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EL ADIÓS DE UNA SUPERCAMPEONA

Erika Villaécija se va aclamada de la natación

La nadadora dice adiós a los 34 años en medio del reconocimiento de dirigentes, compañeros y entrenadores

Joan Carles Armengol

Erika Villaécija, con el oro del Mundial de Dubái del 2010 en piscina corta.

Erika Villaécija, con el oro del Mundial de Dubái del 2010 en piscina corta. / JORDI COTRINA

Erika Villaécija ha vivido este lunes uno de los días más emotivos de su vida. Tenia motivos para creer que podía ser amargo, porque en definitiva se trataba de comunicar que, despues de 19 años en la élite, deja la natación, la actividad que más la ha llenado a lo largo de toda una vida dedicada a ella. Pero fue un día radiante porque la barcelonesa de Horta recogió, a sus 34 años, todo el cariño y el reconocimiento que ella misma había sembrado en su larga y triunfal carrera como deportista.

Acompañada de la familia, amigos, entrenadores, muchos compañeros de pileta y autoridades, la nadadora más laureada hasta la irrupción imparable de Mireia Belmonte ha desgranado los motivos que la han llevado a decir adiós, ha recordado sus innumerables éxitos y ha hablado, claro está, de proyectos de futuro, relacionados a partes iguales entre el deporte -"nunca dejaré de ser una nadadora", ha confesado- y su nueva dedicación profesional en recursos humanos en una consultoría. Todo ello lo compaginará con cuatro días a la semana de entrenadora a los benjamines del Natació Sabadell, su club actual, después de haber pasado por el Horta (su barrio natal), L'Hospitalet y el Sant Andreu.

"Fortuny, mi segundo padre"

La hora de la retirada ha llegado después de una larga reflexión y del cambio en las circunstancias laborables de Erika. "Me ha costado mucho, pero buscaba un equilibrio para que no me encontrara sin nada que hacer cuando lo dejara", ha explicado la nadadora, que antes del adiós definitivo aún va a competir en los campeonatos de España en piscina corta en Barcelona, del 15 al 18 de este mes, y en la Copa de clubs de diciembre para dar los últimos puntos de su vida al Sabadell. "Me ilusionaba llegar a mis quintos Juegos Olímpicos en Tokio 2020, pero mi logística del día a día, con mi trabajo en Better Consultants, ha cambiado y mis prioridades también. Las oportunidades pasan cuando pasan y hay que aprovecharlas".

Erika Villaécija recibe en su adiós el homenaje de la natación. / JORDI COTRINA

En la hora del adiós, arropada por Jessica Vall, Marina García, Judith Ignacio, Aschwin Wildeboer y Juanmi Rando, entres otros colegas, Erika solo ha tenido palabras de agradecimiento para todo el mundo. Para su madre -"por levantarme cada día a las seis de la mañana"-, para su padre, por el ejemplo dado, para los clubs -"me he dejado la piel en todos"-, para el CAR de Sant Cugat -"mi segunda casa"-.... Pero con nadie se ha emocionado tanto como al referirse a su entrenador de toda una vida, Joan Fortuny. "Has sido mi segundo padre", ha dicho entre sollozos. "Me has hecho lo que soy ahora, me has enseñado a superarme y a creer en mí... Vas a estar en mi vida para siempre".

Dos amagos de retirada

Erika Villaécija ha comparecido en el Museu Colet de Barcelona con una única de las 21 medallas internacionales (5 de ellas en Juegos Mediterráneos) ganadas a lo largo de su larguísima y prolífica carrera. "Todas las medallas han tenido para mí un significado, porque son el reflejo de un esfuerzo, pero esta es el oro que gané en los Mundiales en piscina corta de Dubái, en el 2010, en los 800 metros libre, y es el símbolo de la lucha de muchos años, porque llegó dos después de querer retirarme".

Sucedió en el 2008. La nadadora llegaba a sus segundos Juegos con la segunda mejor marca en los 800 metros, pero fracasó con todas las de la ley en Pekín (no llegó ni a semifinales). "Estaba decidida a retirarme, pero mi hermano Àlex me dijo: 'Vámonos tres semanas de vacaciones y luego, si quieres, entrenaré contigo'. Y me convenció para seguir". También siguió tras el Mundial de casa, el de Barcelona 2013, porque pudo más la ilusión de llegar a Río 2016 en aguas abiertas, la modalidad que cultivó en los últimos años y compaginó con la piscina. 'Never a failure, always a lesson', luce tatuado en su cuerpo. Y eso ha hecho Erika: 'Nunca un fracaso, siempre una lección'. Incluso en la hora del adiós.

Temas: Natación

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