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ORGANISMOS INTERNACIONALES

El Banco Mundial se asegura de que Trump no podrá elegir a su presidente

El organismo avanza 10 meses las candidaturas para anticiparse a las elecciones en EEUU

La plantilla critica la falta de transparencia en el proceso para reelegir a Jim Yong Kim

Ricardo Mir de Francia

El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, durante una intervención en la ONU.

El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, durante una intervención en la ONU. / EFE / JUSTIN LANE

Los gobernadores del Banco Mundial se comprometieron en el 2011 a seleccionar a su presidente en un proceso "abierto, transparente y basado en el mérito". Aquellas reformas permitieron que, por primera vez en siete décadas, más de un candidato compitiera por el puesto. Pero cuatro años después el reloj se ha detenido.

El discutido médico estadounidense Jim Yong Kim está llamado a ser reelegido sin oposición el mes que viene, después de que el banco adelantara el proceso de selección y recurriera como antaño a los pactos a puerta cerrada. El adelanto impedirá que el próximo inquilino de la Casa Blanca tercie en el nombramiento, lo que blinda la presidencia ante una posible victoria de Donald Trump en las elecciones del 8 de noviembre. 

El discutido presidente 

está llamado a ser reelegido al no haber otros candidatos 

Ni los tiempos ni las formas han gustado a la plantilla, ya de por sí muy descontenta con la gestión de Kim. Días antes de que se abriera el proceso de selección en agosto, su asociación de empleados dijo que la institución sufre "una crisis de liderazgo" y reclamó una selección basada en el mérito para dejar atrás aquel pacto tácito de la conferencia de Breton Woods (1944) por el que Washington elige a dedo al presidente del Banco Mundial, y Europa, al del Fondo Monetario Internacional (FMI). La carta advertía además que el banco se arriesga a convertirse en "un anacronismo en la escena internacional" ante la proliferación de bancos regionales de desarrollo.

BUEN GOBIERNO

"El Banco Mundial predica a sus clientes los principios del buen gobierno, pero luego no se los aplica en la selección de su presidente", asegura a este diario Daniel Sellen, director de la asociación de empleados, que representa a 10.500 de los 15.000 trabajadores del banco. "Parece que el proceso ha sido diseñado específicamente para disuadir a otros posibles candidatos". 

La cuestionada “revolución” de Kim 

Curtido en su juventud como médico y cooperante en los barrios más pobres de Perú o Haití, la elección de Jim Yong Kim hace cuatro años fue muy bien recibida desde diversos ámbitos. Por primera vez, un hombre ajeno al mundo de las finanzas y la política iba a dirigir el banco que hizo estragos en los noventa con sus ajustes estructurales. Kim se propuso devolverle el alma y emprendió la mayor reforma de la institución en dos décadas para hacerla más eficiente ante la pujanza de otros bancos de desarrollo. Agrupó a los trabajadores por áreas de especialización, en lugar de por regiones, y se propuso recortar el gasto en 400 millones de dólares.  

Pero la reforma se está haciendo eterna y ha sido criticada tanto desde dentro como fuera del banco. "Solo uno de cada tres (empleados) entienden hacia dónde nos está llevando el liderazgo", decía el mes pasado la asociación de empleados del banco basándose en las encuestas internas. El ajuste ha comportado 500 despidos y hay quejas de que se ha reemplazado a gente experimentada con novatos. Al mismo tiempo salió a la luz que se estaban pagando generosas gratificaciones a los directivos del banco. Y también se acusa al liderazgo de opacidad y escasa tolerancia a la disensión. 

Al desconcierto de la plantilla, también ha contribuido la decisión de Kim dedicar recursos a cuestiones ajenas a la organización, como la lucha contra el ébola o el cambio climático. Al mismo tiempo, se ha avanzado poco en la protección de los derechos humanos. Un informe de la ONU indicó el año pasado que el Banco Mundial trata los derechos humanos más como una enfermedad infecciosa que como valores y obligaciones universales. 

El mandato de Kim no acaba hasta el 30 de junio del 2017 y lo normal es que el proceso de reelección no hubiera comenzado hasta seis meses antes. Pero esta vez la institución dedicada a financiar infraestructuras en los países en desarrollo y a combatir la pobreza decidió adelantarlo 10 meses.

El pasado 24 de agosto, Kim anunció su candidatura y esa misma noche el Departamento del Tesoro de EE UU le dio su "completo respaldo".Poco después le siguieron el grueso de los directores ejecutivos que representan a los 189 países miembros. "Eso es equivalente a que el panel de selección declare públicamente a su candidato preferido antes de que se produzcan las entrevistas", dice Sellen. Ningún otro candidato optó por presentarse. 

PREOCUPACIÓN POR TRUMP

Aunque desde el Banco Mundial se asegura que los tiempos del proceso de selección cumplen con los estándares habituales, el adelanto le ha servido a Kim para que su cargo no dependa de Trump o Clinton. "Kim ha estado diciendo que mejor me elegís a mí ahora porque si no Trump podría ganar y nombrar a su candidato. Todo el proceso ha sido una farsa, planeada para que acabara antes de las elecciones en EEUU", dice Hafed Al Ghwell, que dejó el banco en 2015 tras 16 años

Sobra decir que Trump genera preocupación entre muchos de los accionistas del banco. El candidato republicano ha amenazado con reducir la huella de EEUU en las instituciones internacionales y ha criticado el llamado "globalismo", la idea de buscar soluciones conjuntas a los problemas del mundo. 

CERCANÍA DE KIM A HILLARY CLINTON

Menos miedo debería tener Kim a Hillary Clinton porque, según publicaron medios como el 'New York Times', fue la entonces secretaria de Estado quien propuso su nombre en el 2012 a Obama. Kim se había ganado una buena reputación por su trabajo en el ámbito sanitario en países pobres, que Hillary conocía de primera mano.

La intención de Trump de reducir el peso de EEUU en el organismo ha activado las alertas 

"Todo esto no nos ayuda", dice un veterano empleado europeo del banco. "No somos un brazo de la política exterior de EE UU, pero al mantener este arcaico sistema para nombrar a nuestro presidente, se genera la impresión de que sí lo somos". Otra fuente discrepa. "En gran medida estamos alineados con un cierto tipo de política exterior: la de EE UU".

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