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AVENTURERO Y PRIMER ESPAÑOL EN COMPLETAR LA TRAVESÍA AL POLO SUR

Albert Bosch: «Me quedé solo a 1.150 km y pensé: 'Bueno, ya iré tirando'»

DAVID TORRAS
BARCELONA

Es absurdo intentar explicar algo que escapa a la imaginación. Así que es inútil meterse en la piel de un tipo como Albert Bosch (Sant Joan de les Abadesses, 1966), al que le da lo mismo irse el Dakar que subir el Everest, correr el Maraton de Sables o la Titan Desert. En el desafío constante en que ha convertido la vida, su voz llega desde el polo Sur, a las pocas horas de haberlo alcanzado después de una travesía de 67 días y de 1.200 kilómetros arrastrando un trineo de 95 kilos sin ningún tipo de asistencia externa a temperaturas de hasta 45 grados bajo cero. Es el primer español que lo consigue. ¿Verdad que es absurdo siquiera intentar imaginarlo? Mientras conversaba con EL PERIÓDICO, feliz y divertido, Bosch esperaba un avión para volver a casa con una ilusión en la cabeza: «Un plat de carn d'olla».

-Ha llegado solo, pero salió junto con Carles Gel, que tuvo que abandonar. A los dos días de espera para evacuarle, se añadió una tempestad que le tuvo 13 días parado y aún así decidió seguir adelante.

-En los cuatro días que Carles y yo estuvimos juntos, hicimos 31 km. Cuando no pudo seguir, me quedaban 1.150 kilómetros y pensé: 'Si entre los dos solo hemos hecho esto, yo solo no llegaré nunca lo tengo muy mal, es imposible'. Pero al final dije: 'Bueno, ya iré tirando'. Se trata de coger objetivos pequeños, confiar en tus capacidades y tener muy claro el porqué lo haces y las motivaciones porque es lo que te hace comprometer y lo que te da fuerza. Si no, no avanzas.

-¿Y cuáles son los por qués?

-Sobre todo me gusta buscar retos que sean una superación, que me permitan conocer mis capacidades, descubrir los propios límites físicos y mentales. Y así como hay gente que utiliza la religión o la meditación, yo busco en estas experiencias un camino de trabajo interior para crecer personalmente, para evolucionar, para conectar con la conciencia, para amar más, para expandir el tiempo, para intentar trascender el ego, para trabajar la coherencia...

-Pues ha buscado un camino muy largo, muy difícil y muy frío.

-Si, sí (risas). Físicamente es muy duro, pero mentalmente es mucho más exigente. Es un tópico, pero en este caso es llevado al extremo y mira que he hecho cosas. Globalmente es lo más duro, tanto por la preparación como por la ejecución. Si yo quiero escalar un 8.000, en Catalunya hay 50 tíos que pueden ayudarme en lo que sea y pueden acompañarme. Quiero hacer esto y no encuentro ninguno. No hay experiencia. Un 8.000 tiene más riesgo pero aquí la disciplina mental es brutal.

-¿Qué es lo más duro?

-Todo es duro. Montar y desmontar cada día la tienda pensando que solo que le hagas una pequeña rotura, se acabó todo. Y arrastrar el trineo con los esquís sobre un terreno que no deja de subir porque el polo está a 2.835 metros. Estimando dos pasos por metro, habré hecho unos 2.300.000 pasos. Y los últimos dos días, he ido más deprisa porque quería coger este avión y no tener que esperar al siguiente, y solo he dormido tres horas. Pero he llegado.

-Entiende que haya mucha gente que piense que está pirado...

-En broma podría decir que la ventaja de estar loco es que cuando haces una cosa como esta no enloqueces porque ya lo estás. No, en serio, una vez un amigo mío, me llamó para felicitarme porque volvía al Dakar después de tres años de no ir porque había tenido un hijo y yo le dije: 'Hostia estoy loco de volver al Dakar con la familia, el trabajo, no sé que estoy haciendo'. Hablamos y colgó. Y al cabo de cinco minutos me llamó y me dijo: 'No, Albert, si es tu ilusión no estás loco. Los que están locos son los que tienen ilusiones y las podrían hacer y no las hacen'. Así que estar loco en este sentido ya me gusta.

-Además de ver a la familia, ¿qué es de lo que más ganas tiene?

-De comer como un cosaco. Me encanta y llevo 66 días con comida liofilizada. Una de las cosas con las que me he entretenido ha sido repasando todos los restaurantes que he estado en mi vida y después pensar en los que voy a ir este año con mi mujer, en lo que pediré, lo que comeré.

-El fin de año sí lo celebró.

-Sí, colgué del techo de la tienda la tapa de la olla de cocinar, y con un palo de repuesto de la tienda yo mismo piqué las campanadas una a una mientras me comía las uvas. Bueno, en realidad, en vez de uvas, fueron 12 avellanas tostadas, y eso que busqué uvas por todas partes, pero la cosecha de uva en la Antártida no ha sido demasiado buena este año.

-Y cada día ha escrito una crónica en su blog. ¿Cómo tenía ánimos?

-Es que lo hacía en un momento porque lo tenía todo en la cabeza. Tenía muchas horas para pensar y me encanta escribir.

-El fútbol no le interesa.

-Quizá es un poco fantasma pero a mí me gusta ser jugador y no espectador. Como Guardiola no me deja jugar, para mirar como juegan los otros, no me interesa, no me llena.

-¿Y qué le dice el color blanco?

-No es para criticar al Madrid, pero me he chupado blanco por un tubo. Así que si veo a alguien vestido de blanco, lo fulmino.