17 feb 2020

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RIVAL DEL BARÇA

La montaña rusa del Valencia

El club de Mestalla vive instalado en un carrusel emocional y deportivo desde hace un año

Aún no ha cicatrizado las salidas de Marcelno y Mateu Alemany en el último trimetestre de 2019

Nacho Herrero

Rodrigo Moreno en el entrenamiento del pasado viernes junto al resto de sus compañeros

Rodrigo Moreno en el entrenamiento del pasado viernes junto al resto de sus compañeros / MIguel Lorenzo

La última vez que el Barça se enfrentó al Valencia, el pasado mes de septiembre, acaba de 'explotar' por la fulminante destitución de Marcelino García Toral; la anterior, en mayo, estaba en un subidón tal que le birló el título de Copa; y cuando lo recibió tres meses antes en el Camp Nou estaba saliendo de una larga depresión que estuvo a punto de costarle el cargo al técnico. Todo eso le pasó en solo un año a una entidad que sigue viviendo en una montaña rusa emocional y deportiva.

En los cuatro meses que han pasado desde aquel último choque en el Camp Nou, el Valencia ha pasado por tropocientos estados de ánimo. Aquel mismo 14 de septiembre, tras la bofetada del 5-2 recibido, volvió a incendiarse y la cerilla la tiró el propio club con un tuit.

“Hemos sufrido pero debemos unirnos los que amamos al Valencia. Sin luchas, ni distracciones que solo nos dañan. Es lo que hay. Cerramos filas y defendemos el VCF. Sin mirar nunca atrás” , se leyó en la cuenta oficial del club.

La burda vinculación de las críticas con la falta de sentimientos por club y el sobrado ‘es lo que hay’ caldearon los ánimos de la afición pero también los de un vestuario que seguía sin digerir la marcha de su líder y que se negaba a que le usaran de escudo, pues nadie quería explicar lo ocurrido.

Con ese ambiente, Albert Celades se encontró con una huelga de silencio de los jugadores. Nadie se sentó a su lado en la previa del debut de Champions en el campo del Chelsea. El presidente Anil Murthy tuvo que negociar con los pesos pesados para que volvieran a hablar y les prometió que él daría la explicación de lo ocurrido y que se contaría con ellos en decisiones de tanto calado.

Se tomó un mes para darla y le dio tiempo a avivar las llamas, mandando callar a la afición de Mestalla cuando cantaba contra él y contra Lim en octubre. Así pudo aprovechar la entrevista con los medios del club para afirmar que no volvería a ocurrir y para asegurar que Marcelino desafiaba constantemente el modelo que querían implantar.

A todo esto, Mateu Alemany estaba pero no estaba. El director general que había rescatado a un club que coqueteaba con el descenso y le había devuelto a la elite española y europea deambulaba por una entidad que ya no le quería pero no quería dejarle marchar. Cuando por fin lo hizo, explicó que en el día a día se tenía que comunicar con Peter Lim, el propietario, mediante intermediarios.

Celades, de puntillas

El equipo, mientras, ha cumplido en el césped. Empujado por la inercia competitiva que tenía se ha movido en la zona media de la Liga y se ha metido en los octavos de la Champions.

El comedido Celades ha dado continuidad a las líneas generales de su antecesor y se ha ganado el respaldo del  vestuario, aunque no la fe inquebrantable que tuvieron con Marcelino. El equipo ha perdido gran parte de la seguridad defensiva sobre la que se construyó y ha ganado algo de desparpajo en ataque.

De la Champions a la Supercopa

Con la meritoria clasificación europea firmada en la última jornada en el campo del Ajax parecía que todo volvía a ir hacia arriba, pero no. La pobre derrota en las semifinales de la Supercopa ante el Real Madrid y la triste imagen del domingo en Mallorca apuntan a que el equipo y el club están en un ‘falso llano’ y no se sabe si el vagón va para arriba o está a punto de despeñarse.

No hay semana tranquila y en esta, sin ir más lejos, el Valencia ha contratado a César Sánchez como director deportivo. En la siguiente puede que se tenga que estrenar ‘comiéndose’ la venta de Rodrigo, santo y seña de una entidad sin freno.

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