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GENTE CORRIENTE

Glòria Cantarell: «La eutanasia pasiva no existe»

Usa su experiencia como médica de curas paliativas para ayudar a la gente a morir dignamente

Manuel Arenas

Glòria Cantarell, coordinadora del grupo de salud de la asociación Dret a Morir Dignament (DMD).

Glòria Cantarell, coordinadora del grupo de salud de la asociación Dret a Morir Dignament (DMD). / JOAN PUIG

La muerte siempre ha estado muy presente en la vida de la doctora Glòria Cantarell (Barcelona, 1943). Primero como médica de curas paliativas en la Corporació Sanitària Parc Taulí de Sabadell; curas que consisten en el tratamiento activo para proporcionar al enfermo la mejor calidad de vida hasta la muerte. Ahora, ya jubilada, coordina el grupo de salud de la asociación Dret a Morir Dignament (DMD), donde asesora voluntariamente a quienes se interesan por los derechos relativos a la muerte digna.

-¿Qué son las curas paliativas? 

-Conllevan un trabajo de control de síntomas e incluyen tanto estado físico como emocional, espiritual y entorno familiar.

-¿Qué tipo de pacientes trataba?

-Enfermos de cáncer, con enfermedades neurodegenerativas, básicamente ELA, y pacientes que habían hecho un paro cardiorespiratorio y quedaban en estado vegetativo.

-Un caso que le marcara.

-Recuerdo a un joven con ELA que estaba totalmente paralizado: no podía hablar y necesitaba respirador. Tenía un gran sufrimiento emocional. Un día me dijo: “Glòria, yo no puedo más”. Le ayudamos a redactar unas voluntades anticipadas y consulté el caso al comité de bioética, que dio luz verde. Hicimos lo que se llama ‘limitación del esfuerzo terapéutico’: si el enfermo lo pide, se le puede retirar el respirador. Pactamos el día con él y la familia, se lo retiramos, lo sedamos y murió.

-¿Se vio alguna vez limitada como médica?

-Yo y todos los médicos. Si el enfermo no depende por ejemplo de un respirador y te dice que quiere acabar con su vida porque no puede más, tú no puedes hacer nada. Pero si un enfermo que tiene su documento de voluntades anticipadas te dice: “Sé que estoy al final de mi vida, si cojo una infección no quiero que se me trate”, hay que respetarle. Es su derecho.

-Ése es el límite de nuestra legislación, lo que se conoce como eutanasia pasiva.

-La eutanasia pasiva no existe. La eutanasia por definición es activa: la acción de un médico que pone una medicación para acabar con una vida. Lo de pasiva hay que eliminarlo porque lleva a confusión y los médicos tienen miedo porque a veces son la diana. Hay que decirlo claro: no tratar una complicación de un enfermo que lo pide explícita y reiteradamente, es una buena praxis médica porque estamos respetando la voluntad del enfermo. Eso no es eutanasia. Si el enfermo pide que no se le trate tal complicación y yo la trato, es una mala praxis médica, denunciable y punible.

-¿Cómo debería cambiar la Ley?

-La eutanasia debe legalizarse con unos requisitos que protejan a paciente y médico. En Bélgica y Holanda los principales son que el paciente esté capacitado y libre de coacciones, que lo pida repetidamente y que tenga una enfermedad que le provoque un sufrimiento insoportable.

-Siempre con la petición expresa del paciente.

-Absolutamente. El médico jamás debe poder actuar sin la voluntad inequívoca del paciente, porque eso es un homicidio.

-Según Metroscopia, el 84% de los españoles apoya la eutanasia.

-Se está privando de libertad a enfermos incurables que no quieren seguir viviendo. Hay que reivindicar que las curas paliativas lleguen a todos, pero a los enfermos a los que no les pueden hacer nada, como los enfermos de ELA que no sienten dolor pero se han quedado paralizados, hay que darles el derecho a decir: “No quiero seguir viviendo así”.

-¿Qué tipo de pacientes llegan a DMD?

-Sobre todo gente enferma que ha visto morir a un familiar de forma fatal y no quiere pasar por eso. Mucha gente no viene porque no sabe que tiene esos derechos.

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