Energía

¿Subir el aire acondicionado ayuda a ahorrar gas de cara al invierno?

Una menor demanda de electricidad y petróleo ayuda al bolsillo y es una forma de reducir las tensiones en el mercado de gas en Europa

Una persona enciende el aparato de aire acondicionado.

Una persona enciende el aparato de aire acondicionado. / Efe / Juan Carlos Hidalgo

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Sara Ledo
Sara Ledo

Periodista

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Ante el temor a un corte del gas inminente por parte de Rusia, la Comisión Europea y los Estados Miembros de la UE han pisado el acelerador para evitar problemas de suministro con planes de contingencia. Entre las medidas hay propuestas dirigidas a los ciudadanos, como subir el aire acondicionado o bajar la calefacción, desenchufar los aparatos electrónicos cuando no estén en uso o cambiar el coche por el transporte público cuando sea posible. Su efecto no será mágico, ni eliminará de un plumazo la dependencia europea al gas ruso, pero en la que es la "primera crisis de energía a nivel global", según la Agencia Internacional de la Energía, todo cuenta. "Son pequeñas cosas que no generan grandes alertas pero ayudan a reducir el consumo y con un mayor almacenamiento se podría liberar esa parte en terceros países más afectados", decía hace unos días la vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera. 

¿Qué tiene que ver el aire acondicionado de hoy con el gas natural que se necesitará en invierno?

Subir la temperatura del aire acondicionado, igual que desenchufar los electrodomésticos cuando no estén en uso, reduce la demanda de electricidad. Y alrededor del 20% de la electricidad en España se genera con gas natural. "En la medida de lo posible, cualquier reducción de energía supone una demanda menor y eso supondrá usar menos gas porque primero se cubre la demanda con renovables y nucleares y, cuando esas tecnologías no llegan, entra el gas", explica Roberto Gómez Calvet, profesor de economía de la Universidad Europea. Y España, como el resto de Europa, se encuentra ahora en pleno proceso de llenado de sus almacenamientos para alcanzar el 90% el 1 de octubre y poder pasar el invierno si hay un corte de suministro de Rusia. No obstante, España cuenta con uno de los niveles "más altos" de Europa, según Enagás, con un nivel en sus almacenamientos subterráneos del 73,2% y unos tanques de gas natural licuado (GNL) al 84%. 

¿En qué medida la acción de los consumidores ayuda?

Todo cuenta. Para hacerse una idea, reducir el uso del coche supondrá consumir menos petróleo y eso también afecta al gas porque se usa en el refinado de crudo. Es verdad que la capacidad de acción de los ciudadanos españoles es limitada, pero no por ello menos importante. "En el escenario más optimista de reducción de consumo, poniendo todo de nuestra parte, podríamos llegar a reducir un 10% de la demanda", hipotetiza Pedro Linares, profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería ICAI y director del centro de estudios Economics for Energy. "Aunque parezca poco y que desde el punto de vista absoluto no nos salvará la vida, sí que tiene un impacto para el bolsillo teniendo en cuenta que en unos meses la factura (energética) será muy alta y, además, si nosotros necesitamos menos gas ese GNL se puede llevar a otros países, como Alemania", añade Linares. 

¿Pero hay infraestructuras para llevarlo a otros países?

Una de las claves de los planes de contingencia que diseñan los Estados Miembros pasa por identificar las medidas de solidaridad que se puedan poner en marcha. Pero más allá de eso, como explica Linares, cuando un país como España reduce una parte de su demanda en un mercado tan tensionado como el del GNL actual permite liberar barcos que tendrían que venir a ese país para que vayan a otro (Alemania, por ejemplo). Por otra parte, la vicepresidenta Ribera, en una intervención reciente, sugería la posibilidad de echar una mano a Italia, quien recibe gas de gasoducto de Rusia y Algeria, con un puente marítimo de GNL entre Barcelona y Livorno. 

¿Hay otras medidas más allá del ahorro diario?

"España necesita determinadas reformas estructurales a corto plazo para evitar depender de países como Rusia", reconoce Manuel Parejo, doctor en Economía, especializado en eficiencia energética. Pedro Linares cita algunas que se podrían incentivar para los consumidores más vulnerables como cambiar una caldera de gas ineficiente por otra más eficiente, cambiar radiadores antiguos por bombas de calor o, incluso, instalar autoconsumo. Todas servirán para usar menos gas y ahorrar un dinero en invierno.