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GENTE CORRIENTE

Bad Gyal: "Ahora controlo mi vida y eso me enorgullece"

La joven artista Alba Farelo construye a través de letras y bailes explícitos un duro y sincero relato sobre su tránsito a la madurez

Gemma Tramullas

Si el lector tiene más de 25 años es poco probable que el nombre de Alba Farelo, alias Bad Gyal (Vilassar de Mar, 1997), le suene de algo. En cambio, muchísimos adolescentes siguen las canciones y vídeos de esta mujer que canta cosas como: «Pel barri ja se sap quin pussy [coño] és el k mana». Ella es una de las artistas que actuarán en el Festival Cara B, que se celebra los próximos días 17 y 18 de febrero en la Fabra y Coats de Barcelona.

–Bad Gyal podría traducirse como malota. Sí, pero en verdad no lo soy. El nombre me lo puse porque me molaba y ya está. Gyal significa «girl» [chica] en patois, que es el inglés que se habla en Jamaica, de donde es originario el dancehall, que es el género musical que yo considero que hago.

–A sus 19 años ya está en la Wikipedia. Eso es lo de menos. Lo habrá escrito un niño rata de 14 años.

–Su canción Indapanden tiene 1,5 millones de visualizaciones en YouTube. Eso sí es importante, porque yo cobro y vivo de la música. Hasta hace ocho meses aún estaba en mi casa del pueblo con mis cuatro hermanos y trabajaba en una panadería. Ahorré mucho y he podido pagarme un piso en Barcelona y mis estudios de diseño de moda. Además, la mixtape [recopilación] Slow Wine ya suena como el producto que quiero hacer. Ahora controlo mi vida y eso me hace sentir muy orgullosa.

–¿Por qué conecta con tanta gente joven? Esto siempre ha pasado. Los jóvenes buscan algo que les identifique y creo que yo soy una persona bastante transparente. Empecé a hacer música porque quería sacar cosas que tenía dentro, cosas que me pasaban y que eran una puta mierda.

–¿Podría contar alguna? En Pai hablo de la relación con un chaval que me hizo sacar lo peor de mí y caer en una situación en la que dejé de ser yo misma. Esta canción me sirvió para sacar toda la rabia y fue el primer paso para cambiar mi vida y estar de puta madre.

–¿Es consciente de la influencia que tiene a través de las redes sociales? Muchas veces veo que los fans quieren ser como nosotros y me parece perjudicial porque esto hace que no busquen lo que ellos son de verdad. Claro que me gusta que tengan en cuenta algunas cosas que digo, pero no soy un profeta ni pretendo que piensen como yo. Quiero que las personas controlen su vida, que sean ellas mismas, que nadie haga cosas por gustar a los demás ni dependa de su pareja o de sus amigos.

–Ese sería su mensaje principal. Me gusta que no haya dicho que es el feminismo, que es la etiqueta que me ponen. Por una experiencia personal, el feminismo dominante ya no me representa.

–¿Por qué? Las mismas mujeres que en mi pueblo daban charlas feministas me han juzgado duramente. Dicen que por bailar moviendo el culo soy una sumisa, que vendo mi cuerpo y quiero provocar. ¿Cómo te puedes llamar feminista y juzgar a una chavala porque baila como le da la gana? ¡Es como decirle que no se ponga minifalda!

–¿Ser de pueblo la ha marcado? A saco. Yo soy muy friki. De niña leía mucho y de mayor siempre estaba en Spotify buscando artistas que no conocía nadie. Pero en el pueblo siempre era el bicho raro, la pringada. Me sentía muy mal conmigo misma, aunque luego descubrí que era mi entorno lo que hacía que no me gustase.

¿Cómo se produjo ese descubrimiento? A través de un proceso de autoconocimiento. No es una historia trágica, le pasa a muchos adolescentes y se llama madurez. A nadie tiene que darle miedo el cambio. Primero pregúntate qué quieres hacer y, cuando lo tengas claro, analiza qué sobra en tu vida. Yo lo hice y me funciona.