sector financiero

Goirigolzarri dejará de presidir la matriz de Bankia tras la fusión con CaixaBank

También abandonarán el consejo de administración los ejecutivos Sevilla y Ortega y el secretario Crespo

El FROB seguirá gestionando a través de BFA su participación en el nuevo banco tras la integración

El presidente de BFA y Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, durante la presentación de la fusión con CaixaBank.

El presidente de BFA y Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, durante la presentación de la fusión con CaixaBank. / AFP / DAVID CAMPOS

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Pablo Allendesalazar

José Ignacio Goirigolzarri abandonará la presidencia de BFA, la matriz de Bankia, cuando el banco cotizado se integre en CaixaBank, previsiblemente el próximo marzo, según ha podido confirmar EL PERIÓDICO. El ejecutivo vasco, que reemplazará en ese momento a Jordi Gual en la presidencia de la entidad catalana, dejará así de trabajar para el Estado ocho años después de que el entonces ministro de Economía Luis de Guindos le eligiera para sustituir a Rodrigo Rato al frente de las dos entidades.

El grupo todavía bajo control público tiene una estructura doble. Por encima está BFA, entidad poseída al 100% por el público Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) y que tiene una participación del 61,77% de Bankia. Junto a Goirigolzarri, abandonarán también el consejo de la matriz los otros dos consejeros ejecutivos de Bankia: el consejero delegado, José Sevilla, y el director general de personas, medios y tecnología, Antonio Ortega. Asimismo, dejará el órgano de administración Miguel Crespo, su secretario no consejero, que ocupa el mismo cargo en el banco cotizado. 

Desconsolidación

La salida se producirá cuando se ejecute la fusión con CaixaBank porque al pasar Goirigolzarri a presidir la nueva entidad integrada, de la que el Estado ya no tendrá una participación mayoritaria como en Bankia, dejará de tener sentido que siga presidiendo BFA, que ya no será un grupo consolidado con su todavía filial porque esta dejará de existir. La matriz se convertirá entonces en una sociedad anónima al uso y ya no estará supervisada por el Banco Central Europeo (BCE). El FROB tiene la intención de que BFA siga siendo la sociedad tenedora de su participación del 16% en la nueva CaixaBank, pero prevé replantearse cómo articulará su gestión cuando anuncie la desconsolidación al BCE.

El consejo de BFA tiene actualmente otros dos miembros que no forman parte del consejo de Bankia: José Carlos Pla, el que fuera presidente de la desaparecida Catalunya Caixa tras su nacionalización y hasta su venta al BBVA, y Paloma Sendín, exalto cargo de los Ministerios de Industria y Economía. En el sector financiero se especula con que alguno de los dos podría presidir BFA tras la salida de Goirigolzarri, así como ocupar el puesto que le corresponderá al Estado en el consejo de la nueva CaixaBank.

Balance de ocho años

El grupo nacionalizado recibió un rescate de 24.069 millones de euros en ayudas públicas: 11.804 millones para BFA y 12.265 millones para Bankia (incluyendo los recibidos por la también nacionalizada BMN, a la que absorbió en el 2017). Como paso previo a ello, el Gobierno de Mariano Rajoy forzó la salida de su correligionario Rodrigo Rato, al que el líder del PP había aupado a la presidencia de Caja Madrid (germen de Bankia), y su sustitución por Goirigolzarri. El exconsejero delegado del BBVA -que abandonó su anterior puesto en el 2009 por sus diferencias con el presidente de la entidad de origen vasco, Francisco González- había rechazado un año antes ser el número dos del propio Rato en Bankia.

Bajo su presidencia, el banco con capital del Estado ha logrado ser el más solvente entre los grandes y ser uno de los pocos en Europa que ha cumplido los requisitos del plan de reestructuración acordado con la Comisión Europea a cambio de las ayudas. Sin embargo, el entorno de tipos de interés históricamente bajos y la alta exposición de su balance a las hipotecas ha penalizado su rentabilidad, lo que ha llevado al Gobierno actual a aceptar la fusión con CaixaBank que le propuso Isidre Fainé, presidente de la Fundación Bancaria La Caixa. 

Recuperación incierta

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La factura final para las cuentas públicas del rescate de Bankia es todavía incierta ocho años después de su nacionalización, si bien las autoridades económicas españolas llevan años admitiendo de forma más o menos velada que se saldará con pérdidas millonarias. Lo que sí es seguro es que el Estado solo ha ingresado 346 millones de euros en intereses por los 24.069 millones que inyectó en el grupo, lo que equivale a un 1,4% de las ayudas aportadas. Bankia ha devuelto otros 3.303 millones, pero esos fondos nunca han llegado a las arcas públicas porque han servido para cubrir las abultadas pérdidas acumuladas por BFA desde el 2015 a causa del desplome en bolsa de su participada.

Tras obtener beneficios en el 2013 y el 2014, la matriz acumula unas pérdidas de 7.824 millones de euros desde el 2014. Solo en el primer semestre de este año, ha registrado unos números rojos de 1.698 millones. En consecuencia, su patrimonio neto ha bajado desde los 9.901 millones del 2014 a 3.163 millones al cierre del pasado junio, un 68% y 6.738 millones menos. Los 3.303 millones obtenidos de Bankia, así, han servido para que las pérdidas en la cuenta de resultados de BFA no erosionasen aún más su solvencia, lo que ha impedido que el grupo comenzara a devolver el capital que se le inyectó a las arcas del FROB.