SENTENCIA PIONERA

Una jueza concede la incapacidad laboral por una enfermedad rara

La mujer enferma padece el denominado "transtorno de somatización" grave, una dolencia de difícil diagnóstico

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J. G. Albalat
J. G. Albalat

Redactor

Especialista en Judiciales

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Un juzgado social de Barcelona  ha declarado la incapacidad permanente absoluta de una mujer de 51 años, de profesión grabadora de datos de una empresa, por sufrir un “trastorno de somatización” grave. Los afectados por esta enfermedad tienen dolores reales que, sin embargo, no son explicables médicamente y no tienen un origen identificable. El Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) había desestimado su petición en el 2013.

La magistrada Carmen Briones Jurado, titular del Juzgado de lo Social número 24 de Barcelona, ha aceptado la demanda interpuesta por el centro médico-jurídico Tribunal Médico, que representa a la trabajadora. No solo ha declarado la incapacidad para realizar todo tipo de trabajos, con efectos del 1 de febrero del 2013, fecha en la que INSS le denegó la incapacidad, sino también el derecho a percibir una pensión mensual equivalente al 100% de su base reguladora de 1.043 euros.

l trastorno de somatización puede ser algo difícilmente reconocido como enfermedad, a pesar de los síntomas. Estos interfieren negativamente en la vida social, laboral y personal del paciente. La demandante padecía, además, una patología psiquiátrica (distimia). Los abogados demostraron que, tras el tratamiento, la mujer sufría “amplias limitaciones funcionales que hacían impensable la posibilidad de reinserción laboral”, detalla la sentencia, “no quedando capacidad en términos de rentabilidad y eficacia exigibles por cualquier empresario”.

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POCOS DIAGNÓSTICOS

Según los pocos estudios que existen en este campo, se estima que en España tan sólo un 1% de los pacientes vistos por el médico de familia -que acuden retiradamente al centro de salud- son diagnosticados finalmente de trastorno de somatización. Los expertos concluyen, además, que su calidad de vida es incluso peor que la de otros con trastornos crónicos, como el parkinson.