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UNA CARRERA EN LA PICOTA

Semedo, baja por prisión

El defensa del Villarreal pasa de promesa de la élite del fútbol europeo a preso preventivo

Ha pedido poder ir más al gimnsaio en la cárcel pero el club la ha suspendido de empleo y sueldo

Nacho Herrero

Rubén Semedo, en el juzgado de Llíria.

Rubén Semedo, en el juzgado de Llíria. / EFE / MANUEL BRUQUE (EFE)

Rubén Semedo inaugurará este sábado una nueva categoría en las listas de bajas del fútbol español. Se perderá el choque del Villarreal ante el Getafe no por lesión o por decisión técnica sino por estar en prisión. Desde el jueves, está en la cárcel acusado de seis delitos, entre ellos homicidio en grado de tentativa y detención ilegal, es decir, secuestro.

Su prometedora carrera está, en el mejor de los casos, en el alambre cuando hace seis meses parecía que iba directo a la élite europea. Jorge Jesús, histórico entrenador luso, vaticinó que antes o después iba a ser "a ser el central de la selección portuguesa". Tras conocer su ingreso en prisión dijo estar "sorprendido" pues el tiempo en el que estuvo a sus órdenes en el Sporting "fue siempre un profesional ejemplar".

Nació y creció en Amadora, una ciudad pegada a Lisboa. Sus padres eran de Cabo Verde y su progenitor entró en la cárcel cuando él tenía cinco años. Se crió en el conflictivo barrio de Casal da Mira y de aquella etapa le quedaron su gusto por el reggae, amistades peligrosas y una denuncia por conducir sin carnet en una juerga.

Tranquilo en Reus

Con 16 años había ingresado en la ‘Academia de Los Leones’ del Sporting de Portugal, donde se forjaron Figo o Cristiano Ronaldo. Tres años después el club le buscó un cambio de aires y lo cedió al Reus. Allí se fogueó en Segunda B pero sobre todo puso algo de orden en su vida. Pudo ayudar que acabara de ser padre. Cuenta un excompañero suyo en aquel vestuario que era un poco más ‘bala’ que otros, pero nada más.

"Fue importante para apartarme del ambiente en que estaba, de las malas influencias, y no dejarme consumir por eso. Fue muy bueno para mí. Reus es una ciudad tranquila, me trataron siempre bien", explicó a MaisFutebol en mayo de 2016.

Pero desde que volvió a España, tras pagar el Villarreal 14 millones por él este verano tras brillar en las dos anteriores ediciones de la Champions, su vida ha sido de todo menos tranquila. Dos lesiones y un paso por el quirófano han hecho que acumule menos partidos (5) que posibles delitos (6).

Aparentemente cumplía con las obligaciones de su recuperación y se seguía mostrando simpático y dicharachero. Pero cuando volvía a su casa en una lujosa urbanización cerca de Valencia era otra historia. Cuando no montaba fiestas en la discoteca que tenía en un garaje, quemaba la noche de la ciudad. De ahí nacieron sus tres primeras imputaciones. Por romper una botella en la cabeza, por agarrar del cuello y por amenazar de muerte con una pistola. Parecía mucho en su momento, pero ahora se ha quedado en una anécdota.

Una pistola en casa

Al parecer, Semedo, un primo suyo y otro amigo citaron a un hombre en el chalet del jugador, le golpearon con bates de béisbol y el futbolista amenazó con cortarle un dedo. Después le arrebataron las llaves de su casa y lo dejaron encerrado en una habitación de la vivienda, entraron en su casa, le robaron 24.000 euros y varios relojes y recuperaron una prueba de otro delito. Tras detener al jugador, la Guardia Civil registró su casa y encontró una pistola. Según su abogado fue "víctima de una burla" económica y no supo gestionarlo.

De momento, aunque ha pedido ser trasladado a un ala más tranquila de Picassent para trabajar en el gimnasio su recuperación, el Villarreal le ha suspendido de empleo y sueldo. Es el primer paso para cortar un contrato que le puede suponer otros 12 millones de gastos. Los 14 del traspaso ya los dan por perdidos.

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