24 oct 2020

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El debate territorial

La rebelión de la España callada

La ofensiva de Ximo Puig contra Madrid como creador de desigualdades logra mas resonancia en pandemia

El socialista reclama una redistribución de la riqueza alejada de planteamientos secesionistas

Alfons García

El president valenciano, Ximo Puig, entra a Les Corts la semana pasada / Miguel Lorenzo

El president valenciano, Ximo Puig, entra a Les Corts la semana pasada
La rebelión de la España callada

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¿Tiene sentido  que el Instituto Español de Oceanografía tenga su sede central a más de 350 kilómetros de distancia de una ola de mar? La respuesta parece obvia. Quienes han seguido la trayectoria del presidente valenciano, Ximo Puig, saben que es un dato que suele emplear para subrayar las contradicciones de un Estado casi federal que, en el mismo periodo que desarrollaba un amplio proceso de descentralización política, profundizaba en la concentración de poder, instituciones y economía en la capital.

La contundencia de los datos indica que casi el 60 % de las licitaciones de contratos del Estado son desde Madrid y se adjudican a empresas madrileñas, que el 29 % de los empleados del Estado están en Madrid y que este territorio deja de ingresar 4.100 millones de euros cada año en rebajas fiscales. Son cifras extraídas de un informe del Institut Valencià d’Investigacions Econòmiques (IVIE) a partir de las cuales el presidente de la Comunitat Valenciana señaló esta semana a la capital como «una enorme aspiradora que absorbe recursos, población y redes de influencia». Es el ‘efecto capitalidad’. Un «generador de desigualdades» que ha llevado a cabo «un ‘procés’ invisible». Los datos también dicen que es la comunidad que más ha crecido en los últimos 30 años, aunque también una donde las desigualdades sociales son más pronunciadas.

«El informe señala la absoluta concentración del poder político, que viene de antes, y ahora también económico», explica Puig. «No puede ser esta manera de funcionar el país. En lugar de converger, vamos al revés. Eso dificulta un proyecto común», declara a EL PERIÓDICO.

Centrifugar poder

«No podemos continuar como si fuera normal, como si no pasara nada. Porque la situación no lo es». «Ha de haber una centrifugación del poder», propone el dirigente socialista. Puig plantea una redistribución del poder y de la riqueza. «Todos los mecanismos federalizantes se han de activar. El primero, el Senado. Y después ha de haber gestos claros de descentralización del poder», argumenta. Y una alianza de la España que menos se ve y se oye. El eje de la España real, plural y diversa, con múltiples identidades, dijo el pasado lunes durante el debate del estado de la autonomía. Su anhelo político (la realidad parece bastante más lejana) es que la Comunitat Valenciana lidere esa revolución conciliadora de una España que 40 años después ha visto superado el Estado de las Autonomías por las desigualdades territoriales.

Una España que rechaza pulsiones centralistas, sí, pero también «independentismos» y «unilateralismos totalizadores». Es una idea en la que Puig lleva años insistiendo. Una tercera vía que, como todas, siempre es una opción de moderación entre dos extremos, entre el ‘procés’ catalán y el ‘procés’ invisible.  «No necesitamos acumular banderas, la bandera es la igualdad», clama.

Quienes han seguido la trayectoria de Ximo Puig saben que el discurso de la España plural es uno de los pilares de su agenda política. Lo ha dicho en València, Barcelona y Madrid. No tuvo tanta repercusión como ahora, pero en mayo de 2016, en un foro en Barcelona, ofrecía una alianza con Cataluña para salir de «la periferia invisible» e impulsar un proyecto de España «desde la pluralidad» que «las élites centralistas no han digerido».

Eso era antes del ‘procés’ independentista y el 1 de octubre. Después, los lazos institucionales con Cataluña se rompieron. Sin embargo, Puig (su mensaje) ha continuado encontrando buena recepción en las entidades económicas catalanas. Foment del Treball invitó al presidente valenciano en noviembre pasado a la gala de sus premios (defendió el diálogo y el federalismo para la modernización de España) y por aquellos días recibió en València al presidente del Cercle d’Economia de Catalunya. No parece casual.

‘Efecto capitalidad’

No obstante, todas esas afirmaciones (ni siquiera cuando calificó Madrid de «paraíso fiscal» en un hotel a unos metros del Congreso de los Diputados) no han tenido la resonancia de las de esta semana. El contexto ha cambiado: Madrid está en el foco hoy por una gestión de la pandemia muy cuestionada. El ‘efecto capitalidad’ (iluminado desde la periferia) tiene como consecuencia que la comunidad de Isabel Díaz Ayuso deje de ingresar millones en impuestos mientras reclama ayuda al Gobierno para sostener unos servicios fundamentales. Hechos así han quedado más en evidencia en esta coyuntura de emergencia sanitaria.

Puig ha recibido llamadas estos días de varios presidentes autonómicos. La respuesta obtenida a su posición es también reflejo de un cansancio de esa periferia invisible y silenciosa. Ni es contra Madrid ni contra el Estado, reitera él. «España no es el problema, pero el modelo de España sí», sostiene el presidente valenciano, quien defiende que el Gobierno de Pedro Sánchez tiene «una mirada mucho más abierta y plural que los anteriores», pero «hay un conjunto de élites centralistas que generan un imaginario muy reducido de lo que es España».

El debate está sobre la mesa. ¿La rebelión fructificará o será un episodio más de la pandemia y nada cambiará? Borges decía que ‘siempre’ es una palabra que no está permitida a los hombres.