11 jul 2020

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vuelta al cole

El colegio español de París reabre las aulas

Los niños del centro asumen con normalidad el estricto protocolo sanitario frente al coronavirus

La enseñanza presencial se reserva a hijos de sanitarios, alumnos con dificultades y para facilitar la conciliación

Eva Cantón

Vuelta a las aulas en el Colegio Español Federico García Lorca, en París.

Vuelta a las aulas en el Colegio Español Federico García Lorca, en París.
Vuelta a las aulas en el colegio español de París, Federico García Lorca.

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Ainhoa charla sin parar con su amiga mientras espera que se abra el portón verde. Tiene los pies clavados en una raya pintada en la acera a la que no hace mucho caso. “Nos divertimos con las marcas”, dice. Cuando su profesora le llama, entra, se pone gel desinfectante en las manos y avanza colocándose en uno de los círculos blancos que jalonan el largo pasillo de acceso al colegio.

Después, sube por una escalera reservada para su clase, manteniendo la distancia con el resto del grupo, llega al aula, se sienta en una mesa que lleva su nombre colocada a un metro de sus compañeros y saca de su mochila un estuche donde guarda un material que no puede compartir. La clase de 5º puede empezar. 

Por extraño que parezca, los 32 alumnos que volvieron a las aulas del Colegio Federico García Lorca de París el pasado 14 de mayo, después de dos meses de confinamiento, viven con total normalidad el estricto protocolo sanitario impuesto por las autoridades francesas frente al coronavirus. El temor del equipo directivo de que los niños se impresionaran viendo a sus profesores con mascarilla y con tantas restricciones desapareció al observar la respuesta de los alumnos.

Apenas el 20% del alumnado ha regresado al colegio. 

Hasta 10 alumnos por aula

“Pensábamos que para ellos iba a ser difícil, pero han encajado todo esto con una enorme naturalidad”, explica a EL PERIÓDICO Mariano Ruiz, director del colegio, primer centro español que ha retomado la enseñanza presencial para un 20% del alumnado: hijos de personal sanitario, familias que no pueden tele-trabajar y niños que necesitan seguimiento.

En total, cuatro grupos mixtos, entre infantil y primaria, con un máximo de 8 y 10 alumnos por aula, respectivamente, que van a clase de 9 a 14 horas. Siete de los 15 docentes de la plantilla acuden al centro en días alternos. Mientras, continúa la enseñanza a distancia para el 80% de los alumnos que siguen en casa.

La Administración reconoce el esfuerzo del profesorado sin prometer más medios. “Hay que ser realistas y ver qué podemos hacer con lo que tenemos”, sostiene el consejero de Educación de la embajada española, Fernando Puig de la Bellacasa.

Valoración de cada alumno

Cuando finalice el curso el 3 de julio se hará una valoración de cada alumno y en septiembre se adaptarán las programaciones para hacer frente a posibles lagunas. Hasta entonces, el objetivo es que los niños se reencuentren con sus compañeros y no pierdan el ritmo de estudio. 

“Que la vuelta sea una experiencia agradable”, prosigue el director, recordando que tras la decisión del Gobierno francés de reabrir las aulas hay motivos económicos y el colegio cumple, en este sentido, una función social para las familias.

“Hay también un planteamiento afectivo, sobre todo para los hijos de sanitarios, que han visto poco a sus padres y necesitan una mayor atención”, añade la jefa de estudios, María Mallol.

Ganas de hablar

María José Cabal, tutora de 4º de primaria, dice que los niños volvieron a las aulas como si fuera el principio del nuevo curso. “Estaban muy atentos a todas las instrucciones y muy contentos de volver a verse. Tenían muchas ganas de hablar entre ellos”, explica. La reapertura arrancó con un diaporama explicativo sobre el coronavirus y las normas para protegerse, que se repite cada lunes para facilitar que los niños se expresen si necesitan hacerlo.

Cabal recuerda de ese primer día una anécdota elocuente. “Una niña me hizo un retrato con la mascarilla. Me resultó chocante, pero luego pensé que no había tardado nada en interiorizar el nuevo paisaje. La respuesta es muy buena y eso nos tranquiliza, porque nosotros también teníamos miedo de contagiarnos o contagiar y ahora vemos que el protocolo es viable”, apostilla.

Los grupos reducidos favorecen el ambiente de tranquilidad. “¿Cómo estáis? ¿Queréis contar algo antes de empezar?”, les pregunta con voz sosegada Mateo Mercé a los siete niños de 3, 4 y 5 años del aula de infantil. “Yo mañana voy a ver a un amigo, pero no lo puedo tocar por el coronavirus”, suelta uno de los pequeños.

Formación tecnológica

En Francia el regreso a las aulas ha sido un quebradero de cabeza para los docentes y los sindicatos dudaban de las garantías sanitarias. Muchos alcaldes eran reticentes por temor a un rebrote y unos 70 centros se han visto obligados a cerrar al detectar casos de covid-19.

Sin embargo, Puig de la Bellacasa apoya plenamente la decisión del Gobierno francés porque a su juicio "no hay nada que sustituya a la enseñanza presencial”. Eso sí, reconoce que el verdadero reto llegará en septiembre, cuando sea obligatorio volver a clase y no voluntario como ahora.

Además de comprar mascarillas, reorganizar el espacio y reforzar la higiene –un gasto de casi 8.000 euros- todo indica que habrá que establecer turnos y seguir compatibilizando enseñanza presencial y educación a distancia.

Por eso será imperativo formar al profesorado de manera rigurosa en el uso de plataformas educativas, como enfatiza el secretario del Federico García Lorca, José Subiri. “El coronavirus marca un antes y un después. Ha cambiado nuestra forma de trabajar y todos necesitamos ponernos al día para encarar el futuro”, advierte.