Ir a contenido

Casi 20.000 alumnos catalanes inician el curso en 1.013 barracones

El Govern aspira a retirar 700 en siete años siempre que el Parlament rompa el bloqueo a los presupuestos

Educació lamenta una situación "no deseada" y elogia la capacidad de los coles de "hacer de la necesidad virtud"

Carlos Márquez Daniel

Protesta por la presencia de barracones en una escuela de Barcelona, en el 2017. 

Protesta por la presencia de barracones en una escuela de Barcelona, en el 2017.  / FERRAN NADEU

En Catalunya hay 93 escuelas instaladas en barracones. Pero no hablamos de módulos de apoyo para actividades concretas; son centros educativos cuya rutina docente se realiza íntegramente entre esas frías paredes, es decir, que el colegio, a excepción del patio, es 100% de metal. Luego están los que disponen de contenedores de refuerzo, y en ese caso, la cifra se ensancha hasta los 422 (de un total de 3.800 centros públicos). El curso empieza este jueves con 1.013 aulas prefabricadas repartidas por todo el territorio, dos menos que en el año anterior, una cifra muy similar a la de los últimos 10 años. El Govern aspira a eliminar 700 en siete años gracias a un plan de nuevas construcciones y ampliaciones. Pero la inestabilidad política y los dos años seguidos de prórroga de presupuestos no invitan a comulgar con semejante optimismo, sobre todo por parte de las familias de los 19.000 alumnos cuyo pupitre estará colocado en esas clases rectangulares.

El Departament d'Educació informó el pasado abril de la construcción de 21 nuevos centros y la ampliación de otros cinco, a los que hay que añadir una rehabilitación integral. En total, 104 millones de euros para esas 27 actuaciones que deberían estar listas en un par o tres de años. Con todo eso levantado, según señala a este diario el director general de Centres Públics, Josep González-Cambray, "se retirarán de golpe 100 módulos". De los 1.013 que estrenarán el curso, la Generalitat trabaja con la idea de que unos 300 "siempre existirán", porque ahora o en futuro responderán a necesidades temporales, ya sea por obras o por la creación de nuevos grupos en determinadas líneas que requieren de un espacio efímero. Los 700 sobrantes, los considerados estructurales, son los se quieren atajar con un "plan de construcciones a siete años vista" del que González-Cambray prefiere no aventurar detalles, sobre todo en lo que hace referencia al dinero, puesto que todo dependerá de la capacidad de tejer mayorías parlamentarias para aprobar unas cuentas catalanas que acumulan dos años de prórroga y, por ende, sin capacidad para sacar adelante nuevas inversiones.

Aprenden igual

"Tener tantos módulos -comparte el responsable de Centres Públics del 'departament'- es algo que no nos gusta, pero podemos afirmar que están en buenas condiciones, que ahora son mucho mejores que antes". Estudiar en aulas prefabricadas, asegura González-Cambray, "no afecta al aprendizaje ni a la pedagogía de los niños", entre otras cosas, porque se "garantiza la amplitud y el espacio ideal para la docencia". Puede que no tenga un efecto negativo, pero tal y como también admite este experto del Govern, la enseñanza en barracones exige "de una adaptación tanto por parte de los profesores como por parte de los estudiantes para hacer de la necesidad virtud". Un modo de elogiar la capacidad de los afectados de sacar ventajas de las desventajas. En el presente curso se retiran 57 y se colocan 55, básicamente por el tránsito de matriculados de la primaria (9.000 alumnos menos) a la secundaria (7.000 estudiantes más), una tendencia que, tal y como avanzó hace unos días el conseller Josep Bargalló, se repetirá en los próximos años. Como mínimo, hasta el curso 2023-2024. 

Sobre el reparto territorial de los barracones, Educació admite que hay zonas "con muchos más módulos que otras", lo que responde a que en algunos lugares "se ha construido más que en otros". Girona es la provincia con mayor número de aulas prefabricadas, seguida de Tarragona, Lleida y, en mucho menor medida, Barcelona. A pesar de que el coste es muy inferior a lo que implica levantar un colegio nuevo, el gasto correspondiente a la compra e instalación de contenedores en centros educativos asciende, en el periodo 2008-2019 a 34,5 millones de euros. El traslado, mantenimiento y reparaciones de estas instalaciones ha requerido, en esta década, de una inversión superior a los 97 millones de euros. En total los módulos de los últimos 10 años han arañado a las arcas públicas la friolera de 131 millones

Solución enquistada

A pesar de que siempre han sido concebidos como una solución provisional, una veintena de escuelas catalanas llevan casi dos décadas esperando la construcción o la ampliación definitiva que les saque del atolladero de metal. "Hay centros que llevan así muchos años", admite el responsable del 'departament', que recuerda que también afecta el hecho de que cada vez más familias apuesten por la educación pública en detrimento de la concertada o la privada. El tope de barracones se registró en el curso 2009-2010, cuando se alcanzó la cifra de 1.063. Un año antes eran 952. El número empezó a crecer en el 2003, cuando se contaban 523. Al boom demográfico de principios de siglo se le fue uniendo, poco a poco, el efecto de la crisis económica. En cualquier caso, hasta la fecha no se ha logrado reducir el número de manera significativa, básicamente, porque no ha habido una apuesta presupuestaria decidida que permitiera cambiar el hierro por los ladrillos.

La educación en general, también la universitaria, ha sido uno de los ámbitos más afectados por los recortes. Y los módulos prefabricados son, en definitiva, la parte más palpable del déficit educativo en Catalunya