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Futuro del empleo

La renta básica, una de las respuestas ante la automatización

Uno de cada cinco trabajadores en España ve peligrar su puesto de trabajo en la próxima década ante el avance tecnológico

Gabriel Ubieto

Imagen de archivo de unos robots sirviendo mesas en un restaurante.

Imagen de archivo de unos robots sirviendo mesas en un restaurante. / Reuters (Archivo)

Los avances tecnológicos prometen revolucionar el mercado laboral en todo el mundo y los trabajadores españoles son conscientes de ello. La omnipresencia de las máquinas y la automatización de los procesos entrañan bondades y también riesgos, aunque estos últimos todavía son percibidos como lejanos. Apenas uno de cada diez ocupados en España considera que actualmente su puesto de trabajo esté amenazado por la irrupción inminente  de una máquina o software, tal como indica un reciente estudio elaborado a cuatro bandas entre el instituto Future For Work, la consultora Randstad, el sindicato UGT y la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). No obstante, si la mirada se alarga a diez años vista, la amenaza laboral se extiende a uno de cada cinco trabajadores.

Cómo se reestructurará el mundo del trabajo y cómo se redistribuirá la riqueza generada durante el siglo XXI es un debate que viene de mucho antes y el catedrático de economía aplicada de la Universidad de Sevilla, Juan Torres, acaba de publicar un manual sobre una de las posibles herramientas para paliar algunos de sus efectos más nocivos: la renta básica. El libro "La renta básica" (Editorial Deusto) se propone analizar al detalle los pros y los contras de esta medida, así como su trayectoria teórica y práctica hasta la fecha.

Torres cuenta en su libro que la relación entre la renta básica y la automatización es un debate que viene de lejos. Ya en la Holanda de los años 80 esta se introdujo en las esferas sindicales, donde empieza una discusión con el run-run de fondo de "los robots están llegando".

Nuevos retos, nuevas derechos

La renta básica es una prestación que, a grandes rasgos, cobra una persona como ingreso mínimo vital por el mero hecho de ser ciudadano. "Puede romper el vínculo que actualmente existe entre empleo como forma paradigmática de la actividad que crea riqueza y entre ese empleo y el ingreso", afirma Torres. No obstante, el economista advierte que ni este mecanismo es actualmente aplicable en España ni, si lo fuera, resolvería por si solo las bolsas de desempleo que puede generar la automatización y digitalización de la economía. "La gran dependencia que tenemos de un sector servicios de bajo valor añadido dificulta generar políticas redistributivas ambiciosas", declara.

Los detractores de esta medida alegan que ese ingreso mínimo desincentiva la búsqueda de empleo de determinadas capas de la población, que según la estadística serán las más perjudicadas por el cambio tecnológico. Volviendo al estudio de la UOC, una de cada tres personas considera que dicho cambio mejorará su trabajo en la próxima década, opinión que es más frecuente contra más estudios se tienen.

Cómo evitar que la sociedad se fracture entre grandes bolsas de ocupados y grandes bolsas de parados crónicos combinados con personas que intermitentemente saltan de una a otra es uno de los retos que las economías modernas tienen por delante, según explica Torres. La renta básica puede ser uno de los engranajes que articule ese nuevo modelo, que a su vez deberá afrontar una segunda división: entre aquellas personas con la ciudadanía reconocida -y sus derechos vinculados- y aquellas excluidas.