’algú'. Fue la canción de nuestro vídeo de boda.

¿Quién llegó esta vez a su casa?

Tareq, un joven palestino de 26 años. Venía de Madrid, donde ya había estado con una familia de acogida. Pero un primo en Barcelona le ofreció trabajo en un restaurante a través de un señor palestino que tiene varios establecimientos. Así que Tareq llegó ya con trabajo. Llegaba a casa a las cinco de la mañana porque salía a las tres del restaurante y tenía que coger dos NitBus.

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¿Cuál es la historia de Tareq?

Él ya era refugiado en su país. Su ciudad había sido ocupada por los israelís, vivía en un campo de refugiados. Perdió a tres primos y fue herido. No imaginó tener una familia allí y quiso cambiar de vida. Compró un billete de avión a Venezuela pero en Madrid donde hizo escala bajó del avión y fue en busca de ayuda al refugiado en una asociación donde lo acogieron 6 meses y le encontraron una familia de acogida. Trabajó de camarero y aprendió un poco de español.

¿Encontraban tiempo para conversar?

Sí. Recuerdo un día que conversamos sobre Dios. Él es musulmán y yo cristiano, poco practicantes pero creyentes. Desde el islam y el cristianismo me parecía estar hablando del mismo Dios. Estuvo de mayo del pasado año a marzo de este, cuando se casó. Ha sido una buena experiencia también para nuestros hijos. Lo mejor de un niño es que no discrimina, ni por raza, ni color, solo con una sonrisa y el juego está bien. Y Tareq había pedido una familia con niños. Él es el mayor de seis hermanos. En Refugees Welcome mira que encajen las dos partes.

¿Qué siente que les ha dejado él?

Su sencillez nos ha enriquecido, acostumbrados a tanto materialismo, él con muy poco nos ha dado mucho, preparando una cena, siempre hacía algo para agradecer.

¿Y ustedes a él qué cree que le han dado?

Un espacio en familia. Todo el mundo merece una buena acogida y hospitalidad. Sabemos que los gobiernos podrían hacer mucho más, pero nosotros que podíamos acogerlo, ¿por qué no hacerlo? Por el trabajo yo viajo a menudo, mucho tiempo no podía compartir, pero Refugees Welcome dispone de un vínculo local, una persona que media entre familia, asociación y la persona acogida. Y me alegro porque Tareq ha podido conocer a Maria, una mujer trabajadora, emprendedora y madre. Para mentalidades de otras culturas intercambios así también ayudan a abrir la mente.

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