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Gente Corriente

Rosa Serra: "A los cuáqueros los metían en prisión por ser honrados"

Un testimonio único sobre la esencia de los cuáqueros y su papel en Catalunya durante la guerra civil

Gemma Tramullas

Rosa Serra: "A los cuáqueros los metían en prisión por ser honrados"

ANNA MAS TALENS

Es el último testimonio que queda en Catalunya de la auténtica experiencia cuáquera. Rosa Serra Sala (Granollers, 1956) investigó la actuación de la Sociedad Religiosa de los Amigos durante la guerra civil y la plasmó en una tesis doctoral que dio lugar al libro Entre dos focs (a la venta en en las librerías La Memòria y Claret de Barcelona). Tras dedicarse a la docencia y a la formación de extranjeros, ahora coordina las Aules Universitàries en Granollers y escribe poesía.

–El ideólogo de la influyente serie Black Mirror, que plantea dilemas tecno-éticos, es hijo de cuáqueros, aunque se declara ateo. No lo sabía. Las hijas de Obama también fueron a una escuela cuáquera. Dentro de los grupos protestantes pacifistas, los cuáqueros son una religión de la atención. Piensan mucho y ante una situación se hacen preguntas difíciles: "¿Por qué pasa esto?". Entonces deliberan y toman una decisión unánime para ir a ayudar a donde haga falta.

–Pues que vengan aquí. Tenemos unos cuantos conflictos abiertos. Nancy, una amiga cuáquera, me decía que se trata de hablar, aceptar la parte de razón que tiene el otro y avanzar juntos. 

–¡Qué fácil parece dicho así! No lo es. A los cuáqueros los metían en prisión por ser honrados. Ellos generaron la banca ética, liberaban a los esclavos en Estados Unidos y en Inglaterra se negaban a quitarse el sombrero ante el rey, porque todos somos iguales ante Dios.

–Y no tienen iglesias. Ni sacerdotes, ni congregaciones, ni sacramentos... Se guían por la atención, la coherencia, la bondad y el amor incondicional. Actualmente, los hay que hacen de escudos humanos en lugares como Palestina. 

–¡Pare, o voy a pedir el ingreso! [ríe] Y todo eso lo hacen sin darse publicidad. Son discretos, estructurados e inteligentes en su manera de ayudar.

–Su papel en la guerra civil se conoce poco. Cuáqueros americanos e ingleses se instalaron en Barcelona porque Catalunya era un lugar de llegada de refugiados y evacuados. Fletaron barcos cargados con harina, leche y otros productos, pero antes preguntaron al ayuntamiento si aceptaban su ayuda.

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–¿Pedían permiso para ayudar? Sí, cosa que indica una ética profunda. También acordaron con las autoridades distribuir la ayuda equitativamente a través de las escuelas. El invierno de 1938 fue muy frío y el pan hecho con la harina de los cuáqueros contribuyó a salvarlo.  

–Usted habló con testimonios que recibieron esa ayuda cuando eran  niños. Quería llegar a la esencia y saber qué sentían. Ninguno tuvo la sensación de ser menos, sino que se sintieron dignos y bien tratados. Nunca vieron a los cuáqueros, que se mantuvieron en el anonimato.

–¿Se quedaron después de la guerra? No. Estaban muy mal vistos por ser protestantes y extranjeros. Mi investigación para la tesis se alargó 16 años y conocí a cuáqueros que vinieron años después a dar clases. Participé en sus encuentros en Barcelona y en Montblanc, pero ya no queda nadie.

–¿Cómo es un encuentro cuáquero? Se ponen en círculo y permanecen durante una hora en silencio profundo, un silencio interior. Es impactante notar el silencio por dentro. El silencio y el tiempo permiten captar la esencia de las cosas.

–¿Pensó en hacerse cuáquera? Los cuáqueros me han cambiado la vida. Yo soy católica, pero íntimamente siento que me he hecho cuáquera. Cuando tienes una mirada creativa y creadora sobre la propia vida, tú decides lo que quieres ser y creo, con toda la humildad del mundo, que me he hecho cuáquera porque es lo que me da paz en este caos en el que vivimos.