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Ona Carbonell: "Tengo un mundo interior muy vivo"

Entrevista con la medallista olímpica de natación sincronizada, que publica la biografía 'Tres minutos, cuarenta segundos'

ALBERT GUASCH / BARCELONA

La nadadora de  sincronizada Ona Carbonell presenta su libro biográfico de memorias. / JORDI COTRINA

La noche anterior ha llovido en Barcelona, pero ahora hace sol. Ona Carbonell se sienta en un banco mojado y da un respingo. El vestido se le ha humedecido. El agua, su hábitat natural, le ha dado muchos momentos de plenitud. También de amargura y de lágrimas. El vestido, aunque hubiera quedado empapado -que no es el caso- justo al principio de la promoción de su flamante libro, no merecería mención alguna en la intensa biografía novelada que es 'Tres minutos y cuarenta segundos'.

Cabalgan sobre sus páginas el esfuerzo extremo, la disciplina marcial, la (casi) insoportable presión, nervios que agarrotan y dolor que se anestesia sobre todo con la determinación competitiva. Es un relato de amor propio, de preparaciones largas y explosiones de alegría cortas, de vivencias en el deporte profesional procesadas para la vida personal, de aprendizaje y maduración. Siempre a lomos de la voz propia de Ona y su animado mundo interior.

-¿Ha escrito usted misma este libro? Sí, con la ayuda de Santi Anaya, que es guionista, para darle forma. Pero sí, lo he escrito yo.

-¿Le gusta escribir? Mucho. Soy una persona muy emocional y por teléfono o a viva voz es más difícil explicar los sentimientos. En mi familia tenemos mucha tradición de comunicarnos de forma epistolar. De hecho, antes de irme a Río, mi hermano me escribió un poema. Y mi padre también lo hace. Él ha escrito incluso una novela negra.

Ona Carbonell

NADADORA DE SINCRONIZADA

Soy muy obsesiva. Y muy exigente conmigo misma. A veces me paso"

-El libro es un viaje introspectivo. Para las cosas buenas y para las malas. Algunas, al rememorarlas, se me aceleraba otra vez el corazón. Momentos difíciles que, mirando muy al fondo de ellos, me sorprendía de haber aguantado.

-Por las características de su deporte, se diría que está muy acostumbrada a la instrospección. Tengo un mundo interior muy vivo. Al abordar el libro, nos fijamos mucho en la biografía de Andre Agassi. Me gustó mucho cómo está escrita, parece una novela. Si quitas a Agassi y pones a un personaje ficticio se aguanta, y mi libro es un poco así. Él explica que tiene muchas conversaciones internas, sobre todo antes de competir. Y yo lo mismo: «Venga, Ona, que tú puedes». Y cosas así me las digo constantemente. Al final todos tenemos nuestra vida interior y reflejo estos diálogos en el libro.

-¿Se reconoce al repasar el texto? Me reconozco totalmente. La gente que lo ha leído me dice: 'osti, es que eres muy tú'. Las palabras, la forma en que está escrito, cómo explico las cosas. No hay nada de ficción, no hay nada inventado. Es transparente.

-No es un libro de medallas. No. Ni de los éxitos conseguidos, ni de fórmulas secretas para conseguirlos. Es un libro de experiencias, de vivencias, de aprendizaje personal, de los valores que me ha dado el deporte, de cómo he pasado de ser niña a ser una mujer, cómo me he ido formando, y cómo he vivido este deporte profesional, que es muy duro y que a veces pensé en abandonar, y cómo lo he compaginado con mi vida personal, y cómo esta puede afectar al rendimiento deportivo.

-¿Cuánto tardó en escribirlo? Unos 8 o 9 meses.

-Muy rápido. Es que yo soy muy obsesiva. Y muy exigente. Todo este año me he quedado hasta las tantas de la noche. Y los fines de semana. A veces soy demasiada exigente conmigo misma. A veces me paso.

