RECESIÓN

El PIB de Japón se hundió el 7,8% en el segundo trimestre, la mayor contracción desde 1955

El retroceso es superior al registrado en el 2009 con la crisis de Lehman Brothers

Shinzo Abe, primer ministro de Japón.

Shinzo Abe, primer ministro de Japón.

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Adrián Foncillas

De este año olímpico esperaba el Gobierno japonés que estimulara al fin una economía flácida tras dos décadas de crecimientos tímidos y recesiones. A cambio de las decenas de miles de visitantes, ofrecerá a la Historia la más profunda sima económica que se recuerda. La caída del 7,8% del PIB en el segundo trimestre es la mayor desde que empezaron los registros en 1980 y, según algunos analistas, carece de comparación desde la postguerra.

La tercera economía del mundo suma ya nueve meses de retrocesos, tras el 0,6% del anterior trimestre y el 1,8% del último del ejercicio anterior, cuando el coronavirus no era más que un eco misterioso llegado desde una ignota ciudad china. El desastre se explica por el consumo y las exportaciones, tradicionales motores de la economía japonesa. El primero, que supone la mitad del PIB nacional, se desplomó un 8,2% debido a los encierros voluntarios durante las semanas más crudas de la pandemia. Las segundas se redujeron en un 18,5 % por la caída de la producción industrial y de la demanda global.

La lectura sosegada de los datos, sin embargo, resta dramatismo a los hiperbólicos titulares. La economía japonesa es la más resiliente del G7 si dejamos de lado a China, la única que ya ha abandonado los números rojos. La del Reino Unido cayó un 20,4%; la estadounidense, un 9,5%; la alemana, un 10,1%; la italiana, un 12,4%; la francesa, un 13,8%; y la canadiense, un 12%.

La evolución, además, sugiere que lo peor ya ha pasado. La contracción trimestral se concentra en mayo y junio, coincidiendo con el estado de emergencia nacional aprobado para embridar los contagios. Las ventas minoristas rebotaron con ímpetu en junio como reacción a los elefantiásicos paquetes de estímulo aprobados por el Ejecutivo de Shinzo Abe y destinados a familias y créditos a coste cero. El billón de dólares inyectado en junio dobló al del mes anterior hasta suponer en conjunto el 40 % de la producción bruta anual.

Japón se salvará de la ola de despidos y masivos cierres de empresas que amenazan al mundo gracias a las ayudas fiscales y un mercado laboral muy rígido. El envejecimiento demográfico y la escasez de mano de obra son un problema serio a largo plazo pero aseguran la paz social presente. En mayo, según las estadísticas oficiales, se contaban 120 ofertas de trabajo por cada centenar de pretendientes. Influye también esa concepción familiar de la empresa que frena los despidos. El director de Toyota, Akio Toyoda, subrayaba su compromiso social recientemente recordando que la empresa fabricó sartenes y plantó patatas tras la Segunda Guerra Mundial para salvar a sus empleados.

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La pandemia del covid-19 supone el enésimo contratiempo a los planes del primer ministro. Abe aprobó en 2013 sus célebres Abenomics, que consisten en una política fiscal expansiva, la relajación de la política monetaria y las reformas estructurales de un padrón caduco. Funcionó en un principio pero pronto dio síntomas de fatiga y la pandemia ha arrasado sus pequeños progresos. Los analistas juzgan que, en el horizonte más optimista, la economía japonesa necesitará tres años para recuperar sus niveles pre-coronavirus.

Son estimaciones necesariamente gaseosas y que dependen de la evolución de la pandemia. Japón, con apenas un millar de muertos, ha evitado los encierros forzosos que han gripado otras economías. Los rebrotes del mes pasado, sin embargo, forzaron la pausa de un ambicioso plan de turismo interno tras comprobarse que era prematuro. Abe ya ha aclarado que la economía nacional no soportará otro estado de emergencia nacional y prometido que hará todo lo posible para evitarla.

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