29 mar 2020

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NOU BARRIS

Tapas decanas

El restaurante La Esquinica cumple 40 años con el protagonismo de bravas, chocos y otras 50 especialidades

El reputado negocio arrancó en una esquina del Turó de la Peira

CARME ESCALES
BARCELONA

El próximo martes, cuando las persianas del restaurante La Esquinica, en el 296 del paseo de Fabra i Puig, vuelvan a levantarse tras su descanso navideño, el local entrará en un año de celebración. Hace 40 años que su propietario, José María Utrillas, abrió un pequeño bar de tapas en la esquina de las calles del Montsant y Cadí, en aquel Turó de la Peira cicatrizado por la aluminosis. Fue el 26 de agosto, un final de verano no muy propicio para un principio de negocio. El invierno enseguida llegó y con frío severo. «Fue muy crudo. Dentro solo teníamos ocho mesas. Lo bueno de aquel primer local era la terraza, con sus 15 o 20 mesas», explica el dueño.

Pero aquel maño que había dejado su pueblo de Celadas, en Teruel, porque no le convenció quedarse a labrar la tierra y cuidar ovejas, persistió. «Cuando veía que tantas de mis horas, de 8 de la mañana a 12 de la noche, valían cero estuve a punto de tirar la toalla. Pero no lo hice», recuerda Utrillas.

Mil kilos de bravas

La confianza ayudó a llegar hasta la primavera y, con ella, empezaron a florecer unos primeros clientes que unos a otros se fueron contagiando las ganas de probar las patatas bravas de La Esquinica.

Hoy, en un local más amplio y mejor comunicado, se sirven alrededor de mil kilos de patatas bravas cada semana. ¿El secreto? «Poco secreto hay: solo servirlas recién hechas, y la salsa», asegura Utrillas sobre la tapa estrella: cuadros de patata coronados con una crema donde impera el ajo.

Pero en la carta de La Esquinica, conocida en toda la ciudad por un auténtico boca-oreja, hay hasta 50 productos diferentes. El choco, los pinchos morunos, los pimientos de padrón, el pulpo a la gallega y la longaniza de Aragón comparten mesa con las populares bravas. Todo, para consumir in situ o para llevarse a casa. «Sobre todo en los días de partido, preparamos mucho para llevar», dice Utrillas.

Desde que la aluminosis les obligara a abandonar su primera ubicación, la que le dio nombre al local, en aquella esquina de Montsant y Cadí, La Esquinica ha ganado espacio, mesas en el interior y en la terraza, sin perder algo más auténtico aún que cualquiera de las tapas que sirven. La amabilidad, simpatía y humor del personal que atiende, en su mayoría aragoneses, se mueve acorde al salero mañico que ha hecho todavía más grande el negocio.

El reparto, a mano, de números para guardar cola en la salica de espera, como reza el cartel sobre la acera, frente al local, sigue siendo su mejor publicidad y carta de presentación. No obstante, algunas guías de Barcelona publicadas en diferentes países también conducen a turistas hasta la entrañable Esquinica.