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Economía

La productividad catalana pierde fuelle en lo que va de siglo XXI

Un informe del CTESC señala que la eficiencia productiva en Catalunya solo ha subido 0,3 puntos desde el 2000, marcada por el creciente peso del sector servicios

El organismo constata que Catalunya es la cuarta economía donde menos ha crecido el PIB per cápita desde el 2000, comparado con 37 estados con modelos productivos similares

Gabriel Ubieto

Los precios industriales aceleran su crecimiento en julio al 4,6% y suman 22 meses en positivo.

Los precios industriales aceleran su crecimiento en julio al 4,6% y suman 22 meses en positivo. / MIGUEL LORENZO (Archivo)

Catalunya no está haciendo los deberes en lo que va de siglo XXI en materia de desarrollo económico y su modelo productivo constata importantes carencias a nivel de productividad, reparto de la riqueza y acierto en las inversiones. Así lo refleja un informe del Consell de Treball, Econòmic i Social de Catalunya (CTESC) presentado este lunes, que deja datos como que la productividad solo ha subido 0,3 puntos desde el 2000 o que Catalunya es la cuarta economía donde menos ha crecido el PIB per cápita, comparado con 37 estados con modelos productivos similares.

"Una depresión, una inflación galopante o una guerra civil puede empobrecer a un país, pero solo el crecimiento de la productividad puede enriquecerlo", escribió en el 1994 el luego premio nobel de economía Paul Krugman. Y a este respecto y ya en un escenario de crecimiento y recuperación económica como el actual, el veredicto del CTESC contra el modelo de crecimiento de la economía catalana es demoledor: "Muestra uno de los perfiles más pobres en lo que respecta a la evolución de la productividad conjunta de los factores entre los países comparados", afirma el organismo en su informe.

El CTESC es una entidad de concertación social formada por Generalitat, patronales y sindicatos y, tal como ha declarado su presidente, Lluís Franco, durante la presentación del informe, todos los actores implicados han secundado de manera unánime las conclusiones del estudio. Ya lo alertó la Cambra de Comerç de Barcelona a principios de mayo con unas cifras parecidas: el crecimiento de Catalunya debe ganar en calidad. En este sentido, la secretaria de Economia de la Generalitat, Natàlia Mas, ha reconocido que que estos resultados "no son positivos" en comparación a otros países, y entre las posibles razones que explican esta dinámica ha destacado las dificultades de las empresas en la difusión e implementación de las innovaciones tecnológicas y una inversión en I+D inferior al 2% del PIB.

Un siglo XXI de devaluación

La pérdida de bienestar relativo se produce en Catalunya tanto en los años previos al estallido de la crisis económica (2000-2007), en los que retrocede comparativamente respecto a 31 de 37 economías; así como en los años de recesión (2007-2013), registrando la segunda peor evolución de los países analizados. Mejora durante la fase de recuperación, pero no al ritmo suficiente para paliar la brecha que separa a la economía catalana de sus referentes. Si el PIB per cápita catalán era equivalente en el 2010 al 99% de la media de la zona euro, en el 2016 (últimos datos analizados), dicha cifra bajaba hasta el 95,2%.

Catalunya se sitúa durante lo que va del siglo XXI en la parte media-baja de la tabla de productividad de las principales economías del planeta y se encuentra actualmente por debajo de la media de la Unión Europea (UE). A lo largo de los años 2000-2016 la economía catalana ha deteriorado su posicionamiento relativo en términos de productividad del trabajo frente a 22 de las 37 economías analizadas por el CTESC. Una evolución que el organismo señala que viene marcada por el creciente peso del sector servicios, con una productividad el 9% por debajo de la media, en detrimento de otros como la industria, con una productividad el 16% por encima de la media.

Malos inversores

En términos de productividad del capital, Catalunya es la quinta economía que menos o peor rédito le saca a sus inversiones. En el 2016 sus rendimientos eran el 16,5% inferiores a la mediana de las 37 economías analizadas y el 9,2% respecto a la media de los 28 estados que forman la UE. En este sentido, el CTESC remarca que el crecimiento de la economía catalana, así como la del conjunto de España, se ha realizado durante lo que va de milenio en base a acumular factores de producción, es decir, más capital y más mano de obra. Pero no mejorando de manera “significativa” ninguno de estos factores.

Catalunya produce más, pero porque destina más recursos para hacerlo. En este sentido, el CTESC recuerda que está pobre evolución se produce en un contexto “en que la economía catalana tiene una dotación de capital por habitante y una relación capital-trabajo relativamente elevadas, que la sitúa en el grupo medio alto a nivel de dotación de capital en el conjunto de países comparados”. Es decir, el problema no es que Catalunya ande falta de recursos.

Bonanza histórica

Las conclusiones del CTESC reflejan brechas sustanciosas respecto a economías que habitualmente sirven de referencia para la sociedad catalana y que, en algunos casos se han agravado en lo que va de siglo XXI. A nivel de PIB per cápita, el catalán era el 8,2% inferior en el 2000 que el de las 19 primeras economías de la UE. En el 2016, dicha cifra escalaba hasta el 10,3%. El balance con Estados Unidos también sale negativo, ya que del 22,8% por detrás del 2000 se evoluciona a una distancia del 28,4% en el 2016.

No obstante, la histórica bonanza de Catalunya respecto a otras economías vecinas todavía le permite salvar algunas comparaciones. El PIB per cápita catalán fue en el 2016 el 66,7% superior al portugués, el 64,9% superior al griego o el 18,6% superior al español.