Opinión | Golpe franco

Juan Cruz

Juan Cruz

Periodista y escritor. Adjunto al presidente de Prensa Ibérica.

Crónica de un desastre familiar, por Juan Cruz

El Girona asalta al campeón para ser el líder de la Liga

LaLiga - FC Barcelona v Girona

LaLiga - FC Barcelona v Girona / ALBERT GEA

Le dije a mi compañero Paniagua a mediodía que por la noche celebraríamos un tres a uno. Al comienzo del partido, cuando Pedri se calzó sus guantes contra el frío de Montjuïc, dije a los que estaban a mi lado que Pedri era mucho más que un club, y que a él le deberíamos algunos de esos tres goles que quise adivinar con Paniagua

Cuando ya íbamos 0-1 seguí creyendo en Pedri y en algunos más, porque un aficionado del Barça sólo se rinde cuando, algunos minutos antes del final, el equipo va 1-2 y perdiendo. Con esa alegría entontecida con la que jugamos al fútbol desde la silla de espectador doméstico, había asistido al empate ilusionado de Lewandowski y había esperado, siempre es así, que Pedri terminaría salvándonos de la desgracia. 

Albert Camus tiene una frase memorable en su mejor libro, 'El extranjero', cuando aquel personaje lleno de odio confiesa que ha tocado ya en la puerta de la desgracia. En un momento diabólico del partido, cuando el Barça se sometió a la ley de su propio desdén por defender como Dios manda, vi cómo entraba el tercer tanto en la red del Barça como si viniera enviado por un familiar loco que maneja los hilos del desastre desde el balcón de Girona donde habita el mago que hace que el equipo de aquellos colores le saque ahora a Xavi y a todos los parientes de este desastre familiar que vamos juntando para vergüenza o escarnio del tiempo que vivimos.

Ejército sin miedo

Fue un desastre familiar; en mi casa me dejaron solo ante la pantalla, y al final, casi quince minutos antes de que terminara el partido y ya viendo vendido al equipo en su estima y en sus líneas, cautivo y desarmado por un ejército sin miedo, me vine a escribir sobre un ordenador que, en otro tiempo, asistía a la rapidez con la que la pluma se convertía en alegría de contar cómo Pedri, o Messi, nos salvaban de la nada en la que se ahora se refugia mi sintaxis y también mi vergüenza o mi tristeza. 

El Barça ya es vulnerable de arriba abajo, nos decepciona como nosotros nos decepcionábamos en la escuela cuando no entraban por el sitio adecuado las jugadas que parecían imaginadas por Foncho o por Kubala, que eran nuestros ídolos de tiempos igual de inciertos. Han pasado muchos años, somos más viejos, tenemos menos ilusión porque ahora estamos tristes haciendo esta crónica de un desastre familiar. 

¿Y ahora? Ahora a nadar a la playa siendo el agua salada las lágrimas que corresponden a esta derrota que parecía haber sido conjurada hace una semana o dos, cuando Xavi, eso creíamos, había dado con la tecla. La tecla era una ilusión, igual que esta máquina de escribir estaba esperando con ilusión que de estos dedos saliera un canto de amor a las botas de los que hoy sólo mojaron dos y fue para nada. De ilusiones también se pierde.