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ESTUDIO DE LA UAB

El fracaso escolar se enquista en la segunda generación de la inmigración

Las chicas de origen foráneo muestran más esfuerzo por lograr mejores notas que los varones

La edad de llegada a Catalunya y el contexto familiar y escolar marcan el éxito en la escuela

Carmen Jané

Alumnos en una escuela de LHospitalet.

Alumnos en una escuela de LHospitalet. / RICARD CUGAT

Los varones nacidos en Catalunya pero descendientes de inmigrantes tienen muchas menos probabilidades de éxito en la escuela que sus compañeros de padres autóctonos, y que las chicas también foráneas. Es decir, el fracaso escolar que se produce entre los jóvenes recién llegados a una cultura nueva se perpetúa en parte de la segunda generación de inmigrantes. Así se desprende de un estudio del Centre d’Estudis Demogràfics de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), que por primera vez ha cruzado los datos de evaluación del alumnado con la procedencia de las familias y su año de llegada a Catalunya a partir de los registros del Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat) con el número de aprobados al final de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO).

El informe, elaborado por Jordi Bayona y Andreu Domingo, radiografía el alumnado de último curso de ESO del curso 2015-2016 y muestra cómo los alumnos hijos de inmigrantes pero nacidos ya en España (la llamada “segunda generación”) son quienes acumulan proporcionalmente las mayores tasas de fracaso escolar en relación con sus compañeros de familias catalanas, sin que se percibe una mejora aceptable respecto al rendimiento de los recién llegados, demuestran los autores del estudio, que califica estas brechas de “insostenibles”.

Si en Catalunya, la media del alumnado autóctono que no logra el grado de la ESO es del 13,2% entre los varones y del 7,3% en las mujeres, entre los hijos de inmigrantes nacidos en Catalunya es del 21,2% entre los varones y del 12,2% entre las mujeres. Y esta situación es especialmente grave, destacan los autores, porque las escuelas públicas acumulan un 30% de alumnado de origen foráneo,  una situación que va en aumento por el peso demográfico (aunque la mayoría llegó en el cambio de milenio, su tasa de natalidad es mayor que la media española).

Edad de llegada

La edad de escolarización de los menores es clave de cara a sus resultados académicos, recuerdan los autores, y cuanto más tardía sea su llegada, peores notas. Aquellos alumnos de culturas con lenguas no románicas (chino, árabe, urdu…) que llegaron a Catalunya después de los 7 años y que, por tanto, han estado menos tiempo escolarizados en el sistema educativo local son quienes acumulan peores resultados, un 34,6% de fracaso escolar en los varones, por un 23,5% en el caso de las chicas. Esto sin tener en cuenta las tasas de abandono.

Si los pequeños inmigrantes (nacidos en el extranjero y venidos por reagrupación familiar) fueron escolarizados antes de los 7 años, la tasa de fracaso se reduce hasta el 21,7% en los chicos y el 12,2% en las chicas. Cifras, en todo caso, "insostenibles", recuerdan Bayona y Domingo.

Sorprendentemente, en la segunda generación, los jóvenes nacidos ya en Catalunya a partir de 1999, los niveles de fracaso se mantienen. Por nacionalidades, este colectivo son mayoritariamente marroquís (un 40%), seguidos de ecuatorianos (10%), chinos y rumanos (6% cada colectivo), que se han concentrado sobre todo en el área metropolitana de Barcelona (L’Hospitalet, 23,1%; Mataró, 18,8%, o Santa Coloma de Gramanet (18,3%), en el litoral y en las ciudades de Lleida, Girona, Manresa o Vic.

Entre ellos, los alumnos chinos logran resultados más que notables en superar la ESO (13,6% de suspensos), frente a colectivos como los filipinos (21,9%) y paquistanís (35%). La mayor tasa de no aprobados la tiene el colectivo subsahariano, sobre todo los varones, con niveles de hasta el 54% entre los varones de familias gambianas, lo que, según los investigadores, "deja entrever el fracaso del sistema educativo con algunos orígenes determinados".  

Concentraciones

Otros municipios están muy por encima de la media catalana de concentración de alumnos inmigrantes: Salt tiene el 47% de escolares con familias de origen extranjero; Castelló d’Empúries, el 33%; Manlleu, el 30%, Guissona, el 29%, Palafrugell el 28,7%, pero con orígenes de hasta 22 nacionalidades distintas. Y además, se han concentrado en la escuela pública, que acumulaba el 30% de los alumnos de origen extranjero.

Los investigadores vinculan cada vez más la relación entre el nivel socioeconómico familiar y el éxito escolar, como ya demostró un informe del año 2011 del Consell de Treball Econòmic i Social de Catalunya. “Los estudios muestran que los niveles educativos familiares son clave, sobre todo el de la madre, pero no teníamos los datos”, afirma Jordi Bayona, uno de los autores del estudio.  

La cronoficación del fracaso

“Estamos ante una situación de cronificación del fracaso escolar que hay que atajar, porque incide en la integración social de la inmigración, y eso puede traer muchos problemas”, señala Jordi Pàmies, profesor de Pedagogía y miembro del Centre de Recerca en Migracions de la UAB, ante los datos del último estudio sobre el fracaso escolar entre la población inmigrante del Centre d'Estudis Demogràfics. “Los inmigrantes tienen expectativas muy altas sobre la escuela pero el sistema escolar no siempre les responde, y los que más sufren son aquellos colectivos que padecen más rechazo social”, añade.

El investigador pone el ejemplo de los jóvenes marroquís, que son quienes concentran el grueso de la población de origen foránea. “Son chicos que ya han nacido aquí y que han visto el esfuerzo familiar, y que muchas veces sus hermanos han tenido problemas para acceder al mercado laboral pese a haber estudiado. Y entonces se desaniman”.

En estos casos, la figura del profesor-mentor es clave, como han demostrado también iniciativas como el proyecto Prometeus en el barrio del Raval de Barcelona, uno de los centros con mayor población inmigrante de la ciudad y que inició hace dos años un programa de acompañamiento universitario que ya ha generado 25 nuevos universtarios.

“Todas las historias de éxito hablan de alguien que les dio confianza y creyó en ellos, y que no les envió a clases con menos prestigio social. También es importante garantizar la continuidad con becas o la participación en redes educativas”, señala. Pàmies desmonta algunos mitos sobre el abandono por ayudar en los negocios o trabajos paternos. “Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos. Los motivos culturales o religiosos no impiden el éxito escolar. De hecho, hay más chicas marroquís que chicos en los institutos”, concluye.

“Se ha cuidado mucho la acogida de los alumnos inmigrantes, pero ahora hay que adoptar otras estrategias, como la escolarización en las guarderías, luchar contra la segregación escolar, o la aplicación de técnicas innovadoras para que la acogida sea un proyecto de centro”, señalaba Beatriz Ballestín en un informe para la Fundació Jaume Bofill.

Otra posibilidad, apuntan Jordi Bayona y Andreu Domingo, es considerar "la inclusión de medidas de discriminación positiva de los colectivos afectados, no solo sobre los alumnos sino sobre el entorno comunitario y territorial donde residen estos niños y donde se ubican los centros escolares", señala.

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