29 oct 2020

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    A pie de calle

    En busca de Ricard Gomà

    Los candidatos parecen haber ahorrado en el despliegue de sus carteles por Barcelona ya que solo aparecen con cuentagotas durante un prolongado paseo por las vías más céntricas

    Edwin Winkels

    No encuentro a Ricard Gomà. No nos conocemos, ni pensaba buscarlo, pero tras dar una vuelta de dos horas por Barcelona, en bicicleta, el medio de transporte más apreciado por su partido, el de los ecosocialistas, me doy cuenta de que he visto con cuentagotas a sus cuatro principales contrincantes, pero a Gomà no.

    El primero en pasar, fugaz, por el rabillo de mis ojos ha sido Jordi Portabella, en la Via Laietana. Se encontraba cerca del asfalto, en algunos de esos paneles de madera reciclada que se han colocado alrededor de farolas y árboles. Portabella, pese a su eterno aspecto juvenil, es el más veterano en los carteles. El líder de ERC, con el empujoncito esta vez de Joan Laporta, es el único jefe de los cinco partidos del consistorio que ya concurrió en las elecciones municipales de 1999, como sucesor de una mujer, la Pilar Rahola política, no la mediática. No sé por qué, pero a Portabella le gusta el signo +, o sea el plus, el más. Ahora predica que Tots units farem + força. Otros años, también llevaba ese + en los carteles.

    Sigo sin ver a Ricard Gomà.

    En la plaza de la Catedral se me aparece Jesucristo, que según un inmenso cartel ha resucitado. Aleluja! es su eslogan. Son casi nulos los reclamos de los políticos aquí, en Ciutat Vella, tan cerca de la codiciada plaza de Sant Jaume. No los veo más en la Via Laietana, ni en el paseo de Colom, ni entre Drassanes y Paral·lel, ni en la ronda de Sant Pau. ¿Señales de crisis, de escasez, de ahorro? Al final, en Urgell, me llama el alcalde de las personas. Xavier Trias sonríe desde el otro lado de la calle, en un pirulí donde su vecino es un cantante de reggae muy popular en Francia, Alpha Blondy. No hay otros políticos en el mismo pirulí, como si este inicio de campaña aún ahorran en papel y pegamento, sabiendo que un cartel suyo será casi inmediatamente tapado por el de un rival.

    Trias compite por tercera vez, batiendo el récord de sus desilusionados predecesores convergentes, que ya solían rendirse tras una candidatura fallida: Molins, Roca, Cullell, Trias Fragas y Millet (Xavier de nombre) no pudieron con olímpicos alcaldes socialistas.

    Aún ni rastro de Gomà.

    Giro por la Gran Via, territorio de Jordi Hereu, que cuenta desde las alturas, a media farola, que a él le gusta esta ciudad. El socialista ha copado todo el tramo más céntrico de este eje que cruza Barcelona de punta a punta. Casualmente, o no, pero Hereu ocupa todas las farolas al lado izquierdo de la vía, mirando en el sentido del tráfico en los carriles centrales, desde la plaza de Espanya hasta Tetuán. No hay ningún cartel suyo por la derecha.

    ¿Dónde esta Gomà? Aunque el silencio de Alberto Fernández me empieza a preocupar también.

    No hay carteles en la plaza de la Universitat, y en la de Catalunya unos de esos plafones de madera están completamente huérfanos de candidatos, de fotos, de proclamas. Y eso que se encuentran justo enfrente de la concurrida terraza del Zúrich, casi en la sombra del monumento a Francesc Macià. Como si los partidos pensasen que aquí solo transitan turistas, y esos no votan.

    Tras pasar por Fontanella, donde repite Trias cerca del paso cebra más populoso de Barcelona, en Urquinaona comienza a resplandecer entre el verde de los árboles el intenso azul del PP. Alberto Fernández se ha hecho con la plaza dedicada a un antiguo obispo de Barcelona, el gaditano José María Urquinaona.

    Pero, ¿y Gomà? Me doy la vuelta, cruzo Catalunya otra vez y en la fachada del antiguo Banesto un enorme bebé de gorila, en nombre de una marca de coches, nos pregunta si aún pensamos que las bestias no aman. Este mono no es candidato. Y de repente, en la ronda de la Universitat, emerge Ricard Gomà, debutante en estos comicios. Existe. La bici ya puede descansar.