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mirador

Vivir rodeado de seres superiores

Emilio Pérez de Rozas

Jorge, lo siento, pero este sapo, enorme, verde, de piel rugosa y dura, campeonísimo, altivo, chulesco, listo como pocos, hábil como ninguno, más follonero que Jordi Èvole, te lo comes tú, con patatas, con agua mineral sin gas, con gaseosa o con Red Bull, me da igual. Es cosa tuya.

Y Valdano, que para eso cobra una pasta descarada, desproporcionada vistos los éxitos que ha cosechado últimamente el Real Madrid, convoca a 210 periodistas de todo el mundo, se coloca delante de 40 cámaras de televisión, 65 digitales de alta definición y cinco puñados de micrófonos y, encorbatado como siempre, va y empieza a descuartizar el sapo y a comérselo allí, delante de millones de telespectadores, entre ellos el propio Florentino Pérez, que presenció semejante comilona en su despacho de la planta noble ante una pantalla de plasma de 72 pulgadas.

Porque me olvidaba decir que el ser superior declinó la invitación de asistir a la presentación del hombre que le va a sacar de tanta miseria, de semejante lodazal. Hay quien cree que, como José Mourinho se negó a que lo presentasen en plan galáctico, en plan CR9, en plan Kaká, en plan Benzema, en pleno Bernabéu, con miles de merengues coreando su nombre mientras Alfredo di Stéfano zarandeaba su bastón en plan batuta desafinada, Florentino prefirió quedarse en su refugio dorado y ver como su director general (a Miguel Pardeza, director deportivo, ni siquiera le obligó a comerse una patita del sapo, y eso que tiene mucha responsabilidad en el último 0 de 3 de la casa blanca) ingería, junto a toneladas de Almax, tres enormes anfibios: uno, presentar al entrenador que nunca quiso; dos, hacerle la corte al técnico que despreció cuando ejercía de periodista en Marca; y tres, reconocer públicamente que no comparte ideario futbolístico con Mou pero que, por encima de su cargo, ideas y, posiblemente, sueldo, están las urgencias del club.

Mourinho, a su lado, saboreaba la venganza, mordiéndose los labios para no sonreír. Florentino, desde arriba (como corresponde a todo ser superior), manejaba los hilos de la ceremonia. Y el club más galardonado de siempre prestaba sus instalaciones para una de las mayores pantomimas de la historia.

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