08 jul 2020

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ACTUALIDAD BLANQUIAZUL

La depresión del Espanyol: la agonía interminable

El equipo perico camina sin remedio hacia Segunda tras ocupar la zona de descenso en 31 de las 32 jornadas de Liga

La crisis se ha llevado por delante a tres entrenadores (Gallego, Machín, Abelardo) y dos ejecutivos (Guasch, Perarnau)

Raúl Paniagua

Raúl de Tomás se apoya en el árbitro Mateu Lahoz durante el partido ante el Madrid del domingo. 

Raúl de Tomás se apoya en el árbitro Mateu Lahoz durante el partido ante el Madrid del domingo.  / REUTERS

A 20 días del final de Liga el Espanyol sabe que solo un milagro de dimensiones siderales puede evitar su quinto descenso a Segunda en 120 años de historia. No puede decirse que sea una sorpresa en una temporada convulsa en todos los sentidos que afronta su desenlace tras el parón obligado por el coronavirus.

El desastre empezó a gestarse muy pronto. A mediados de agosto, el Espanyol ya era último tras la primera jornada, saldada con un 0-2 en Cornellà ante el Sevilla. Once meses después, la tragedia está cerca de confirmarse con una agonía interminable hacia el infierno de Segunda 27 años después de su última presencia.

Paso efímero

"¡Que nunca más vuelva a hablarse aquí de Segunda División!", proclamó Francisco Perelló el 23 de abril de 1994. El expresidente del Espanyol, fallecido en el 2003, expresaba su deseo justo el día que el equipo dirigido por José Antonio Camacho se aseguró el ascenso a la categoría perdida un año antes. 

Los jugadores pericos durante una pausa de hidratación el domingo / AFP7

Las cuatro veces que el club perico transitó por Segunda (1993-94, 1989-90, 1969-70 y 1962-63) tuvo un paso efímero por la categoría. Ese empieza a ser el objetivo más realista de un equipo que este curso ha devorado a tres entrenadores (David Gallego, Pablo Machín, Abelardo Fernández) y dos ejecutivos, el director general corporativo (Roger Guasch), despedido por Chen Yansheng en diciembre, y el director general deportivo (Òscar Perarnau), que salió del club en mayo.

Torcido desde el inicio

Todos los movimientos han fortalecido la figura de Rufete, el actual entrenador y responsable de una plantilla decepcionante. El bloque que acabó la pasada Liga en séptima posición y volvió a Europa 12 años después se desangra ahora en las catacumbas. Parece mentira, pero el Espanyol ha estado en puestos de descenso en 31 de las 32 jornadas del campeonato. Solo en la cuarta, con aquel triunfo en Eibar (1-2) salió por un momento a flote.

Rufete da instrucciones a sus jugadores ante el Madrid / EFE

Pronto volvió a hundirse y cayó Gallego, el sustituto de Rubi. Fue el único triunfo del técnico de Súria, aún peor le fue a Machín y el Pitu fue incapaz de completar su faena. Ni siquiera los 40 millones gastados a la desesperada en Raúl de Tomás (21), Embarba (10) y Cabrera (9) han podido enderezar un camino torcido desde el inicio.

Nefasto en casa

La peor temporada de la historia del Espanyol se corrobora especialmente en casa, con solo dos victorias en 16 partidos. El tramo final, con Leganés, Eibar y Celta como últimos visitantes en Cornellà, parecía propicio para la hazaña, pero el tiempo se está agotando. El desastre está demasiado cerca.

Pacheta, exjugador perico y actual técnico del Elche, suena para el banquillo perico en el próximo curso

Rufete, que solo había entrenado antes al Ibiza, concluirá el curso en el banquillo y pilotará la remodelación absoluta de la plantilla. Queda por ver qué ocurre con fichajes como los de Vargas (10,5 millones) y Calero (8), que han tenido un rendimiento decepcionante en su estreno.

La lista de bajas será muy amplia y tocará acertar con el presupuesto más alto de la categoría si finalmente se confirma un descenso que podría incluso sellarse en el Camp Nou. "La salvación está cada vez más difícil. Los resultados de los otros empiezan a ser importantes. Con afición en el estadio, no habríamos perdido contra el Madrid", apuntó el técnico, que también trabaja en su sucesor. Pacheta, exjugador perico y actual preparador del Elche, es el primer nombre que suena con fuerza.