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Gente corriente

«Podemos conseguir que las manos hablen»

Junto a tres socios, Teo Atienza ha inventado un traductor de lengua de signos a voz y busca financiación para desarrollarlo

Juan Fernández

«Podemos conseguir que las manos hablen»

JOSÉ LUIS ROCA

El mundo de las 'startup' es un incierto ecosistema donde las mejores ideas pugnan por salir adelante a partir de una intuición. La de Teo Atienza (Valencia, 1991) y sus tres socios de Showleap, provenientes todos del sector de la comunicación y la ingeniería, es ambiciosa: aspiran a derribar el muro de incomunicación que separa a sordos y oyentes con la ayuda de dos brazaletes, un programa de software y un teléfono móvil.

-¿Cómo nace este proyecto? Mi socio Rubén Martínez y otros dos ingenieros ganaron un concurso de 'hackers' con un invento para convertir gestos y movimientos en letras de texto. Nos conocimos en el último curso de carrera en la Universidad Politécnica de Valencia y empezamos a darle vueltas a la idea. Rubén tiene un familiar sordo y se nos ocurrió que aquel sistema, quizá, podía servir para interpretar el lenguaje de signos.

-¿Estaban en lo cierto? El primer prototipo no funcionó. Iba con cable y restaba movilidad a las personas sordas que lo probaron. Pero de pronto se nos encendió la bombilla: ¿y si en vez de un pen cableado utilizamos los brazaletes inalámbricos que se usan para jugar a los videojuegos? Llevamos esta otra solución al Centro de Normalización Lingüística de la Lengua de Signos y se quedaron sorprendidos del resultado. Realmente, traducir signos manuales en mensajes vocales o de texto en tiempo real era posible.

-¿Cómo funciona? La persona sorda se coloca los brazaletes y mueve las manos para dibujar los signos en el aire. Una cámara, por ejemplo la de su móvil, registra los movimientos y nuestro software los traduce en palabras vocales o escritas que puede entender un oyente. Y al revés: el programa puede convertir cualquier mensaje hablado o de texto en lenguaje de signos sobre cualquier pantalla.

-Parece simple. Pero a nadie se le había ocurrido antes, al menos que sepamos. Con este sistema podemos lograr que las manos hablen. Más que eso, podemos eliminar el aislamiento que separa a sordos y oyentes para que todos dialoguemos en tiempo real. Pensar en el impacto que esto podría tener en la vida de tantas personas resulta ilusionante.

-¿Cuándo podría estar terminado? Aquí viene el problema. Somos una startup en fase semilla, tenemos un prototipo testado con expertos en lenguaje de signos que le dan su aprobación, pero nuestro software actual solo es capaz de leer y construir palabras sueltas o frases cortas. Necesitamos financiación para desarrollar el programa y mejorarlo, y no es fácil encontrarla. Dependiendo de la inversión, el trabajo de tres años se puede hacer en seis meses.

-¿No es fácil encontrar dinero para un proyecto tan ambicioso como este? Es más complicado de lo que parece. A muchos inversores solo les preocupa recuperar pronto el dinero que invierten y este proyecto es más social que comercial. En el mundo hay 70 millones de sordos y en España casi un millón. Para nosotros son muchos, pero quizá para un gigante como Google, no. Por eso no se ha encontrado aún solución a este problema, aunque la tecnología ya lo hace posible.

-¿Cuál es su plan? Nuestra idea es desarrollar el prototipo que tenemos y empezar a implantarlo en organismos públicos antes de comercializarlo entre particulares. Imagine que es sordo y acude al ayuntamiento o al banco a hacer una gestión. Allí le prestarían los brazaletes y a través de una pantalla podría dialogar con la persona que le atiende en ventanilla como un oyente más.

-¿Se considera un emprendedor? Me gusta lo de emprendedor social. No solo se trata de ganar dinero, sino también de mejorar la vida de la gente.

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