-¿Y contar todos los malos momentos le ha servido de liberación? A mi me ha ido bien. No había intención terapéutica, pero seguro que me ha ayudado, primero al recordar cosas olvidadas y afrontar momentos de nuevo que en su día me costaron mucho superar, como perderme los Juegos de Pekín.

-Explica que apenas quiso ver nada de esos Juegos y cuando se puso ante la TV lloró sin parar. Sí. Y explico también la euforia que se siente al ganar algo. Es una buena oportunidad para contar que no todo son medallas y al final el que te llena y lo que te hace sentirte viva es el camino. El camino es muy importante, sobre todo para una niña de 14 años que entra en la selección y se interna en un centro como el CAR sin la familia, sin los amigos, viviendo una vida diferente.

-En el libro no se pasan cuentas con nadie. Tampoco con Anna Tarrés, pese a que se explican situaciones impactantes. Es obvio que Anna ha formado parte durante muchos años de mi vida deportiva. Pero es mi visión. Desde el principio tenía claro que quería un libro sincero y Anna debía formar parte de este relato.

[En 'Tres minutos, cuarenta segundos' se explica, por ejemplo, que Ona se ataba por las noches con latex las piernas para juntar más las rodillas («parece que lleves un jamón bajo las piernas», le decía Tarrés. «Tienes pies que parecen pistas de aeropuerto». Y por ello se pasa, traumatizada, horas y horas estirando los empeines. Y cómo las obligó a tomar varios días seguidos rayos uva, lo que le dañó seriamente la piel].

-¿Qué tipo de entrenadora sería Ona Carbonell? Comunicadora, trabajadora, pasional, positiva e intentaría separar la parte deportiva de la personal.

-En el libro se expone la rivalidad feroz con sus propias compañeras. Y luego, cuando gana, se tiene que contener para no generar envidia. Es verdad que me daba vergüenza celebrar los triunfos. Por respeto a las compañeras y por miedo a generar envidias. Durante muchos años, yo era muy seria, muy de bajar la cabeza, de intentar no sobresalir. Era más insegura. El deporte me ha dado tablas, me ha hecho crecer.

-Que su deporte dependa de la opinión de los demás, quizá no ayuda a una niña a adquirir seguridad. Para mi es la parte más bonita y más dura de la sincronizada. Si no hubiera jueces no sería un deporte subjetivo y no tendría esta parte artística que a mi me emociona. Yo soy muy mala en todos los deportes, soy muy patosa fuera del agua, pero lo que me enamoró de la sincro es poder bailar al son de una música, poder innovar, crear movimientos distintos, que con una mirada, con una expresión, con el gesto de una mano, puedes lograr que te den una décima más; esto es precioso. La parte amarga es que es subjetivo y a veces va a favor tuyo y a veces no.

Ona Carbonell

NADADORA DE SINCRONIZADa

Generalmente los límites del dolor siempre están más lejos de lo que uno piensa o siente"

-Se dice que el fútbol siempre da revancha; su deporte, no tanto. Es otra parte amarga, pero a la vez bonita. Antes de salir a la piscina en Londres-2012 durante 3.40 minutos [de ahí el título del libro] lo que se siente por dentro antes de competir, jugando lo que te juegas en unos Juegos, con todo lo que has invertido… Eso en sí también es chulo. Te preparas durante cuatro años (ocho en mi caso) física y mentalmente para poder afrontar estas situaciones de nervios y de presión.

-Y a menudo toca competir con dolor, mucho dolor. Supongo que todo se entrena, tanto la cabeza como el cuerpo. Generalmente los límites siempre están más lejos de lo que uno siente o piensa. Es la dureza del deporte.

-Y no es una vida laboral larga. A la vez es más intensa. A veces hay quien me dice: 'no puedes estudiar'. Y yo contesto: 'estudiar puedo hacerlo a los 60 años'. Me siento muy afortunada de trabajar en lo que me gusta. Yo no lo cambiaría por nada del mundo.

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