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GENTE CORRIENTE

Noemí García: «Tatuamos para convertir el horror en belleza»

Emprendedora, su estudio barcelonés promueve el tatuaje con perspectiva social y de género

Manuel Arenas

Noemí García, tatuadora y propietaria del estudio de tatuaje feminista y social Desideratum.

Noemí García, tatuadora y propietaria del estudio de tatuaje feminista y social Desideratum. / ALVARO MONGE

Las dos pasiones de Noemí García (Barcelona, 1977) son el tatuaje y la terapia: se empezó a tintar la piel desde muy joven y a diario conoce a mujeres que han sufrido violencia de género en un centro de adicciones. Para aunar sendos entusiasmos optó por el tatuaje terapéutico, acaso un pleonasmo que cristaliza en ‘Desideratum’, un estudio barcelonés donde de una cicatriz por malos tratos nace, valiente, una hermosa flor.

-¿Qué es ‘Desideratum’?

-Un espacio feminista donde el tatuaje es para todo el mundo. Nuestro lema es: “Your body, your choice”. Vemos en el tatuaje una herramienta de empoderamiento de la mujer.

-¿Hay machismo en el mundo del tatuaje?

-Claro, como en todas partes. Si preguntas, el 90% de tatuadoras te dirán que alguna vez han tenido algún escarceo extraño con algún compañero, cliente o jefe. También se nota en que, sobre todo las mujeres, nos advierten de que por favor el tatuaje no se les vea en el trabajo.

-¿Qué les diferencia de otros estudios?

-Que todas nuestras tatuadoras son mujeres y que tenemos contacto cercano con colectivos desprotegidos que quizás no vayan a otros sitios. Creemos en el tatuaje con función social y perspectiva de género. Hace tiempo que veía la necesidad de un estudio que lo dijera abiertamente.

-¿Qué colectivos?

-Atendemos a todo tipo de público, pero hacemos especial énfasis en el servicio social. Hemos tatuado a mujeres con cicatrices por malos tratos o por cáncer de mama. También a personas del colectivo LGTBI con marcas en el cuerpo por operaciones de cambio de sexo.

-¿Cómo llegan hasta esos colectivos?

-Por mi trabajo en un centro de adicciones conozco a muchas mujeres maltratadas. También estoy en contacto con asociaciones de la comunidad ‘trans’.

-¿Cuáles son las peticiones más comunes?

-Aparte del tatuaje puramente estético, hemos tatuado muchas cesáreas. Es un tema delicado: la mujer no se siente atractiva y la barriga queda por encima de la cicatriz. También hemos hecho reconstrucciones de pezón tatuado a mujeres que lo habían perdido durante el tratamiento del cáncer de mama o a chicos ‘trans’ al hacerse la mastectomía [extirpación del pecho].

-Una experiencia que le haya marcado.

-La que más me ha marcado es un tatuaje que todavía no hemos hecho. Desde que abrimos, hace seis meses, estoy hablando con una chica que no se atreve a venir; como ella hay muchas. Su expareja, en un ataque de rabia, le dio una paliza y le marcó en la piel una fecha y unas iniciales. Lo hizo con un cúter y un cuchillo. Me encantaría que se tatuara para olvidar ese horror.

-¿Por qué?

-Porque el tatuaje es una herramienta social. A las mujeres que han sufrido violencia de género, dependiendo de su situación personal, las tatuamos gratis o con precio reducido. Muchas tienen situaciones familiares complicadas, y me niego a que por motivos económicos dejen de tatuarse para borrar el dolor de sus cuerpos.

-Tapar el dolor con arte.

-Exacto. Aquí hacemos tatuajes a personas sin cicatrices ni marcas, pero también tatuamos para convertir el horror de la violencia en la belleza de una flor armoniosa. El tatuaje es un rito chamánico: un dolor muy intenso que se aguanta para tener un resultado victorioso. La recompensa es muy grande.

-‘Desideratum’ es, según la RAE, “deseo que aún no se ha cumplido”.

-Efectivamente. Y en personas que se tatúan para olvidar lo malo, la recompensa es mucho mayor. Hace poco una señora vino a reconstruirse los pezones después de un cáncer de mama. No sabes lo atractiva que se veía con sus pezones nuevos.