Conflictos laborales
El metal de Barcelona y Tarragona irán a la huelga la última semana de octubre
Los sindicatos inician una oleada de movilizaciones en un sector clave ante el bloqueo de la negociación salarial

Protesta de trabajadores del metal en BCN / Jordi Otix

El metal de las provincias de Barcelona y Tarragona está en pie de guerra. UGT y CCOO han convocado huelgas durante la última semana de octubre ante el bloque de las negociaciones para subir sueldos y actualizar los convenios colectivos. Las centrales inician así una oleada de movilizaciones en un sector clave y donde tienen fuerza organizativa. El objetivo es ir elevando la conflictividad laboral sector a sector para obligar a la patronal a sentarse a negociar incrementos salariales generalizados. Pues de momento las empresas están renunciando a subir sueldos o lo hacen de manera moderada, hasta el punto de que los precios están creciendo casi diez veces más que las nóminas.
El "otoño caliente" con el que llevan tiempo amenazando las centrales si las empresas no se sientan a repartirse los costes de la escalada de precios empieza a coger cuerpo. La industria del metal de Barcelona y Tarragona, bastión histórico del sindicalismo y con capacidad para poner en dificultades a un amplio perímetro de empresas, irá a la huelga. Así lo han votado en asamblea los congregados por UGT y CCOO. El jueves fue el turno de Tarragona, donde los trabajadores están llamados a parar los entornos de la petroquímica los próximos lunes 24 y martes 25 de octubre.
El testigo lo cogerán sus compañeros de Barcelona, que el jueves 27 y el viernes 28 están llamados a hacer lo propio en su provincia. Los ‘valleses’ prometen ser uno de los epicentros de la protesta a la que están congregados directamente más de 200.000 trabajadores. Uno de los sectores históricamente tractores de la economía catalana y que lleva meses inmerso en una conflictividad laboral hasta ahora latente.
La patronal del sector pugna con uñas y dientes por subir salarios según marque el IPC, que sigue disparado pese a la moderación que marcó en septiembre (9%). La pugna llegó hasta el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC), pues las partes tenían acordada una cláusula de revisión salarial en el antiguo convenio que obligaba a las empresas a subir sueldos el 6% el año pasado. Las compañías se resistieron y solo tras el veredicto del alto tribunal acabaron acatando lo pactado.
Desde entonces las negociaciones del nuevo convenio no han dado avances significativos. Los sindicatos se quejan de que la patronal pone encima de la mesa “propuestas salariales inasumibles” y que no está dispuesta a volver a firmar cláusulas que obliguen a actualizar nóminas en función del IPC. Actualmente alrededor de 1 de cada 5 trabajadores con convenio en vigor están cubiertos por una cláusula de este tipo y los empresarios del metal no quieren ser uno de dichos sectores.
"Salario o conflicto"
CCOO y UGT han iniciado este mes su calendario de movilizaciones, después de estar todo el verano lanzando avisos para que la patronal volviera a sentarse a la mesa y lograran así cerrar un acuerdo marco que sirviera de referencia a todos los sectores con convenios pendientes de renovar. Dichos avisos no han surgido efecto y las centrales han tenido que escalar la presión, bajo el lema "Salario o conflicto".
Justo este viernes después de que el metal de Barcelona votará ir a la huelga hay una manifestación programada a las puertas de la sede de Foment del Treball. La misma estampa se repetirá en las principales ciudades del país, donde CCOO y UGT han convocado protestas de delegados sindicales para una primera presión a los empresarios. La idea luego es ir organizando movilizaciones –ya sean huelgas o concentraciones- sector a sector y culminar el ciclo con una gran manifestación en Madrid el próximo 3 de noviembre.
El ciclo de movilizaciones que inician las centrales busca romper con una fase de paz social bastante dilatada durante los últimos años. Hasta mayo, últimos datos registrados por el Departament de Treball y justo el mes en el que se rompieron las negociaciones entre patronal y sindicatos para un acuerdo salarial, se habían producido un total de 50 huelgas en Catalunya, en las que habían participado 34.058 trabajadores y en las que se habían perdido un total de 825.009 horas de jornada.
El nivel de incidencia de los paros era del 10,7%, es decir, de 100 trabajadores convocados a las protestas, solo 10,7 las habían secundado. Es el segundo menor nivel de incidencia del último lustro en Catalunya y se encuentra lejos de los niveles de conflictividad derivados de la crisis del 2008. No obstante, desde CCOO y UGT ultiman movimientos para revertir esos datos y agitar la calle este otoño.
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