Poder de compra estancado

Los trabajadores llegan al gran pacto de rentas tras una década de salarios congelados

  • Los sueldos no han ganado poder adquisitivo en los 10 años precedentes a la crisis del coronavirus

Una camarera sirve leche en una taza en una cafetería de Toledo, el pasado día 2.

Una camarera sirve leche en una taza en una cafetería de Toledo, el pasado día 2. / Efe / Ismael Herrero

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Gabriel Ubieto
Gabriel Ubieto

Redactor

Especialista en Mercado laboral, empresas, pensiones y las diferentes derivadas del mundo del trabajo

Escribe desde Barcelona

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Los trabajadores en España llevan 10 años instalados en la "moderación salarial" que pedía la semana pasada el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para el nuevo “gran pacto de rentas” que urge la guerra de Ucrania. Las severas secuelas de la Gran Recesión, unas altas tasas de paro -actualmente la segunda más alta de la Unión Europea- y una parte del tejido productivo que basa su competitividad en los bajos sueldos explican, según los expertos consultados, que las nóminas en España, de media, dan para menos alquiler, menos cesta de la compra o menos servicios de lo que lo que permitían una década atrás.

Los sueldos han subido de media 0,3 puntos menos que la inflación en el periodo 2010-2020, atendiendo al cruce de los últimos datos disponibles de la EPA por deciles del INE y el IPC. “El crecimiento de los salarios se ha visto lastrado durante mucho tiempo por la enorme cantidad de parados que se arrastraba de la anterior crisis”, apunta el profesor de la UAM e investigador de Fedea, Marcel Jansen. España llegó a superar tras el 'crack' de 2008 los cinco millones de desempleados y hoy todavía está por encima de la cota de los tres millones, lo que permite a muchas empresas no subir determinados sueldos porque no les cuesta encontrar personal en las colas del SEPE

Sectores como la construcción, donde los patronos pasaron de disputarse cuadrillas de obreros antes del estallido de la burbuja a sobrar parados, dan cuenta de ello. Los salarios en dicho gremio han perdido 10,8 puntos de poder adquisitivo en la última década, según la Encuesta de Estructura Salarial. Por el lado contrario, en gremios donde en los últimos años escasean determinados perfiles, como en las firmas de información y telecomunicaciones, los salarios han ganado 5,4 puntos de poder de compra en el mismo periodo. 

Los convenios apenas ganan poder

Parte de la congelación del poder adquisitivo que arrastra el mercado laboral español también se explica porque las empresas priorizaron contratar a más gente más que mejorar las condiciones de los ya contratados. Y los sindicatos contribuyeron parcialmente a ello. Algo que se plasma en la evolución de los salarios pactados por convenio colectivo, que ‘solo’ han ganado dos puntos de poder adquisitivo en el último decenio, según recogen los datos del Ministerio de Trabajo. Entre 2010-2020 el IPC subió un 12% y los sueldos por convenio el 14,3%. “Los salarios solo empezaron a subir realmente a partir del 2017, aunque esos incrementos los cortó la pandemia”, apunta el profesor de economía del trabajo de la UB Joan Antoni Alujas. En 2021 los salarios pactados por convenio perdieron 1,6 puntos de poder adquisitivo.

Más contratados y durante más horas, tal como refleja la distribución por deciles de los sueldos. Quienes ganan actualmente un salario de cerca de 1.000 euros brutos al mes son el colectivo que más poder de compra han ganado en la última década: 8,1 puntos. “Uno de los grandes problemas del mercado de trabajo español es la baja intensidad en el empleo”, recuerda el director de coyuntura de Funcas, Raymond Torres. Es decir, hay más gente que llega a 1.000 euros porque puede trabajar más horas y durante más meses al año. Eso se suma a los fuertes incrementos del salario mínimo interprofesional (SMI) impulsados durante las dos últimas legislaturas. Concretamente más del 30% desde la llegada a la presidencia de Pedro Sánchez (primero en solitario y luego en coalición con Unidas Podemos). 

Empleo de baja calidad, bajos sueldos

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“Venimos de una productividad baja, lo que da cuenta de la baja calidad del empleo. Muchos trabajos son poco estables –ya veremos ahora con la nueva reforma [laboral]- y de baja formación, lo que deja poco margen para subir salarios”, apunta Torres. Es decir, parte de los empleos son pocos productivos y las empresas ganan competitividad devaluando salarios y no intentando ser más eficientes. Estas prácticas pretende limitarlas la nueva norma pactada entre patronales y sindicatos al poner coto a las empresas multiservicio y su posibilidad de crear convenios propios para ceñirse a pagar el salario mínimo. No obstante, los economistas consultados advierten que el efecto de la reforma en el alza de salarios quedará muy acotado a colectivos concretos, como las camareras de piso o los vigilantes de seguridad.

Este lunes el presidente del Gobierno ha llamado a Moncloa a patronales y sindicatos para urgirles a ponerse de acuerdo y cerrar este pacto de rentas para los próximos años. “Es una negociación sobre cómo repartirse las pérdidas y aquí los acuerdos estatales de negociación colectiva son el mecanismo más eficaz para conseguir una evolución de los salarios justa, en el sentido de conseguir que el reparto sea equilibrado”, concluye el economista de Fedea Marcel Jansen. El resultado que salga del diálogo social -y la implicación del Gobierno para introducir elementos que amortigüen ese reparto de pérdidas- marcará si los salarios encadenarán un decenio sin ganar poder adquisitivo.