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Armstrong: "Todo fue una gran mentira que repetí demasiadas veces"

El ciclista tejano confiesa por primera vez públicamente que se dopó en sus siete victorias consecutivas en el Tour

Sin disculpas directas, la esperada entrevista con Winfrey deja insatisfechos a afectados por sus años de negaciones

IDOYA NOAIN / Nueva York

"¿Tomó alguna vez sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento cilista?" "Sí". 
"¿Fue una de esas sustancias prohibidas EPO?" "Sí".
"¿Usó alguna vez transfusiones de sangre para mejorar su rendimiento?" "Sí".
"¿Usó alguna vez otras sustancias prohibidas como testosterona, cortisona u hormonas de crecimiento?" "Sí".
"¿En todas sus siete victorias del Tour de Francia tomó sustancias prohibidas o se dopó la sangre?" "Sí".
"¿En su opinión era humanamente posible ganar sin doparse siete Tours consecutivos?" "No en mi opinión".

Estas seis preguntas planteadas por Oprah Winfrey y las seis respuestas dadas por Lance Armstrong pasarán a la historia del deporte, 51 segundos que incluyen la primera confesión pública de dopaje del ciclista tejano de 41 años, un héroe caído ya despojado desde el pasado otoño de sus siete títulos en la ronda francesa tras un demoledor informe de la agencia antidopaje de Estados Unidos (USADA) y desde este jueves también de su medalla olímpica. Su carrera triunfal, heroica sobre todo para un superviviente de cáncer de testículos y en uno de los deportes más exigentes que existen, fue, como admitió él mismo, "una gran mentira" que repitió "demasiadas veces".

"Demasiado tarde"

La histórica confesión, que Armstrong reconoció que llega "demasiado tarde", abrió la esperada entrevista grabada el lunes y cuya primera parte se emitió este jueves, un acontecimiento televisivo, deportivo y social mundial donde el héroe caído contestó a muchos interrogantes pero en muchos casos con respuestas que muchos aún consideran insuficientes, inconsistentes e, incluso, falsas.

Sí hubo apuntes a cómo logró evitar ser descubierto durante años, pese a seguir una dieta de dopaje que, según él mismo, incluía "solo EPO --no mucho--, transfusiones y testosterona" y que se hizo tan rutinaria que la comparó con "decir que tenemos que poner aire en las ruedas o agua en las botellas". Explicó, por ejemplo, que en su momento estelar las pruebas de dopaje eran más suaves y eran muy escasas las que se hacían entre competiciones. "Era todo cuestión de 'scheduling'", reconoció, refiriéndose a un plan que permitía aparecer limpio en las pruebas en las carreras. En ese contexto se refirió a los avances en los controles oficiales que se han implementado en el ciclismo en años más recientes, como las incrementadas pruebas entre carreras y el pasaporte biológico, que la Unión Ciclista Internacional creó en el 2008 y que con datos de sangre y orina de los ciclistas permite crear una identificación donde es casi imposible no detectar alteraciones sospechosas.

Persona "con fallos"

Precisamente esas técnicas no establecidas aún en su época de gloria en el Tour fueron las que hacen pensar a Armstrong, según reconoció ayer, que podría no haber sido descubierto nunca si no hubiera regresado, aunque en la entrevista se mostró "realmente enfadado" porque el informe de USADA le acusara de haberse dopado en su retorno al Tour en el 2009 y en su última participación en el 2010. "La última vez que crucé la línea, esa línea, fue en el 2005", aseguró.

Armstrong se confesó una persona "con fallos", se definió también como un 'bully' (un macarra acosador), "arrogante y retador", y asumió que no se sintió mal por doparse ni pensó que estuviera haciendo trampas. "Miré en el diccionario la definición de hacer trampas y es sacar ventaja a un rival o enemigo --dijo en un momento de la entrevista--. Yo no lo veía así, lo veía como un terreno de juego igualado". "Yo no inventé la cultura del dopaje, pero no hice nada para detenerla y ahora el deporte lo está pagando", apuntó en otro momento.

El ciclista, que espera poder reducir la sanción de por vida que le han impuesto las autoridades deportivas para participar en acontecimientos deportivos sancionados de triatlón, se esforzó por negar la descripción del programa de dopaje que hizo la USADA, que en su informe del año pasado lo definió como "el más sofisticado de la historia de todos los deportes". "Era inteligente y profesional, pero también conservador y huía de los riesgos", aseguró el ciclista, que evitó describirse también como líder de ese programa, asumiendo solo que era el líder del equipo y como tal "lideraba con el ejemplo".

Segunda entrega

Negó haber presionado a compañeros de equipo a doparse bajo amenaza de expulsarles del equipo de no hacerlo. Negó también haber sido responsable de no dar un lugar en su equipo a su excompañero Floyd Landis cuando intentó regresar tras una sanción por dopaje. Y desmintió acusaciones que hicieron Landis y Tyler Hamilton de que dio un positivo en el Tour de Suiza en el 2001 y conspiró con autoridades de la Unión Ciclista Internacional para encubrirlo. "Esa historia no es verdad", dijo un hombre que, en un par de ocasiones en la entrevista, reconoció: "No soy la persona más creíble en este momento".

Lo que no llegó de un Armstrong visiblemente nervioso e incómodo fue lo que esperaban muchos: una disculpa pública sincera y sin matices, sobre todo a la gente a la que durante casi 15 años ha vilipendiado, perseguido y dañado con sus negaciones. Minutos después de que acabara la emisión de la entrevista le contestaba airada en CNN, por ejemplo, Betsy Andreu, la esposa de uno de sus compañeros de equipo que denunció haberle escuchado ya en 1996 en un hospital una admisión de dopaje, un extremo al que el ciclista se negó a contestar dos veces a Oprah Winfrey.

Queda una segunda parte de la entrevista grabada que se emite esta noche (madrugada en España) y el avance presentado anoche permite avanzar que tocará una vena más personal.

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