Samuel Sánchez remata un descenso escalofriante

El asturiano demuestra en la Vuelta que es el número uno bajando

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SERGI LÓPEZ-EGEA / GRANADA

"Que no reviente la rueda, que me mato". "¡Vamos, a tope!". Samuel Sánchez gritaba a Triqui Beltrán, hablaba consigo mismo, renegaba porque no le funcionaba el cuentakilómetros y no sabía a qué velocidad iba. Mejor así. Escalofriante. Pelos de punta. Ni frenaba, ni miraba hacia atrás, inclinaba el cuerpo sobre el manillar en el descenso desde el alto de Monachil y ganaba de forma espectacular en la meta de Granada. En ese mismo descenso, Alejandro Valverde perdió la Vuelta hace un año: Alexandre Vinokurov --qué tremenda decepción su positivo en el Tour-- noqueó al murciano.

Samu es un tipo especial. Es el número uno del mundo cuando hay un descenso, pero no le gusta el Tour. Lo corrió dos veces y abandonó. Su carrera es la Vuelta y su especialidad, las bajadas. "Vengo a París para apoyar a mi equipo. Pero yo no corro el Tour", decía hace un año el asturiano del Euskaltel, en la víspera de la presentación de la ronda francesa del 2007, paseando por los Campos Elíseos. Solo le falta un poco más de chispa como escalador para creerse que puede ganar una Vuelta que Denis Menchov controla a la perfección. Monachil, puerto durísimo, parque natural de Sierra Nevada, la joya de los cicloturistas granadinos, fue el terreno que Samu aprovechó para atacar, mientras el ruso neutralizaba los demarrajes del inconformista de Carlos Sastre.

LA FUERZA DEL VIENTO

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Ni movía los pedales. Gratificante imagen en Sierra Nevada. Triqui Beltrán, en solitario, tras coronar Monachil, buscaba una victoria de etapa para rejuvenecer. Damiano Cunego, agotado, intentaba hallar la velocidad apropiada para capturar al jienense. Por detrás llegó Samu. La inercia y la colocación aerodinámica lo impulsaban. El italiano solo sintió la fuerza del viento cuando lo dobló el asturiano.

Y en eso, a 90 kilómetros por hora, el diente de tiburón tigre de Cuba, un amuleto que cuelga en su cuello con un crucifijo, se le desenganchó. "Me lo regaló mi cuñado hace cuatro años y entonces empecé a lograr victorias". Sánchez lo cogió al aire de Sierra Nevada y evitó que cayera cerca del barranco donde mataron a García Lorca. Se lo dio al motorista de la cámara de televisión que captaba su imagen, una mezcla de seguridad y estremecimiento. Cuando capturó a Beltrán ya supo que se llevaba la etapa al esprint. Se lo dijo Triqui: "Tranquilo, que me ganas". Hoy, descanso. El martes la Vuelta navega hacia La Mancha.