28 may 2020

Ir a contenido

INDUSTRIA

Primeras pruebas ferroviarias entre la mina de sal de ICL en el Bages y el puerto de BCN

La nueva terminal permitirá reducir el número de camiones de las carreteras y acelerar la reducción de excendentes salinos de Súria

Eduardo López Alonso

Terminal ferroviaria de FGC en las instalaciones de ICL en el puerto de Barcelona, donde llegan la sal y la potasa de las minas de Súria (Bages). 

Terminal ferroviaria de FGC en las instalaciones de ICL en el puerto de Barcelona, donde llegan la sal y la potasa de las minas de Súria (Bages). 

Port de Barcelona ha iniciado esta semana las primeras pruebas reales de transporte ferroviario entre la mina de sal y potasa que ICL Iberia tiene en Súria y su terminal en el puerto de Barcelona. Se trata de los primeros trenes, operados por Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC), que llegan a esta nueva terminal, donde ya se han comenzado a realizar también pruebas de carga de barcos. Una vez finalicen las pruebas, ICL prevé que la nueva terminal dedicada a la exportación de potasa y productos salinos esté plenamente operativa durante el próximo mes de junio.

Inicialmente se han realizado dos circulaciones diarias. La nueva terminal de sal y potasa que ICL Iberia ha construido el muelle Álvarez de la Campa es pieza capital del proyecto industrial que la compañía desarrolla en la cuenca minera del Bages. La infraestructura, que ha supuesto una inversión de 77 millones de euros, incluye un muelle de 460 metros de longitud, dos grúas de 52 metros de altura, dos almacenes de 22.000 metros cuadrados, una terminal ferroviaria en ancho métrico con cuatro vías de 450 metros de longitud y una estación de descarga de camiones. Toda esa infraestructura duplicará el volumen de minerales transportados en tren y reducirá el transporte por carretera, con 86.000 vehículos menos por año, según cálculos de ICL.

El convenio firmado, que durará 30 años entre FGC e ICL, aumenta el número de trenes de mercancías entre la comarca barcelonesa del Bages y el puerto de Barcelona y permitirá transportar hasta dos millones de toneladas de estos minerales anualmente. ICL prevé aumentar el tráfico de trenes hasta 24, de 290 metros de longitud. Cada vagón puede llevar 40 toneladas de peso y, por tanto, en cada convoy se transportan hasta 900 toneladas netas de potasa. El uso del transporte ferroviario conlleva una reducción de las emisiones de CO2 del 80% respecto al modo terrestre y ayudan a minimizar los ruidos y los accidentes por carretera.

ICL se ha comprometido a la restauración progresiva del depósito salino del Cogulló, puesto en marcha en 1977 para acumular  los desechos salinos de la extracción de potasas. El cierre del depósito comporta la purificación del material salino almacenado vendiéndolo como producto. Se prevé que los trabajos de restauración de este depósito duren 45 años.  

Por cada tonelada de potasa del Bages se generan tres toneladas de residuos de sal altamente contaminantes, por lo que ICL se comprometió a cambio del incremento de producción de potasas a la reducción de las montañas de sal ya acumuladas. La gran producción de sal de la zona ha causado polémica en el sector salinero, que ha visto a ICL como un competidor que ha recibido trato preferente de la Administración y tamaño suficiente para influir en los precios de la sal, aunque la mayoría de la producción se destina a usos industriales de bajo nivel (como sal para mantenimiento de carreteras en invierno).