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El águila de Lisboa

Gorka Iraizoz se convirtió anoche en el héroe del equipo blanquiazul con sus intervenciones y la alianza de los postes

R. P. / LISBOA

Los espectadores del estadio La Luz estuvieron pendientes del espectacular vuelo de Victoria, una águila real canadiense de cinco años que adiestra el gaditano Juan Bernabé. La tradición dice que el Benfica gana al rival si Victoria, que vuela desde el punto más alto de la instalación, hace tres o más vueltas. Ayer Victoria hizo dos vueltas... y media. Le costó realizar la tercera. Le forzó su adiestrador. El Benfica quiso creer que era un buen inicio. Pero los 800 seguidores blanquiazules lo tomaron como un buen augurio. El águila de Lisboa fue un perico, Gorka Iraizoz.

El Espanyol iba a dar guerra a pesar de las prepotentes declaraciones de Fernando Santos, el técnico local, que había afirmado que el Espanyol no tendría ninguna oportunidad de pasar a las semifinales. "El Benfica manda en La Luz", proclamó. Anoche el único que mandó fue Gorka Iraizoz (Pamplona, 1981), el portero del Espanyol que solo es titular en la UEFA y que anoche se doctoró. Hubiera preferido pasar más desapercibido. "Cuando paras mucho quiere decir que el rival domina. Es mejor pasar una noche tranquila", aseguró después.

Santos también había comentado que el primer objetivo era marcar un gol en la primera media hora. El peso del Benfica, su grandísimo historial en Europa, no impresionó a los blanquiazules, a un club que ayer cumplía su partido número 50 en Europa, a una plantilla que está muy ilusionada con su papel en esta UEFA. La orden de Valverde era jugar como siempre, que el equipo no se encerrara, que no saliera impresionado por el escenario.

Y sucedió que el Espanyol salió conectado, muy serio. Desde Iraizoz, el héroe de La Luz, que hizo un partido completo hasta el brasileño Jonatas, que salió al final e hizo mucho daño a la defensa local. Nuno Gomes no durmió anoche pensando cómo el guardameta sacó la mano cuando disparó a tres metros de la línea de gol (m. 65). Gorka se convirtió en el arma del Espanyol, en la clave de la clasificación para las semis.

Iraizoz certificó el excelente estado de forma de un portero que solo juega en Europa y calienta banquillo en la Liga y no rechista por su situación: solo entrena y aprieta a Kameni. Día a día. A Iraizoz, el portero más perseguido por los clubs vascos de Primera, le lloverán aún más ofertas de las que ya tiene sobre la mesa.

Serio, concentrado, atento a cualquier fallo de sus compañeros, confiado en su trabajo en los entrenamientos, el navarro realizó intervenciones para todos los gustos. Por arriba, por abajo, en un formidable uno contra uno ante Miccoli, en el decisivo paradón --"una parada estratosférica", según Chica-- del partido ante Gomes. Soberbio. Hasta le sonrió la suerte. El palo derecho de su portería se convirtió en un aliado por dos veces, en su mejor amigo, cuando el Benfica estaba comiendo al Espanyol en la segunda parte. Iraizoz solo sonrió al final mientras veía como Tommy Nkono se acercaba para abrazarle. El profesor se rendía ante un excelente portero vasco.