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CRISIS EN LA EDUCACIÓN

La universidad pública catalana advierte de que su situación financiera es crítica

"El país que se niega a potenciar la enseñanza superior se niega al progreso", asegura la rectora de la UAB

La inversión pasa de 920 a 750 millones en 10 años y peligran los edificios y la renovación de profesores

Carlos Márquez Daniel

Un espacio del campus de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) en Bellaterra.

Un espacio del campus de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) en Bellaterra. / JOSEP GARCÍA

No se puede decir más claro. Y repetirlo más alto no le pega a una catedrática de Farmacología como Margarita Arboix. La rectora de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) ha citado este jueves a la prensa en el campus de Bellaterra para lanzar un mensaje a la sociedad: "El país que se niega a potenciar su universidad se niega al progreso". Lo manda a la ciudadanía a través de los medios para ver si así, un poco de la mano de la opinión pública, el Govern y el Parlament se dan cuenta de que casi 10 años de recortes en la educación superior no coinciden con el mantra de fortalecer las estructuras de Estado. Los números hablan por sí solos: en el 2010, la inversión pública en la UAB era de 196,6 millones de euros y en el 2018 fue de 159,8 millones, un 18,7% menos. Como no es un problema exclusivo de esta institución, la idea es subir al barco a las ocho universidades públicas catalanas.

La Autònoma prevé cerrar el ejercicio presupuestario del 2018 con un déficit de 3,2 millones de euros. ¿Significa eso que peligra el sistema universitario? No, pero sí lo mantiene al ralentí y a mucha distancia de otras regiones, donde la financiación es muy superior. Arboix ha puesto un par de ejemplos. "Andalucía, con 10 universidades públicas y una población de 8,5 millones de habitantes, dedica 1.300 millones a la enseñanza superior. En Madrid, con seis universidades públicas y 6,4 millones de ciudadanos, 920 millones. Catalunya, con 7,5 millones de personas y ocho universidades públicas, 750 millones". Antes de los recortes, la cantidad destinada era de 920 millones. La rectora ha explicado que tienen el apoyo de la 'consellera' de Empresa i Coneixement, Àngels Chacón. El melón, por tanto, está ahora en el Departament d'Economia i Hisenda, en manos de Pere Aragonés. "Se ha hecho un esfuerzo en Sanidad y escuelas, ahora es el momento de las universidades", ha resumido Arboix. 

La calidad no peligra 

La rectora ha repetido en tres ocasiones en que no está en peligro la calidad de la educación, básicamente porque los docentes están echando el resto que la Administración les niega. De ahí que en los últimos años, la UAB se haya mantenido en buenas posiciones en esos siempre delicados ránkings internacionales de universidades. Las estrecheces, agravadas por dos años de prórroga presupuestaria gracias y por culpa de la inestabilidad política que mantiene el Parlament en una constante greña, están causando que el mantenimiento de los edificios sea absolutamente deficiente. Hacen falta ocho millones de euros anuales y a día de hoy solo se dispone de una tercera parte. Tampoco se está asegurando la renovación del profesorado, con una edad media de 57 años. Tan solo 32 de los 1.500 docentes permanentes tienen menos de 40 años. Ni se está en posición de atraer talento extranjero porque no hay medios para pagarlo. "Y aun así son muchos los que apuestan por Barcelona", celebra la rectora.

En este punto, Arboix ha aprovechado para acordarse de la lucha que mantienen abierta los investigadores que intentan buscarse la vida en las universidades. Una batalla paralela que vive del mismo drama presupuestario, pero en este caso, aumentada por la escasa atención que la Administración presta a este perfil profesional tan valorado en la mayoría de países modernos. En el caso de los científicos, la cosa es quizás más dolorosa, puesto que disponen de una ley que obliga a mejorar sus condiciones laborales. Pero por ahora, nada.

"Mejoras inmediatas" 

La rueda de prensa ha empezado con algo de retraso porque antes se ha celebrado el claustro de la UAB, en el que se ha acordado un manifiesto que, quizás por ser la primera avanzadilla de la conquista, es suave en el lenguaje. Reclaman una "mejora inmediata y sostenida de la financiación pública del sistema universitario catalán" y demandan al Parlament "arbitrar las normas adecuadas para garantizar que el Govern cumpla las medidas que permiten que las universidades cumplan las obligaciones que las leyes les encomiendan y que la sociedad necesita".

El diagnóstico permite entender un poco mejor este nivel de alarma. "La financiación es insuficiente para poder llevar a cabo la tarea de formar a los ciudadanos para que mañana puedan desarrollar sus proyectos profesionales, sociales y políticos". El modelo "caduco e ineficiente" de inversión está poniendo en peligro el sistema, hasta haberlo llevado "a una situación límite e insostenible". Habrían ayudado los presupuestos de la Generalitat, no aprobados por el Parlament. Destinaban 72 millones más a universidades. Insuficientes, pero por algo hay que empezar. Y luego habría que echarle mano a las tasas universitarias. Los diputados aprobaron la reducción del 30% de la matrícula, pero nada de nada. El copago de los estudiantes, de hecho, es lo que mantiene parte del castillo en pie: en el 2010 aportaban 37,8 millones a la UAB y en el 2018 fueron 52,1 millones. Esa rebaja del 30% supondría una carga extra de 60 millones para las arcas públicas. 

Con Mas empezó todo

Catalunya destina menos del 1% del PIB a la enseñanza superior. La OCDE dice que lo correcto sería alcanzar el 2%, barrera que superan poquísimos países en todo el planeta. La rectora se contenta con marcarse como límite el 1,5%, lo que implica, como mínimo, recuperar los más de 900 destinados a las ocho universidades públicas a finales de la década pasada, antes de que entraran Artur Mas y el 'conseller' Andreu Mas-Colell con la tijera. ¿Y habrá movilizaciones? Arboix no cree que la huelga sea una buena idea. Pero no descarta "una concentración de todas las facultades de Catalunya".  

Los amantes de Harry Potter se acordarán sin duda de Albus Dumbledore. El director de Hogwarts defendió la escuela de magia con uñas y dientes ante los ataques del malísimo Voldemort. Arboix está jugando ese papel, sin que aquí peligre la integridad de nadie. Lo bueno de la universidad catalana, es que no hará falta una varita para solucionar el desaguisado. Basta, para empezar, con que el Parlament desatasque los presupuestos. No será por arte de magia, pero que tampoco tenga que ser un milagro.