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Mengual y Carbonell cuadran el círculo

El dúo, separado por 13 años, ultima su preparación para asaltar el soñado podio olímpico

JOAN CARLES ARMENGOL / SANT CUGAT

Ona Carbonell y Gemma Mengual, la pareja de la sincro española.

Ona Carbonell y Gemma Mengual, la pareja de la sincro española. / JOAN CORTADELLAS

Es más, mucho más, lo que las une que lo que las separa. De hecho, solo las separan 13 años. Es la distancia entre los esplendorosos 39 de Gemma Mengual (casada, dos hijos y un largo paréntesis de cuatro años sin competir) y los jóvenes pero maduros 26, acabados de cumplir, de Ona Carbonell (soltera, con pareja y nueva líder de la sincronizada española). Todo los demás son coincidencias, complicidades, empatía. Forman la pareja que competirá en dúo en los Juegos de Río (la única modalidad que logró clasificarse, por el fracaso del equipo en el preolímpico) y han entrado en los dos últimos meses de preparación repletas de ilusión y sobradas de motivación. En sus sueños se han visto subiendo de nuevo al podio.

La inusual pareja quedó configurada después del Mundial de Kazán (Rusia) del 2015, cuando la directora técnica, Ana Montero, tuvo otra visión onírica. "Me dijo que había tenido una visión y que me veía con Ona en el podio olímpico", explica entre risas Mengual, que entonces había regresado de su retiro para competir con Pau Ribes en el nuevo dúo mixto. Lo que vio Ana le gustó, y Gemma le pidió cinco días para responder. Fue un sí rotundo, ilusionado. "Me atreví a regresar a pesar del respeto que tenía por volver a pasar por todo lo que comporta este deporte, que es bastante duro. No podía comenzar como si lo hubiera dejado el día anterior. Tenía 38 años, dos hijos... Tenía miedo de no llegar al nivel que tengo ahora, o de que mi cuerpo se rompiera".

Todos estos temores han pasado a la historia. Gemma afrontará sus cuartos, y últimos, Juegos con el depósito a tope y la ambición intacta, dispuesta junto a su joven compañera a subir los peldaños necesarios para regresar al podio, que ella ya pisó, con dos platas, en Pekín 2008, y Ona lo hizo, con una plata y un bronce, en Londres 2012. "Hay días que llego al entrenamiento y le digo a todo el equipo que he soñado con una medalla, o envío un WhatsApp al grupo que tenemos contándoles que me sale la motivación por las orejas. Es bueno que nos veamos en el podio, porque si crees que algo es posible, entonces es más fácil conseguirlo", asegura la mayor del dúo.

Ona tampoco anda corta de expectativas, mientras se afana con todo el equipo técnico en ultimar la música y las coreografías, aumentar la dificultad del ejercicio técnico o incorporar más interpretación, sentimiento y velocidad en la rutina libre. Todo con tal de acercarse a Rusia y poner en dificultades a ChinaUcrania Japón, los países que ahora aparecen por encima de la sincro española. "Será difícil, pero creemos que tenemos que dar un paso adelante, y por eso los ejercicios serán innovadores y atrevidos; queremos hacer algo diferente".

La más joven de la pareja no para de elogiar la actitud de la más veterana, con quien se siente muy cómoda. "Es admirable el esfuerzo que está poniendo y que aceptara este reto después de tantos años retirada. Estoy muy contenta porque es como cerrar tres ciclos: Gemma-Andrea [Fuentes], Andrea-Ona y, ahora, Gemma-Ona". La fuerza del destino: "Si ha pasado así, es porque tenía que pasar".

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