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GENTE CORRIENTE

Javier Arias: «El friki era el bicho raro, ahora es bicho, pero no raro»

El creador de la agencial de viajes Frikitrip organiza excursiones de fans de series y películas hasta los escenarios donde fueron rodadas

Juan Fernández

Javier Arias: «El friki era el bicho raro, ahora es bicho, pero no raro»

DAVID CASTRO

Llevaba una década manejando presupuestos en un gigante tecnológico, le iba bien, ganaba bastante dinero y el trabajo no le agotaba. Pero a aquel plan de vida le faltaba pasión. Javier Arias (Madrid, 1980) la ha encontrado en Frikitrip, la agencia de viajes que ha creado para acompañar a fanáticos de series y películas internacionales hasta los escenarios donde se rodaron sus secuencias más famosas. Ahora, la pasión la ponen sus viajeros: muchos lloran emocionados al ver su sueño hecho realidad.

–¿Es mejor dirigir una agencia de viajes que llevar las finanzas de una multinacional? Es más divertido trabajar con gente que ve la vida como tú, pero yo no llamaría a lo nuestro agencia de viajes, más bien nos dedicamos a preparar experiencias únicas para frikis muy especiales. Les hemos llevado a conocer los lugares donde se rodaron Juego de tronos, Outlander y Vikingos, pero también hemos organizado acampadas de fans de Harry Potter y conciertos de Star Wars.

–¿Cómo reaccionan? Lo mejor de esta aventura es ver sus caras de emoción y oír cómo te dan las gracias por ayudes a disfrutar de su pasión. Nunca olvidaré las lágrimas que soltó una fan de Outlander en Irlanda ante la tumba donde está enterrado un prota de la serie. O cómo lloraba una seguidora de Harry Potter en el estudio de Londres donde se rodó la película. Los frikis de Juego de tronos te piden que les grabes mientras juran la Guardia de la Noche con la capa puesta. Es fantástico.

–¡Cuánta afición! El friki lo vive todo intensamente y se siente hermanado con quien comparte su pasión. En nuestros viajes han surgido grandes amistades. Hace poco, visitando los escenarios de Girona y Canet de Mar donde se rodó Juego de tronos, alguien preguntó por el procés. Rápidamente, el resto del grupo le cortó al grito de: «¡Hemos venido a hablar de Juego de tronos, que es lo que nos mola!». En la excursión había independentistas catalanes y madrileños españolistas, pero todos estaban igual de encantados con la experiencia.

–¿El friki es diferente? Se sorprendería de lo normal que es. Desde agosto del 2016, que fue cuando pusimos en pie este proyecto, hemos organizado 25 viajes para 400 personas entre las que había profesores, policías, abogados, empresarios, jubilados, adolescentes… A primera vista, nada les distinguiría del resto de la gente, pero en los escenarios de sus series favoritas se transforman.

–¿Cómo se produce ese éxtasis? Es más sencillo de lo que parece. El friki es alguien que ama algo con desmesura y lo vive con pasión. Si lo piensa bien, todos llevamos un friki dentro, todos tenemos algo que nos gusta por encima de la media. ¿Acaso no es un friki el que se sabe de memoria la alineación de su equipo de fútbol favorito o el se flipa haciendo fotos con su cámara?

–Hasta hace poco, esta palabra tenía una acepción peyorativa. ¿Eso ha cambiado? Totalmente. Hace 20 años se asociaba a alguien rarito, normalmente varón, joven y loco de las maquinitas. Hoy, en cambio, cualquiera que sea muy aficionado a algo, te dice: soy un friki de esto o de lo otro. Este concepto ha pasado de marginado a popular. El friki era el bicho raro; ahora es bicho, pero no raro. A veces me recuerda a la evolución del movimiento LGTB. El friki también ha sabido salir del armario. 

–¿Usted de qué es friki? Me vuelven loco los trenes de juguete y los Scalextric. Son aficiones muy de friki, pero vi que no daban para montar un negocio a su alrededor. El mundo del frikismo es muy amplio. Podríamos haber optado por cualquier temática. Al final elegimos las series y las películas porque son un producto cultural que levanta muchas pasiones. 

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